6 de diciembre de 2017

EL CHIRINGUITO DE LA VERGÜENZA

En cualquier lugar costero el paseo marítimo suele ser uno de los lugares más concurridos. La visión del mar en toda su plenitud se une en el de Marbella a su espléndida vista, en los días claros, de la costa africana y de Gibraltar, factor este último que le da un toque distintivo de excelencia.
Creíamos en nuestra inocente ignorancia que la construcción desarrollada a sus pies tenía unas normas claras y precisas, siendo como es terreno de arena para bañistas y paseantes. En el nuestro, además, existen trozos desgraciadamente muy castigados por temporales reiterativos en los cuales la presencia  de arena es escasa, como ocurre en el trozo situado en la playa de la Fontanilla, a la derecha de la desembocadura del río Guadalpín .

Este trozo en concreto es el objeto de mi artículo, al situarse en él una construcción, a medias hoy, debido a un parón que creíamos definitivo, pero que se ha reanudado para nuestra sorpresa en las últimas semanas. Se trata de un chiringuito de grandes proporciones, cuya parte inferior se introduce literalmente en el mar, mientras que el resto es un gran mamotreto que impide y obstaculiza por completo la visión del resto de la costa. Lo entenderán mejor si les digo que paseando por la orilla, es imposible continuar por el lado sur, y es necesario volver al paseo marítimo y darle la vuelta al edificio.

El futuro chiringuito es hasta el momento objeto de comentarios de todo viandante que se cruce con él en una posible ruta paseística. Y no precisamente halagüeños. Los muchos adjetivos de negación se han ido resumiendo en uno solo que los abarca en su totalidad. Se le llama “la vergüenza” del paseo marítimo.
No hay, hasta el momento nadie que no contraiga sus músculos faciales en gesto de horror ante la visión de este monumento a lo antiestético que produce la impresión de una bofetada en pleno rostro en momentos que habías deseado pasear con total relajación.
Contra todo pronóstico, la licencia de obras aparece en un lado de la cubierta que lo cubre, y ante este descabellado gesto, no se si municipal o de la Junta, no me duelen prendas al expresar que muy ciegos han tenido que estar los “licenciadores” o, pensando en los modos que circulan hoy, muy llenos de algo que no es precisamente flores o caramelos.
No se entiende. Es tan absolutamente incomprensible, que, quien escribe, ha debido cambiar la ruta de su paseo por no recibir más peticiones rogativas de protesta escrita en torno al chiringuito. Si me lee alguno de los que lo conocen, me entenderá y verá que le estoy haciendo caso a su petición tan necesaria como lógica.
Una ciudad está constituida por muchas pequeñas cosas cotidianas que acaban construyendo su personalidad y su carácter. No podemos aceptar que el Consistorio permanezca al margen de estas cuestiones, cerrando los ojos a hechos como éste. Me pregunto, como mis paisanos, si esta licencia de obra da pie a que otros cuantos con idéntica falta de rigor y sensibilidad lleguen otro día a solicitar un permiso para levantar otra “vergüenza” semejante. Creo que en igualdad de condiciones, cualquier empresa podría hacerlo con la misma naturalidad, ya que la ley acabaría por darle la razón.


Quiero dejar constancia de que ese chiringuito, por el camino que lleva, llegará a ser un punto negro en nuestra dignidad, por lo menos en las de los gobernantes que lo aprobaron.  Y que sepa que nace con el nombre ya puesto: La Vergüenza.


                                                                                       
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de noviembre de 2017

GRACIAS A TODOS

Dice Adiós. Con hidalguía pero con el corazón acongojado. La Librería Mata se despide de amigos, clientes, familia y demás gente que hayan sentido su presencia como algo íntimo y a la vez público, como lugar de encuentro o rincón familiar para el descanso, al amparo de libros que hablaban desde el estante, de esmaltadas portadas diciendo desde su atalaya: leedme, no me abandonéis, tomadme en vuestras manos y llevadme con vosotros.
 Una trayectoria que empezó hace ochenta años se acaba y en el  momento del recuento final queda entre sus paredes todo el calor recibido durante este tiempo, el cariño de un pueblo entero que tantas veces ha pasado por ella, de gente admirable que se duele ya de su ausencia, que la añora y nos abraza a  cuantos hemos tenido la suerte de formar parte de la familia Matita, de soñar, reír, charlar e imaginar entusiasmados las mil y una historias que nos tenían reservadas sus libros en silencio.
No ha sido fácil echar el cierre. Necesario, porque la andada ha sido larga y extensa, porque los gigantes apabullan y pisan a degüello, porque el adiós hay que decirlo cuando todavía la mano puede limpiar  esa lágrima que cae sobre la pequeña baldosa de un suelo enormemente transitado.
Nunca olvidaremos lo vivido. Como una segunda piel habitará en nosotros el papel multiplicado en hojas de diarios, revistas y libros. El olor que de ellos se desprende, el calor que proporcionan, la satisfacción de lo aprendido, el roce de sus hojas.

Estas líneas de hoy quieren decir Gracias de todo corazón. Agradecer las infinitas muestras de cariño en cada despedida, los abrazos, los nudos en la garganta, los recuerdos a los fundadores, la nostalgia.
Sin presunción, pero con orgullo, nos hemos sentido parte de Marbella hasta lo más recóndito de ella. Sabemos que para muchos la librería ha sido un pequeño símbolo cultural, una lucecita siempre encendida que animaba a su gente a introducirse en el mágico mundo de la lectura, un universo en el que lo  real pierde fuerza para que triunfe la imaginación y la fantasía.
A todos aquellos a quienes no nos ha dado tiempo a despedir en persona, a los de fuera y a los que les ha cogido de sorpresa el cierre, vaya igualmente nuestra gratitud y cariño.
Ochenta años es toda una vida. La que hemos vivido felizmente todos juntos en la calle Enrique del Castillo. Hasta siempre.

