10 de abril de 2012

SEMBLANZA DE UN IMAGINERO, CONTADA POR EL MISMO. D. RICARDO RIVERA MARTINEZ


Enterándome casi de casualidad y creo que con esa misma publicidad, tuvo lugar en Marbella un acontecimiento digno de recordar que me gustaría compartir con vosotros, aprovechando la invitación de nuestro amigo, Arturo Reque.

D. Ricardo Rivera Martínez, estuvo con nosotros en una noche de viernes del mes de marzo, acompañado por una suave temperatura ambiental y un calor humano, que han hecho y hacen famosa a esta bendita tierra nuestra de Marbella.

Después de una breve presentación del Hermano Mayor de la Cofradía organizadora del acto, popularmente conocida como “Cofradía del Nazareno”, D. José Juan Abrines, toma la palabra D. Ricardo Rivera. Y sin saber muy bien que esperaba escuchar, o sobre que iba dicha conferencia, coloquio o charla, D. Ricardo nos dio cuenta de su vida, desde casi su más tierna infancia (o de lo que ella recordaba) y con una charla llena de pasión y desde lo más profundo de su corazón, nos relató su primer contacto con el barro, siendo aun un niño. Hecho que le llevo a concentrar su energía en esta materia, que en tiempos tan aciagos, no era ni difícil, ni cara de encontrar.

Los resortes, que crean la chispa que te dan impulso o te ayuda a encausarte por distintos caminos, son a veces tan curiosos como simples. Y en este caso, un pareja de desconocidos viéndolo jugar con dicho barro, comentó la usual frase de “este niño es un artista”, y eso mismo a D. Ricardo, le guió y orientó hacia esa misma meta, la de querer ser “artista”. Eso supuso un comienzo y una meta que empezaría a plantearse.

Después de una andadura en un taller de imprenta, por fin, y debido a su pertinaz obsesión se acerca al taller de escultura, por entonces del afamado escultor, D. Castillo Lastrucci, con importantes obras de imágenes titulares, tanto en Málaga como en Sevilla. Pero debido a que no puede permanecer en dicho taller, le recomienda para que fuera al taller de D. Francisco Ruiz Rodríguez, donde empezó a demostrar todo el arte que llevaba dentro, quitando a su madre de trabajar, como era su intención.

Después de ser reconocido en su labor y llegando a encargado del taller, por esas misteriosas vueltas que da la vida, entra en un grupo como cantante, donde al cabo de un tiempo, le recomiendan que se vaya de Sevilla a Madrid, donde tendría el éxito asegurado. Marchándose a Madrid en 1957.

Pero como al final, la pasión le puede y su verdadera vocación manda en él, en 1973 vuelve a Sevilla, para hacerse “escultor” como el se gusta de nombrar, y empieza una obra que va desde algunos titulares de Cofradías, hasta la talla de cartelas, y pequeñas imágenes, tanto para algunas Cofradías, como para particulares, restauraciones y labores propias de su oficio. Algunos sin sabores, como muchas alegrías, propias de cualquier labor, y que lleva con esa paz y esa pasión que se le reconoce como “artista”

Reconoce y se hace seguidor del universal San Roqueño, D. Luís Ortega Brú, imaginero de desbordada pasión, temperamental y barroco en su obra. Una obra llena de fuerza y movimiento, donde quizás se atisbe algo de esa devoción, en el Cristo Yacente de la Cofradía del Nazareno, tallado por el conferenciante D. Ricardo Rivera. 

Cristo Yacente, de encarnadura de piel blanquecina y cerúlea, con una crispación controlada, producida por el “rigor-mortis” que representa la propia escultura; de una anatomía excelente y de una fuerza, llena de pasión y dolor. Una imagen menuda y tensa, una talla que lleva a su contemplación abstraída; una obra que donde mejor se puede contemplar es, en su bella casa hermandad, en pleno centro de la ciudad. Una talla artísticamente hablando de una calidad exquisita, un salto que rompió cánones en nuestra ciudad en su día, y un punto donde al parecer, será difícil de volver a llegar, debido en parte, a la copia de imágenes seriadas o de escasa calidad artística, con algunas excepciones.

D. Ricardo, no solo nos dejo su saber y su clase, su maestría y su arte, nos dejó a un Titular, que quitando sentimentalismos o devociones, y hablando en el estricto sentido del arte como tal, nos da a esta tierra la oportunidad de disfrutar de su Cristo Yacente, que es patrimonio cultural de su Cofradía y de esta misma Ciudad.

Un patrimonio, que la Cofradía ha sabido cuidar y mimar, mimando también a su creador y dándole un reconocido homenaje en vida, que es cuando hay que hacer los mismos.

Gracias, D. Ricardo por venir a esta, su Ciudad y por hacernos disfrutar de su persona entre nosotros.

Francisco Torrisco Aguilar

1 comentario:

Reque+Gallego Arquitectos dijo...

Gracias por esta aportación a nuestra Tertulia en Marbella. Es evidente que no podemos asistir a todas las actividades que se realizan en el municipio así que contar con vuestra ayuda es una bonita manera de compartir experiencias, emociones y conocimiento. El Arte y la Cultura debe ser popular y llegar a todos.

Muchas gracias Francisco. Te dejamos las puertas abiertas para entrar cuando quieras. Un abrazo.

Arturo Reque.