11 de enero de 2014

EL ANUNCIO


(Artículo publicado en el periódico Tribuna Express el 9 de enero de 2014)

Como soy mayor puedo recordar el slogan publicitario que el gobierno franquista puso en boca del por entonces ministro, Fraga Iribarne: “España es diferente”.  Poco tiempo antes el señor Fraga destacó por su heroico gesto de bañarse mostrando sus flácidas piernas en Palomares, localidad almeriense cuyas aguas –se decía- podían haberse contaminado por el contenido radiactivo de bombas termonucleares, al caer al mar restos del mismo debido al choque de dos aviones estadounidenses. Con el baño, el ministro Fraga quería demostrar que tal radiación era inexistente y apoyar el turismo en la zona mientras contentaba a los americanos. Fraga era el ministro de moda en aquel tiempo, y por eso fue el destinado también para lanzar la frasecita arriba escrita, imagino que como estímulo para los españolitos de entonces y aún más para el posible turista que decidiera visitarnos.
España es diferente. No recuerdo con precisión en qué basábamos por aquellos años las diferencias, pero mucho me temo que en cuanto a ellas no hayamos cambiado casi nada. Y ahora me refiero al célebre anuncio que una marca de embutidos ha lanzado semanas atrás cuya consigna viene a ser la misma que la proclamada por Fraga Iribarne cuando todavía el franquismo hacía levantar brazos en alto e incluso llenaba la Plaza de Oriente.
Me divierte la obsesión de querer ser distinto, tanto como me extraña, ya que si las supuestas diferencias fuesen positivas y a favor, miel sobre hojuelas; pero que hagamos bandera de ser distintos apoyándonos en nuestros defectos…no sé si llamarlo estupidez o ganas de epatar rizando el rizo.
Conocerán el anuncio de marras, y habrán visto como una serie de actores, cómicos en su mayoría nos increpan desde la pantalla televisiva, preguntándonos (y contestando también) si a pesar de nuestra economía raquítica y mal estructurada, de políticos ineficaces, del pésimo lugar que ocupamos mundialmente en educación, y de la corrupción superlativa, a pesar de ello, no preferimos vivir aquí puesto que el sol, las tapas, el horario, lo gracioso que somos, la alegría que al parecer desprendemos (¿?), la informalidad y la falta de disciplina, nos pertenecen como esencia inefable y única.
De verdad, entiendo que haya formas diversas de negar la realidad, y entre ellas puede ocupar lugar privilegiado el humor, pero personalmente el anuncio me resulta tan engañoso como vulgar. Pienso que para alguien sensato, aparece más como estallido de envidia de los éxitos de fuera, que como logro o satisfacción por nuestra parte. Me recuerda aquél triunfalismo que nos obligaban a sentir en los citados años cincuenta y sesenta, cuando lograron convencer a muchos de la rabia que Europa nos tenía por vivir tanto tiempo de paz. “Nos tienen manía…” decíamos como si fuésemos los reyes del mambo y no quienes más emigrantes mandábamos  a Holanda, Francia y Alemania.
Claro que en aquellos años el Régimen necesitaba consolidarse a fuerza de autoengaños, ya que las democracias europeas le hacían el vacío. Franco consiguió que le aplaudieran haciendo de la necesidad del dinero del turismo un espejito mágico en el que diariamente nos indujo a mirarnos y preguntarle: “¿no es cierto que vienen a España porque somos los más simpáticos, chistosos y que mejor saben vivir?” cuando en realidad venían por el sol, el calor  y lo barato de nuestros precios para sus bolsillos.
Lo malo del autoengaño, por muchas voces corales que lo defiendan, es que la caída posterior suele ser durísima y en tiempos de crisis, peor que la crisis misma.

Sinceramente, presumir de tonterías, ya sea con las voces de Los Morancos, Chiquito de la Calzada, el añoso Pajares o Chus Lampreabe en plena decadencia, es tan patético como a los de fuera debe parecerles por ejemplo los aeropuertos inservibles, (alguno con estatua del regidor incluída) el número de imputados que ostentan poder político, los problemas sanitarios o la monarquía en decadencia.
Es posible que la empresa de embutidos vea subir sus ventas con el citado anuncio. No me extrañaría. Sería una prueba más de nuestro infantilismo junto a la habitual costumbre de imitar al avestruz.

Ana  María  Mata   
Historiadora y novelista

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