                                                                                                 
Ana María Mata  
(Historiadora y novelista)

25 de noviembre de 2017

Traicióname


            Una de las ventajas de vivir en una gran ciudad es que puedes callejear y no  salir nunca de ella. Hace unos meses llegué demasiado lejos dentro de Málaga, mi bicicleta  encadenada muchos pasos atrás, en un café de fanáticos ciclistas. En un muro de la última calle un graffiti, cuatro lineas contundentes y despechadas: Lorena: no sé quién eres, ni te reconozco, ya no te encuentro, ni te quiero.

            Ahí se terminó la caminata. ¿Quién escribiría eso sobre un muro tan alejado?, y ¿quién iba a leerlo?, parecía escrito justo antes de que se acabara el mundo. Un mensaje escueto, sin una falta de ortografía, con un deje de amargura, tan poco poético como una navaja recién afilada. Probablemente su autor tiró con rabia el spray de pintura negra en el primer contenedor, se encerró en su cuarto durante una temporada, y ahí se descubrió a si mismo, ahí supo por fin quien era. Ahora desconocía a Lorena.

            Volví al café y liberé mi bicicleta negra. No es fácil encontrar el momento idóneo para sentarse con uno mismo y pensarse. Yo lo suelo hacer pedaleando.

            El carril bici de poniente zigzaguea entre jardines y el mar fiel a su lado, siempre ahí, tan azul, tan obvio. ¿Hacia dónde vamos si no sabemos quiénes somos?, qué sentido tiene lo que hacemos si no encaja con nuestra persona (para presumir de coherencia, nada menos), cómo planeamos un viaje para que te llene de verdad, qué libro leer y hacerlo tuyo, qué música escuchar y que te haga temblar. ¿Cómo vamos a hablar con sinceridad si no nos conocemos, cómo defenderemos principios, ni siquiera meras ideas? Y más importante aún: ¿cómo vas a vivir contigo mismo cada día si no estás seguro de ser Tú quien vives?.

            Cuando te sientas a solas y cierras los ojos, ¿quién eres?

            Los huecos de silencio entre palabras, y la frase no pronunciada, lo que queda al decir nuestro propio nombre, el temblor que provoca cuando alguien lo pronuncia en la calle.

            Somos, más que nada, todo lo que no hemos visto, todo lo que no hemos viajado, todo los que nos queda por escuchar. Estamos en todo los que nos queda por conocer, tanto lo ignorado por desidia como lo no querido por miedo.

            Podemos ser todas las personas, vivas y muertas, que dejaremos de conocer, y que ya nunca nos servirán de espejo, para sabernos vivos, para comprendernos. Las conversaciones que no tenemos, también las apenas iniciadas y las que quedan a medio camino. Nuestra esencia está en el espacio que se esconde entre pensamientos lentos, en esas raras mañanas sin nada que hacer, somos la respiración que no sentimos, los gestos no estudiados, los pasos por dar. Y las medias vueltas inesperadas, por un si acaso.

            El carril bici se hace interminable hacia el este, donde la costa parece evaporarse y el mar se ensancha. Por allí vivo. Una mirada perdida nos define tanto como una mano apartada con desgana, o un beso sin querer, un lamento a destiempo o un suspiro ajeno.

            Nos da forma el tiempo, el que recordamos y aún más el olvidado, el tiempo invisible que nos rodea ahora, el que nos acucia al amanecer y el que se nos muere en brazos al caer la noche. El tiempo que despreciamos por inútil y el que vendrá galopando, somos todos los instantes; tanto los odiados como los detenidos por el deseo.

            Pero sobre todo seremos las mentiras. Todas las mentiras que nos quedan por oír, incluso las medias verdades que descubriremos a hurtadillas. Las verdades nunca nos definirán porque ya están mas que juradas y escritas. Y, agazapadas detrás de las mentiras, están las grandes formadoras de la persona: las traiciones. Mas que las intuidas, serán las inimaginables, las más podridas traiciones. Las que nos dejan paralizados, con la boca abierta y sin reconocer este mundo. Las que te tumban como un golpe de viento, las que te aplanan la personalidad y te la recortan como si fuera un muñeco de papel. La maldita Lorena lo dejó sin aliento. Ya sé quién irá a leer el muro cada día.

            Encierro la bici en la oscuridad del trastero. Ese aire que nos falta ahí dentro, ese vacío que queda, es lo que somos. Traicióname.

  

