6 de noviembre de 2013

DOBLE GENTILICIO

(Artículo publicado en el periódico Tribuna Express el 31 de octubre de 2013)                       
Siempre he pensado que en el desarrollo personal cuenta más todo lo que suma que aquello que restamos. Las aportaciones de índole diversa que vamos acumulando son signos de riqueza mientras que lo que por alguna razón no queremos asumir, acaba convertido en pérdida. Ocasiones existen en las que, incluso el desdoblamiento puede enriquecer nuestra experiencia vital.
Desde que tengo - como antes se decía- uso de razón, he aceptado como natural que el gentilicio que a los de Marbella nos correspondía era el de “marbellero”. Que su fonética sea o no atractiva es un tema distinto. Personalmente pienso que su sonido al vocalizarlo no es demasiado agradable, tal vez un poco hosco, pero no deja de ser una apreciación sin importancia. Lo cierto es que cuando lo pronunciamos o nos lo adjetiva alguien, nos reconocemos en él como lo que en realidad es: el gentilicio que nos define como tal desde el nacimiento.
En los últimos tiempos, y con añadida controversia, ha ido apareciendo lo que podemos llamar un nuevo gentilicio en boca y pluma especialmente de  escritores y periodistas. Se trata de “marbellíes”, adjetivo cuyo origen he intentado explicar más de una vez, ya que fue objeto de análisis entre los tristemente desaparecidos Fernando Alcalá, Francisco Cantos (ambos escritores de tronío), y quien escribe.
El historiador Guillen Robles, autor entre otros muchos libros de una espléndida Historia de la Málaga Musulmana, afirma en ese libro, que el término “marbellí” era el aplicado por los árabes a los oriundos de Marbella. Conocedor de ello, el periodista Víctor de la Serna en los tiempos en que veraneaba en la ciudad y desde aquí mandaba crónicas al periódico ABC, dio en llamarnos en dichas crónicas con ese apelativo, que según él le parecía más sonoro y bonito que el anterior.
Hasta aquí una simple anécdota que quedaría solo como tal de no ser por las discusiones que provoca en una parte destacada de mis paisanos. Como he sido testigo de algunas, creo que se ha tergiversado la decisión de Victor de la Serna, transformándola en un asunto de identidad.  Afirman algunos que los nacidos aquí, utilizamos el consabido “marbellero” para sentar diferencias con los llegados de fuera, a quienes denominamos con un ápice de superioridad por nuestra parte,“marbellíes”.
Nunca imaginé tal grado de susceptibilidad en algo tan simple como el nombre que debe darse a los habitantes de Marbella. Lo he escrito bien, no se confundan: habitantes de Marbella, residentes con permanencia incluida, sea cual sea el lugar donde la madre los parió, y valga la expresión como broma y no en sentido peyorativo. De una vez por toda debemos olvidar el rancio matiz que lleva acompañado el presumir de genealogía marbellera o marbellí.  Presumir de algo en lo que no hemos intervenido ni tiene más mérito que el azar, me parece de una pobreza mental de gran calibre. Otra cosa puede ser expresar la suerte que hemos tenido de ver la luz primera en esta ciudad y no en una de Noruega o Islandia, con mi excusa para ambos lugares. La calificación sería en todo caso para Marbella por ser como es, y me refiero en especial a los dones que la naturaleza le concedió y en los que para nada contaron con nosotros. Tampoco creo que debamos caer en el tópico chauvinista de creernos superiores, más bien en el hecho inteligente de sopesar todo lo que nos falta para ser la ciudad que deseamos y deberíamos ser. 

Sobre la identidad, pienso que no es necesario caer en llanto y crujir de dientes por lo perdido. ¿A qué llamamos realmente identidad? Imagino que al conjunto de factores geográficos, espirituales y de costumbres que un grupo humano posee y lo hace distinto de otro. Solemos llamarlo Cultura para abreviarlos. Créanme si les digo que la identidad de Marbella no solo no ha sufrido pérdidas, sino que ha ido ganando en el gran proceso de cambio que hemos experimentado. A nuestros ritos, costumbres, folklore, lenguaje y hábitos, hemos sumado muchos de los pertenecientes a quienes un día decidieron cambiar sus lugares y acompañarnos día tras día. Hasta en moral hemos salido ganando, y la historia social se encarga de su estudio. 
Seamos realistas además de generosos. Marbella somos todos los que la amamos y vivimos en ella. Ahora tenemos dos gentilicios en lugar  de solo uno. ¿Tiene algo eso de negativo?  ¿Alguien quiere discutir y volver a las cavernas…?.
Ana  María  Mata
Historiadora y novelista
 


5 comentarios:

Javier Lima dijo...

