8 de abril de 2013

CRUZ DE JUANAR. VERANO 1958


 
Cuando llegamos a la cita, Mamelete ya nos estaba esperando. Ya no cabía marcha atrás ni excusas que dar. Ni el sofocante calor que haría, ni la angustiosa sed que nos esperaba, ni el sudor que nos incomodaría, ni el madrugón que se nos impuso para iniciar la ascensión con la fresca y así poder volver al baile del Casino por la tarde, después de darnos un baño en la playa y tomar unas cervezas y un aperitivo de gambas en el Miramar, mientras contábamos la aventura con las exageraciones de rigor a las niñas de la padilla.

    
Ninguno de los cuatro habíamos estado anteriormente en la sierra. Admiramos la majestuosidad de La Concha, el humilde Lastonar y el pico de Juanar en el que se había levantado años atrás, una cruz de hierro en cumplimiento de una promesa hecha por pescadores con ocasión de un naufragio del que salieron con vida. Era una tradición en la ciudad subir a verla cada primero de mayo. Los que lo hacían hablaban del maravilloso espectáculo que se dominaba desde lo alto. África y el peñón de Gibraltar en el horizonte; la linea de la costa desde el faro de Calaburras hasta la Linea de la Concepción; cerros y montes que se perdían en la agreste cara norte. Se comentaba que era tanta la devoción por la cruz que además de encender a su pie una vela y rezar una oración, se dieron casos de devotos marengos que hacían la ascensión con los pies descalzos.

El guarda de la sierra había comentado a Mamelete que la cruz se encontraba caída y que al parecer no contaba con la ayuda necesaria para volver a levantarla. Sabía de lo complicado que resultaría hacerlo.
No tardó demasiado en encontrar la solución. En el Casino se cerró el trato. Acompañaríamos a Manuel Lima (Mamelete): Rafael Cantalejos, Paco Valderrama, Alfredo Palma y Arturo Reque. Entre los cinco conseguimos levantar la pesada cruz y calzarla como buenamente pudimos. Hoy día se encuentra segura y sin peligro de volver a derrumbarse.
     De las muchas veces que he subido a la sierra por diversas rutas, continúo guardando estas viejas fotografías como oro en paño en recuerdo de aquella primera ascensión. Mamelete y Paco nos dejaron; Rafael ingresó en la ordendominica. Alfredo Palma y yo continuamos en la brecha.


Arturo Reque Cereijo

7 comentarios:

ENRIQUE SANCHEZ GONZALEZ dijo...

Vaya suegro más cojonudo, enrique sánchez

Reque+Gallego Arquitectos dijo...

Historias varias veces escuchadas que se agradece hacer extensivas a los demás. Anécdotas que no se olvidan, amigos de juventud, momentos compartidos sacados del baúl de los recuerdos.

Gracias. ¿Cuál es la próxima?

Arturo

Anónimo dijo...

Unos presumen de suegro y otros de padre. Conclusión: orgullo familiar y a mucha honra. Esperamos la siguiente entrega...
Ana P.

Pedro Lima dijo...

Hola. Soy el hijo de Juan Manuel Lima (mamelete). Sólo quería darte las gracias por el recuerdo a mi padre, que nos dejo en el año 1979.

Un saludo, Pedro Pablo Lima

Fernando del Campo Ruiz dijo...

Hola Arturo. Soy Nano del Campo. Me ha encantado tu historia y te doy las gracias por haberla contado. No se si te acuerdas de cuando subimos Mamelete, tú, yo (y creo que alguien más)a La Concha, poco tiempo después.

Un abrazo, Nano

Anónimo dijo...

Hola Nano.!Que sorpresa saber que viste mi pequeño reportaje. Recuerdo perfectamente cuando volvimos a subir a la Concha por los sitios mas complcados. Estuvimos a la entrada de unas viejas galerias llenas de murcielagos y acabamos medio muertos el Barranco del lobo. Fue una pequeña aventura que como las cosas de la juventud, no se olvidan nunca. Me enamorè de Marbella y aqui me quede y de aqui saldre para el ultimo viaje cuando llegue. Me alegra haberte vuelto a encontrar epistolarmente.
Un abrazo.
Arturo
abrazo.

Iara dijo...

Que bonito!