© José María Sánchez Alfonso, noviembre de 2017

22 de noviembre de 2017

TRAS EL ESCAPARATE

(Artículo publicado en Diario SUR el 20 de noviembre de 2017)
Tal vez si Isabel Coixet hubiera conocido la historia de esta librería en pleno casco antiguo de Marbella se hubiera replanteado su última película y seguro que le habría sacado toda la esencia al igual que ha hecho con “The Old House Bookshop” en el film. Sería otra luz, otro ambiente y otras connotaciones históricas. Tal vez sería una película más costumbrista donde se vería pasar la historia contemporánea de un pueblo que dejó de serlo de la noche a la mañana bajo el influjo estelar de personajes variopintos que encontraron en él su paraíso. Tradición y modernidad hubieron de acoplarse para dar cabida a los cambios que iban llegando a un ritmo vertiginoso empujado por el inicio del turismo y el desarrollo urbanístico del litoral. Sería el empeño y arrojo de Andrés Mata, “Matita”, lo que mantuviese durante décadas la que fue su gran ilusión, la Librería y Papelería Mata.
Al pequeño local que arrendó allá por 1937, también le llegó el momento de adaptarse a los nuevos tiempos y amplió los pequeños ventanales de la planta baja a dos grandes escaparates que permitían que los libros atrapasen al transeúnte que deambulaba por Enrique del Castillo camino de adentrarse en las estrechas callejuelas del centro.
  Son momentos de recuerdos y los míos se asocian a esa librería donde pasábamos mi hermano y yo muchas tardes sentados en el escalón de la entrada leyendo cómics. Entonces me parecía enorme, con sus estantes llenos de libros y un gran mostrador en frente de la entrada. Tras él, recuerdo el cariño con el que nos trataba Isabel Galán, siempre atenta a nosotros y engatusándonos con algún juego en los momentos sin clientela. Ramón Alarcón era otro personaje inherente a la Librería para nosotros, intuíamos que era importante para mi tío, ya que siempre estaba haciendo números con su calculadora tras la mesa ubicada en la habitación del fondo. Le teníamos un curioso respeto ya que su bigote imponía y le gustaba provocarnos con pequeños engaños, pero nos encantaba verle trastear entre los papales contables. Cuántos rincones para tan pequeño local y cada uno lleno de recuerdos. Un entrañable engranaje de personas que hacían posible un negocio tradicional de los de entonces: sin prisas, tertulia, consejo literario y disponibilidad de cualquier volumen. Éstos han sido las principales valores que lo han hecho un lugar emblemático para los marbelleros, y por desgracia, dudo que sea posible reemplazarlo por cualquiera de las ofertas actuales.
Cuando cierre definitivamente a finales de noviembre a muchos de los que hemos pasado tanto tiempo en ella nos costará mirar sus escaparates vacíos, aunque seguiremos viendo los libros reflejados en el cristal, los periódicos ondulando en la puerta de entrada, a mis tíos Andrés y Leonor esperando que entre algún nostálgico de la lectura en papel, a mi hermano leyendo su cómic en el escalón o incluso a mi abuela Rafaela cosiendo en el ático del edificio. 
Estos días me pasa por la mente un torrente de recuerdos de lo que La Librería ha supuesto en mi vida, un chico de los 70 donde nuestra formación literaria se fraguaba a base de los tebeos de Escobar e Ibáñez, o los libros de Los Cinco, donde se aprendía a dibujar con las láminas de Emilio Freixas, y la geografía con los mapas de plástico que representaban el perfil de la península con sus ríos y cordilleras. 
A diferencia de la historia de Coixet, Marbella sí aceptó este negocio y lo hizo tan suyo que ahora todos estamos un poco de luto. Asumamos la nostalgia que nos provoca, ya que es sinónimo de que ha dejado poso en nuestras vidas. Los libros nos han hablado durante ochenta años. No dejemos de escucharlos.

Arturo Reque
Arquitecto y columnista Diario SUR


15 de noviembre de 2017

LA VIDA PARECE NO SEGUIR

Utilizo este verso de J. Gil de Biedma como título para que suavice el tema de hoy, manoseado y llevado a límites extremos en estos últimos días. Escribir sobre el proces no es que no sea legítimo, pero sí resulta agotador y un tanto arbitrario al hacerlo desde una relativa lejanía.
Me interesa destacar  hoy una sola cosa en él.: su exclusividad. Como si el tiempo se hubiese detenido el día y hora en que una parte de Cataluña decidió aflorar y sacar a la luz su eterno problema, su manipulado origen histórico y las condiciones (según los interesados) actuales de maltrato, saqueo e indiferencia nacional, que les lleva a un nuevo intento de conseguir la tan aclamada Independencia.
Es posible que sus aspiraciones sean nobles, lo es también que crean sentirse legitimados al hacerlo, pero de una forma u otra, el asunto va prolongándose en el tiempo como aquel “cuento de nunca acabar” del que tan hábilmente escribiese Carmen Martín Gaite.
Mientras, el resto, no ya del país, sino de todo el bloque terráqueo continúa existiendo aunque casi no tengamos idea ni información de las muchas cosas que en ellos suceden.
Y porque me resulta injusto un hecho de esa naturaleza es por lo que escribo estas líneas
Para recordar que fuera del territorio catalán hay seres que sufren injusticias y problemas de una categoría superior, bajo mi humilde punto de vista, al que nos tiene obnubilados a los ciudadanos españoles, que sin comerlo ni beberlo nos hemos visto inmersos en esta vorágine de cosas puntuales, cada día una diferente, por cierto, detalles personales, estrategias de defensa, viajes al exterior y anécdotas de los protagonistas.
Al mismo tiempo que en España solo se comenta y se informa sobre los paseos del señor expresidente de una “simbólica” república, o de las fianzas de los que están a la sombra, en el mundo de afuera, por ejemplo, la inmigración no cesa pese al tiempo transcurrido desde aquella sacudida que sufrimos  con el niño Aylán y su cuerpo varado en nuestras costas.
Siguen muriendo con progresión geométrica refugiados en campos insalubles de los cuales ningún país se quiere hacer cargo. Continúan  llegando pateras a las playas del sur e intentando cruzar alambradas en Melilla. Siguen la pandemia de desnutrición y demás enfermedades en los mismos lugares de Africa: Etiopía, Sudán entre otros.  En España el juicio sobre el caso Gurtel se desarrolla sin que nos demos cuenta de cómo va ocurriendo. El comisario Villarejo es enjuiciado por cohecho y blanqueo de capitales…
El acoso escolar no se detiene y la violencia de género aumenta su brutal escalada.
Todo ello nos aparece solo como telón de fondo en los informativos nacionales, cuyo contenido masivo sigue siendo reiterativamente un proces que nos sabemos de memoria como si sus participantes fueran, para nuestra desgracia, ya de la familia.
Cataluña absorbe las noticias de televisión, radio y prensa, además de colapsar en ocasiones los medios digitales. Estamos tan saturados de ello que sin querer, llegamos a pensar que no existe nada más fuera de lo relativo a este problema y nos desinteresamos de la casuística de las demás regiones, cada una de ellas con temas necesitados de atención, aunque no sea más que para que no se produzca lo que , en realidad ya se está produciendo, un terrible efecto comparativo. Como si existiesen ciudadanos de primera, segunda y tercera clase, y regiones más importantes para el país que el resto de las demás.