Sin comentarios...jajaja. Uno de Marbella que la siente, la padece y la sueña.

AMUM dijo...

Espléndido e inteligente artículo como siempre Ana.Me viene a la mente el cartel que tanto me gustó cuando fuí por primera vez a la iglesia de la Encarnación.Aqui rezaron: griegos,romanos,árabes,judios.....y un largo etc.Cada vez que voy me vuelvo a fijar y me sigue dando una imagen muy real de Marbella.Siempre amplia de miras y rica en su variada población.

JuanCris Ortiz dijo...

He llegado a conocer hasta tres gentilicios distintos para la gente de Marbella, a saber: marbellero, marbellense y marbellí.

Creo que esto se trata de un caso único en comparación con cualquier otra ciudad, y creo que también es una muestra de la falta de identidad de nuestra ciudad, y me intentaré explicar:

En Marbella no hay orgullo de ser de Marbella. La gente no tiende a identificarse con esta ciudad por muchas razones que han marcado nuestro caracter, y pongo un ejemplo que seguro que a más de uno le ha pasado.

¿Cuántas veces habéis escuchado a la gente decir durante las vacas gordas (que diría la sagrada Biblia)aquello de "no soy de Marbella pero como si lo fuera" y que luego con las vacas flacas se han ido y han echado pestes de nuestra ciudad.

Hay mucha gente así aquí, que vienen a buscarse la vida y que luego se van cuando se marea la aguja. Esa gente no puede valorar ni querer esta ciudad de igual manera que quien ha nacido aquí y tiene a sus seres queridos aquí enterrados. Ese es a quien se le llena la boca diciendo que es marbellero, y lo dice con orgullo porque lo siente de verdad.

Con esto no pretendo ser "racista" con los forasteros, pero la tierra y el pueblo lo siente y padece el que ha nacido aquí, sea de la época que sea.

JuanCris Ortiz dijo...

Por otra parte la gente de Marbella siempre ha acogido con los brazos abiertos a la gente de fuera, aunque luego salieran "malayos" y saquearan nuestra ciudad entre el clamor de palmas y olivos (eso si que es para salir de las cavernas y protestar en la calle). Quizás por eso se vuelve a escuchar de nuevo con tanta fuerza la diferencia entre marbellero y marbellí

Anónimo dijo...

Buenas a todos, una alegria la lectura por interesante y propia en cierta forma. Pero considero que de mucho nos perdemos si, para definir un orgullo y una parte de nuestra propia alma, nos remitimos a las ovejas negras que todos, seamos de donde seamos y vayamos a donde vayamos, debemos cargar como cruces.
Hablo como nacida en Marbella, por lo que de toda la vida me he considerado marbellera, pero hija alla de peruano criollo marbellizado mas aca de madrileña marbellí, y no digo esto como juego de palabras sino con la alegria de aquel hermano que explica que ese niño, mayor o menor que uno, de ojos rasgados es su hermano, adoptado por cojones, pero mas hermano que cain y abel. Por que es esta la definicion de Marbella: tierra de todos, de hermanos, algunos mejores o peores pero que mas da el apellido si cuando pasas por la calle al saludo de:¡Que hay hermano! Media calle te saluda.
Un orgullo nacer en esta tierra (que ya he cobrado bastante como boqueron y aun asi he gritaro que especificasen mejor porfavor) , por eso soy marbellera; pero mayor honor y orgullo saber que cualquier marbelli pertenece a marbella tanto o más que yo, que para algo lo hace por propia elección. Chaqueteros los hay siempre JuanCriz, pero eso no nos quita a los demas de ser lo que somos sea por suerte o eleccion.
Hay Marbella cuanto se te añoda cuando desde lejos se te llora.
Atte. Mia Nix