Lo peor es que el asunto no tiene visos de resolverse, y sí de prolongarse en el tiempo sabe Dios cuanto y hasta donde.
Sería conveniente y hasta de agradecer a los diferentes medios que tuviesen conciencia de este hecho, y sin dejar de informar, no lo tomen como materia exclusiva. Un poco de seriedad profesional y no de oportunismo, que es la impresión que tenemos ahora.
   Aprovechar lo de Cataluña como si de un serial se tratase dice muy poco de aquellos que lo ejercitan.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

8 de noviembre de 2017

EL VALOR DEL CASCO ANTIGUO

(Artículo publicado en Diario SUR Marbella el 6 de noviembre de 2017)
Pasear por el centro de Marbella en estos días de otoño es un lujo que no debemos dejar pasar. Las tonalidades que ofrece el casco antiguo, sus olores, sonidos y el ambiente algo más sosegado tras el periodo estival, le dotan de una belleza enigmática que bien vale su visita. Los turistas lo saben bien y transitan por sus callejuelas buscando la foto, el souvenir o el restaurante donde tomarse algo. Los locales, como es lógico, nos lo tomamos de otra manera, algunas veces para sentirnos también turistas en nuestra ciudad –muy recomendable, todo sea dicho–, otras por simple necesidad de realizar gestiones –en el Ayuntamiento fundamentalmente–, para realizar compras en lo que se ha dado a llamar Centro Comercial Abierto, para tomarnos algo con los amigos de toda la vida o con visitantes a los que enseñar nuestra joya. Aunque aún hay quienes asocian el casco antiguo con un montaje para el turista y, por lo tanto, con precios elevados, los residentes lo ven de otra manera y se quejan de la “mesificación”, al considerar que se pierde espacio público en favor del empresario hostelero.
 La verdad es que este histórico enclave debería ser uno de nuestros principales valores y carta de presentación hacia el exterior. No podemos decir que esté dejado, se ha mejorado mucho mirando décadas atrás, pero precisa control y planificación para evitar errores cometidos en otros lugares turísticos, así como reforzar la ocupación residencial para garantizar su plenitud social, comercial y funcional.
Leer que el equipo de gobierno apuesta por consolidar la oferta cultural y patrimonial del centro con la reforma y ampliación del Museo del Grabado y la rehabilitación del Convento de la Trinidad como futuro Museo de la Ciudad es una gran noticia que esperamos pase de los titulares a la realidad. Esta es una buena manera de revalorizarlo. No estaría de más complementarlo de una manera más ambiciosa aún mediante una ordenanza clara y sensible a la conservación y reforma de las casas, ayudando a sus moradores en las obligaciones de mantenimiento y ornato, evitando que abandonen el centro ante la eterna espera de permisos y al elevado coste de las obras necesarias por los múltiples impedimentos urbanísticos. El casco antiguo debería ser un referente para romper la temible estacionalidad. Incentivar a los empresarios para que mantengan abierto sus negocios los máximos meses posibles, apoyados por una promoción institucional del tipo “Invierno en Marbella” donde la ciudad se muestre viva y activa todo el año. Ampliar la consolidada oferta de golf con otras múltiples opciones, incluyendo playa, medioambiente, cultura, deportes… ¿Se está mostrando algo de esto en la reunión que la afiliación de agencias de lujo, Virtuoso, está celebrando estos días en nuestra ciudad, o buscan un entorno de exclusividad y glamour?  
Para complementar estas reflexiones, acabo de acceder a la web municipal Turismo Marbella y, ante mi sorpresa, me he llevado una grata impresión. Confieso que dudaba sobre lo que me iba a encontrar, pero he de reconocer que es bastante completa. Sin ser esto una auditoría, echo en falta mapas sobre movilidad: situación de la estación de autobús y paradas, zonas ciclables, ubicación de los aparcabicis, recargas de coches eléctricos, aparcamientos, etc. No bajemos la guardia y sigamos mejorando.
En esta Marbella cabemos todos, nos necesitamos todos, siempre que la balanza se mantenga en equilibrio. La oferta debe ser plural y para todos los gustos, pero siempre desde el respeto hacia la ciudad de acogida.

 Arturo Reque
Arquitecto
Columnista Diario SUR Marbella


29 de octubre de 2017

ADOCTRINAMIENTO EN CATALUÑA


Al terminar la guerra civil española el caudillaje impuesto por el vencedor decidió utilizar e imponer la táctica más utilizada desde el comienzo de la Historia para conseguir unos fines concretos que sirviesen a su causa.
Se llamaba adoctrinamiento, y la real Academia lo define así: Conjunto de medidas y prácticas educativas encaminadas a inculcar determinadas formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.
Durante cuarenta años los niños que hemos sido llamados de post-guerra, fuimos instruidos y manipulados por profesionales pedagógicos a los que a su vez se les inculcó las teorías del Nacional-Catolicismo como única y principal arma educativa. Mediante ellas, se nos presentó un mundo de graves pecados contra el sexo que solo un severo régimen de pureza y rezos, además de exaltación de la victoria conseguida mediante símbolos y actos semi-castrenses, podría redimir. El resultado de este adoctrinamiento social fue una generación reprimida y, en ocasiones llena de prejuicios contra el placer o adormecida por el beaterio circundante.
  Al cabo de tanto tiempo cuando creíamos desterrada del planeta la palabra en cuestión en pro de una libertad lo más ancha posible, nos encontramos en el momento actual con los resultados de un adoctrinamiento paralelo, semi- escondido tal vez, pero patente y eficaz como lo que nunca ha dejado de ser: un arma castradora.
El Nacionalismo, más bien el proceso separatista catalán necesitaba igualmente de este factor indispensable para sus objetivos .El monopolio del populismo pedagógico, uno de cuyos pilares es la sentimentalización  de la enseñanza, produjo un vaciado académico en aras de los egos, los afectos y las emociones, sirviéndose de la lengua propia como repudio de la lengua común, manipulando la Historia y sirviendo a los intereses de una burguesía que mientras imponía la condena de estudiar en catalán, enviaba a sus hijos a los liceos franceses o a los colegios alemanes. Porque, claro, el terruño otorga sentido, pertenencia, pero hay que inculcarlo con letras de sangre a los más ignorantes del mismo.
Los que más han ayudado a la absorción del independentismo han sido, como en otros lugares, los colegios religiosos, y concretamente la Fundación de Escuelas Cristianas de Cataluña, un “lobby” que engloba el 60% de los colegios privados, con 264.000 alumnos y 434 centros; en sus diversas ramas de preescolar, infantil, primaria, Bachillerato y formación profesional. Está dirigida por jesuitas.
Dice el periodista Oriol Trillas que la fundación citada ha realizado una verdadera labor de ingeniería cultural pasando de cristianizar alumnos a convertirlos en militantes del secesionismo Mediante un pacto con el poder en los primeros años del pujolismo: “yo os cubro económicamente y respeto vuestras inmensas propiedades a cambio de que contribuyáis a la construcción del país”. Desde la más tierna edad, inculcando la división entre catalanes buenos y españoles malos.
Mientras, los obispos han mirado hacia otro lado, y cuando la polémica ha arreciado, ha tenido que salir el arzobispo de Tarragona a sacar una simple nota pidiendo que no se utilizaran los lugares sagrados para cuestiones políticas. Claro que, eso, después de que en la parroquia de Vilarodona se contaran votos mientras el cura cantaba himnos religiosos  revestido con alba y estola.



Adoctrinar es un vicio del poder para conseguir desde muy temprano la perpetuidad de sus fines.  

Quienes lo hemos sufrido en la más completa inocencia de que la realidad fuese distinta a como los adoctrinadores nos la mostraban, en incluso hemos regalado años de juventud en aras de sus incongruencias,  no podemos menos que abominar hoy de aquel lavado de cerebro que, a nosotros,  nos prometía como compensación “un destino en lo universal”.           
                                                         
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

12 de octubre de 2017

UNOS Y OTROS

Nos han intentado convencer de que la política en general es un servicio al ciudadano, y el político, por tanto, alguien que, de alguna manera debe ayudar a que la vida en común sea más fácil, y los problemas menos complicados y resueltos con cierta facilidad. En ese sentido la vida de una ciudad, por ejemplo, la nuestra, habría de ser una balsa de aceite o un paraíso jaujiano  cuales quieran que fuesen los políticos de turno.
En Marbella, desde los ignominiosos tiempos del alcalde vendedor de pisos y etc… han habido y hay dos formaciones políticas predominantes, juntos a algunas más que se han agregado en los últimos tiempos: P.S.O.E y Partido Popular, en compañía O.S.P,  Izquierda Unida y Unidos Podemos en las últimas elecciones.
El partido Socialista ganó estas últimas elecciones y formó un extraño cuatripartito con las arriba pequeñas citadas. Después de dos años de gobierno el P. P. y Opción Sampedreña optaron por una moción de censura al P.S.O.E. y acabaron haciéndose con el gobierno de la ciudad. Hasta aquí todo dentro de la legalidad conocida.
Desde la desaparición de Gil y la vuelta a la más estricta forma de gobierno, los dos partidos mayoritarios andan mirándose de reojo entre si a ver como puede el uno al otro pisarse, hacerse “pupa”, y en definitiva comerse un terreno que ambos, desde fuera y desde dentro creen poseer en exclusiva.   Me explico.  No hay un día ni los hubo en el pasado en el que el partido gobernante y el de la oposición no se tiren los trastos a la cabeza en los medios de comunicación, charlas, conferencias y demás actos sociales.


El que manda porque achaca todos los males que encuentra a sus anteriores colegas. Y el que oposita porque observa lo que va realizando el mandatario como negativo y lleno de errores. “Nosotros hicimos más y mejores cosas”, dice uno. “Solo con nosotros está consiguiendo el Consistorio realizar lo importante”, dicen los otros.
Observen, por favor, alguno de los medios que ofrezcan noticias del Ayuntamiento. Ejemplo último: El portavoz municipal del P. P. afirma que la delincuencia con el Partido Socialista había subido en Marbella y San Pedro. Un concejal socialista le exige que se retracte porque, según él, habían bajado. Uno y otro se acusan entre sí de tomar la mentira por bandera. El anterior alcalde socialista afirma igualmente que el Partido Popular se está negando a ejecutar proyectos que estaban ya presupuestados porque llevan el sello del P.S.O.E.
Podía seguir poniendo ejemplos ad nauseam. Pero creo que se los imaginan.
Recuerdo de golpe una de las viñetas del genial Quino con Mafalda, y parafraseándola, escribiría que si esta es la línea general de la democracia de partidos…pues paren el Ayuntamiento, que yo, como Mafalda de su mundo, me bajo.
No hay cosa más aburrida y desalentadora que ver de continuo a los partidos que han de turnarse en la gobernación de un lugar, sea este, nación o ciudad, perdiendo un tiempo precioso que deberían utilizar en solucionar los innumerables problemas que tenemos,  intercambiando ultrajes, críticas, comparaciones absurdas, desafecciones personales y rencores ante los ojos y oídos de ciudadanos que nada pueden hacer más que mirar para otro lado y resignarse.
Y es que, esa es otra cuestión que deberían sopesar: Si piensan que con la retahila común del “Tu peor que yo” o Yo mejor que tu”, consiguen algo por parte de los ciudadanos votantes, están muy, pero que muy equivocados. No hay nada que fastidie más que el engaño, y el hombre y mujer de la calle, es menos tonto de lo que a veces quisieran que fuésemos.
Señores políticos de uno y otro lado: Limítense a cumplir con su obligación de hacer la vida del municipio más agradable. Encaren los problemas de frente. Y dejen que seamos los de afuera quienes juzguemos su actuación al final. Por favor no pierdan el tiempo.

                                                                                               
Ana  María Mata   
(Historiadora y Novelista)

10 de octubre de 2017

LAS MIL CIUDADES

(Artículo publicado el 9 de octubre de 2017 en la columna "La ciudad  invisible" que el autor tiene en Diario Sur Marbella)

Quien les escribe periódicamente desde esta columna es arquitecto y, por si no lo he aclarado antes, el título es un homenaje al gran Italo Calvino y su libro “Las ciudades invisibles”, donde el viajero Marco Polo expone al rey de los tártaros Kublai Kan descripciones de ciudades fantásticas a modo de pequeños relatos. Desde mi humilde colaboración como opinador de lo que acontece en nuestro municipio, me siento como ese Marco Polo que les ofrece pequeños cuentos sobre las diferentes ciudades que me encuentro. Todas son la misma urbe, pero se nos muestra con mil caras según se mire o según el momento.
Una ciudad de grandes desequilibrios sociales, calificativo malsonante, pero que implica que hay espacio para todos. Grandes fortunas que poco se dejan ver, sin deseos de protagonismos pero valedores de una ciudad de ensueño,  multimillonarios de dudosa reputación que gustan de la exuberancia y un lujo al que adoran; una clase media trabajadora que hace de argamasa de este modelo de ciudad siendo el principal eje conector entre los extremos sociales, bien como empresas de servicios profesionales, bien como empleadores de mano de obra; clases sociales con déficit de recursos económicos que subsisten en equilibrio inestable según la rueda de la fortuna, pero sin perder nunca la dignidad. Entre medias, múltiples capas que configuran una sociedad plural que dan vida a una ciudad de contrastes donde todos tenemos cabida.
 Una ciudad de la alegría, de eterna juventud, donde se reciclan los tiempos para volver a ofrecernos exitosos momentos del pasado. Como ejemplo la Marbepop, un evento que impulsa a las nuevas bandas musicales locales junto a otras consolidadas bajo una magnífica organización que logra reunir cada año a la gran familia marbellí, en esta ocasión en un ambiente idílico como es el Parque de la Represa, con la Concha de telón de fondo. El Parque de la Constitución también asume su papel dinamizador recuperándose del ostracismo, demostrando como, además de jardín botánico, sirve de entorno magistral para eventos sociales como han sido este año el Irish Music Festival o el Oktoberfest.
Ciudad de acogida, donde quienes la visitan se sienten tan cómodos que acaban quedándose. Foráneos llegados de todas partes, que se agrupan por zonas según se asentaron sus primeros compatriotas, unos del norte de Europa otros del norte de África, de Hispanoamérica o de Asia. Unos en Marbesa otros en Puya, Sierra Blanca o Guadalmina. Todos forman parte de la Marbella de acogida, en equilibrio existencial pero escasa convivencia social.
Ciudad del turismo, la más conocida y la que nos da reconocimiento mundial. Centrada fundamentalmente entre los meses de junio y septiembre, espera poder ampliar su oferta hasta cubrir todo el año potenciando otros atractivos a parte del sol, playa y golf, como puede ser su entorno natural, su patrimonio o su gastronomía. Grandes oportunidades que están a la vista pero carecen de empuje institucional. Todo llegará.
Ciudad residencial, siendo este un aspecto turbulento al cruzarse los intereses realmente habitacionales con los inmobiliarios y su adjetivo especulativo. Lugar inmejorable para vivir, con un clima envidiable y el sol como compañero habitual en un entorno natural enmarcado por Sierra Blanca que corre el peligro de ser demasiado domesticado.

Vivimos en mil ciudades concentradas en una, que nos enamora, nos provoca o nos hipnotiza, siendo esto último lo más habitual y, tal vez por ello, la causa de que los ciudadanos de estas ciudades invisibles vivamos en esa eterna pasividad más propia de habitantes del paraíso terrenal.


 Arturo Reque Mata
Arquitecto

26 de septiembre de 2017

LOS DEMÁS

Mientras no se demuestre lo contrario España es un país habitado por 46.528.966 personas de las cuales 7.441.716 son catalanes. Datos demográficos que utilizo como introducción simple de este artículo que leen. Acudo a los números para demostrar con cifras la situación en la que unos cuantos (en términos relativos) han decidido por su cuenta y riesgo colocar a unos “muchos” que asistimos entre indignados y bastantes hartos a esta posición indeseada, que resulta además de un agravio comparativo evidente, una forma de hostigar a quienes lo único que pueden achacar es compartir un mismo suelo geográfico.
Cataluña es una comunidad autónoma con prerrogativas distintas a las otras por causas muy cuestionables en las que no voy a introducirme.  Sea como sea, esta Comunidad parece que quiere dejar de ser solo eso y convertirse de “motu propio” y sin aclarar con fidedignas razones, en Nación independiente y soberana.
Son muy dueños los señores catalanes de querer ser independientes, más ricos, más inteligentes, y hasta más guapos que nadie. Como si quisieran ser los primeros en llegar a Marte o la Luna. Los deseos no pueden ser prohibidos en cuanto deseos, porque están en el interior de la amigdala o el epitálamo  de cada ser y hasta ahí nos es imposible llegar. Lo que no es admisible es involucrar a un país en su demencia y arrastrarlo día a día a un revolcón de noticias cada una más desquiciada que la siguiente sin que dentro de ellas haya hueco para nada más que no sea el llamado problema catalán.

Por tierra mar y aire, o sea, por cualquier medio de comunicación, desde los clásicos a los digitales, machaconamente y cualquiera que sea la hoja del calendario que arranquemos, lo único que tiene entrada son las mil maneras que están pergeñando para construir un soberanismo que les rebasa ya, pero que como fanáticos se han obstinado en mantener.
No hay derecho. Como ciudadana vulgar y corriente me siento afectada por esta discriminación noticiera, esta avalancha de imágenes, este exagerado tiempo perdido para otras causas en las que el país está inmerso y que parecen haber desaparecido por arte de magia.
¿Es que acaso se acabó el paro en España por decreto ley? Es que la Sanidad no tiene problemas de envergadura, o la Educación los suyos? ¿Se ha acabado la corrupción de un manotazo, los problemas en la Justicia o los demás menesteres que hacen de un país un lugar fiable?
Para algunos que ilusamente llegamos a creer que Cataluña era sinónimo de modernidad, la puerta de España a Europa, aún nos resulta increíble el grado de provincianismo que están alcanzando al utilizar incluso su propia cultura para levantar murallas y crear fronteras, inoculando en niños y jóvenes en colegios e institutos de forma deleznable el odio a España y al resto de españoles. No les importa tergiversar la historia, crear mentiras, hasta el punto de dar lugar a una sociedad enferma que recuerda a la creada por los nazis en Alemania, con el desprecio y odio al contrario a favor de sus intereses.
No entiendo como partidos de izquierdas defienden el movimiento secesionista cuando estos movimientos se basan en teorías supremacistas o insolidarias. El Nacionalismo en la actualidad es una idea retrógrada que retrotrae al hombre a la aldea de la que salimos para llegar al mundo global en el que Europa se mueve.
No entro en el análisis de lo más elemental. Y no lo hago porque imagino sin temor a equivocarme que la inmensa mayoría de los asaltantes y fanáticos independentistas de a pie tampoco se lo han preguntado. Pero solo anticipo una pregunta ¿Cuáles iban a ser las vías de desarrollo de una Cataluña fuera de España y de Europa? ¿Quiénes habrían de ser sus compañeros de viaje?
Pero si quisieran saber la última cosa que quiero expresar, les diría que aparte del fastidio que supone tenerlos todo el día encima del noticiario, el resto de sus asuntos se queda para ellos.
Si ellos quieren separarse, me temo que “los demás” estamos ya cansados y lejos de sus problemas. Amor con amor se paga.

                                                                                           
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

11 de septiembre de 2017

DE NUEVO A ESCENA

El espectáculo comienza de nuevo. En el teatro fijo con sede en la Plaza de los Naranjos se abre una nueva temporada sin que la compañía anterior acabase voluntariamente sus funciones. Actores principales y protagonistas secundarios cedieron, sin embargo sus trastos a los nuevos con reconocida elegancia por parte de ambos.
De nuevo tenemos en escena a los antiguos intérpretes dispuestos a escenificar cuanto haga falta en tragedia o comedia para alimento espiritual del pueblo soberano. Se abre el telón, por tanto, con viejos temas inacabados que en un principio podrían aburrir al personal. Tomasi de Lampedusa decía en el “Gatopardo” que “a veces hay que cambiar todo para que nada cambie”. Desalentadora frase que ronda por la mente del ciudadano como una antigua espada de Damocles. Y es que cambiar collares es tarea fácil pero no lo es tanto el verdadero cambio de quienes lo llevan en el cuello.
Hay mucho que hacer. Siempre hay mucho que solucionar en un Ayuntamiento como el nuestro donde tantos asuntos parecen eternizarse y dormir el sueño de los justos. Sería de agradecer que el principio de esta nueva-vieja hornada no supusiera dar a al traste con lo poco o mucho realizado en los dos años de escenificación política anterior. Agradeceríamos por ejemplo la misma  trasparencia en las actuaciones y la sencillez y campechanía de alcalde y concejales. El trabajo realizado en calles y avenidas en relación con el saneamiento. El interés en zonas como Las Chapas y su entorno, así como en otros lugares deprimidos de la ciudad. Loable. No tanto como la cuestión de la limpieza o la seguridad, o el asunto de las playas, tema sistemáticamente encajonado.
Los nuevos representantes de la ciudadanía, la mayoría viejos conocidos, saben de sobra las necesidades urgentes y primarias. Esperamos que en esta tercera, creo, ocasión, la aborden de acuerdo al orden que ellos consideren, pero tomándoselas en serio y con premura.
No puede esperar mucho, por ejemplo,  el asunto del Francisco Norte. Da vergüenza ver lo construido, inane. y estropeándose cada día más. Imposible entender la tardanza en poner en servicio un campo deportivo tan necesario. Como también avergüenza el asunto del tanatorio, imprescindible, y siempre relegado. O las bibliotecas que Marbella no se puede permitir obviar, porque nos coloca a una altura cultural infame.

Claro está que temas como el Hospital Costa del Sol o el Puerto de la Bajadilla son objetos de interés general sin que sepamos del todo las causas de la dejadez en su resolución. Igual que absurdos espectadores a los que engañan en una función tantas veces voceada nos sentimos cada vez que sale a relucir algunos de ellos. No digamos el asunto del tren, engaño repetitivo de cada gobierno, utopía propagandística, demagogia fácil.
O los espigones, esos brazos al parecer tan necesarios que son la comidilla de todo aquel que llega en verano preguntándose donde hay una playa decente.
Sepamos que en esta ocasión la tenencia de Alcaldía de San Pedro comienza a funcionar y ello tendrá consecuencias destacadas. No por nada menos hubiera firmado la paz el sin par Piña con su antagonista Muñoz de tantos y tantos clamores en plenos municipales. Dicen que las delegaciones de Marbella tendrán su correspondiente desdoblamiento en San Pedro…con el gasto que ello supone y el difícil trabajo de ajustamiento entre ambos.
No va a ser  fácil gobernar y unos y otros lo saben de sobra. Pero lo que los espectadores del nuevo “Teatro” esperamos no volver a visualizar son  los enfrentamientos verbales y de todo tipo entre una y otra parte de este “dúo,”no sé si dinámico, pero al menos estratégico para ambos.
Marbella necesita urgentemente un Consistorio sólido y que esté a la altura de la imagen que quiere dar al exterior, la famosa “marca,” cuyos contenidos y activos deben ser objeto de una cuidadosa atención municipal.
Hay expectativa y miedo. Confiemos en que el corto espacio de tiempo de esta legislatura acabe al final en un Allelluia y no en el tan acostumbrado Requiem.
                                                                                            
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista) 






28 de agosto de 2017

LAMENTABLE DESCOORDINACIÓN


Confieso mi falta de interés por el proceso soberanista. Que, desde Felipe V y las pretensiones del Archiduque Carlos se opusieran los catalanes al primero en favor del segundo, y en vista de los resultados se declarasen -al menos en deseo- contrarios al estado español, es una cuestión particularísima entre ellos, que al resto de España o nos deja fríos, o estamos en sus antípodas, por muchas amenazas que el flequillo abundante del señor Puigdemont haga casi a diario.
Mientras vayamos juntos lo que allí ocurra nos envuelve al resto del país para lo mejor y lo peor. Por desgracia los últimos acontecimientos han significado una enorme tragedia a la que nadie puede mirar con desdén, sino con ojos de horror y de piedad.
Debido a ello, el más somero análisis de los hechos muestra acciones de descoordinación lamentables que hoy mueven mi pluma a desarrollar como algo casi incomprensible.
Hasta en dos ocasiones los Mossos rechazaron la petición de la Guardia Civil para inspeccionar la casa de Alcanar. Ante la duda de la juez de una simple explosión por manipulación de elementos para fabricar drogas, conclusión esta de la policía autonómica, la negativa a que los expertos de la Benemérita dieran su opinión, resulta sangrante. Y en el caso concreto del Imán de Ripoll, la cadena de fallos ha sido garrafal. Desde el juez atendiendo a argumentos huecos hasta el abogado defensor que expresó literalmente que “no parecía un integrista porque iba en vaqueros”, todo parece una conjunción diabólica a favor del citado Imán. De otra parte, en los ficheros de la Policía Nacional constaban los vínculos del tal Satty con un entorno radical salafista en Bélgica.
Los días posteriores a la masacre han puesto en evidencia la falta de coordinación policial y el pulso soberanista en Cataluña en la prevención e investigación de la desgracia. No olvidemos que los dos sindicatos mayoritarios en Policía y Guardia Civil emitieron un comunicado conjunto para denunciar que se les había impedido servir a los ciudadanos para que la Generalitat diera imagen de Estado Catalán autosuficiente.

 Nadie en su sano juicio comprende que hoy, cuando las diversas naciones del mundo se alían entre ellas para reforzar la lucha antiterrorista, en nuestro país ocurran estos desmanes que debería avergonzar al catalán moderado y que conserve aún su propio criterio fuera del partidista y casi aberrante del abducido soberanista.
La vida de un ser humano es demasiado valiosa para interponer entre ella y el rigor absoluto de investigación y procedimientos policiales el matiz subterráneo del nacionalismo contumaz.
Hay que ser muy cerril para aplaudir gestos como los escritos arriba, la pugna por conseguir medallas en un lado u otro, en lugar de una unión sin fisuras para intentar el mayor tipo de seguridad posible. Es cierto que los únicos asesinos son los terroristas, los que realizan los actos flagrantes y quienes les ayudan a llevarlos a cabo, pero no estaría de más que todos los ojos avizores de cualquier cuerpo del Estado estuviesen vigilantes las veinticuatro horas del día.
Como ciudadana corriente, me duelo de estas fisuras entre nuestros guardianes del orden y me resulta absolutamente increíble que en una ciudad como Barcelona, a la que tenía como abanderada de la lógica y del modernismo más audaz, se den estos casos, de consecuencias tan dolorosas, y al mismo tiempo como extraídos del Medievo, de las luchas gremiales, y tan anacrónicos como si estuviésemos hablando de una ciudad feudal en deuda con su señor.
No estaría mal que los adalides de la independencia repasasen después de los hechos su estado ético y moral.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

13 de agosto de 2017

TURISTAS GO HOME

Puede ser, como algunos afirman, una moda efímera, creada por quienes necesitan protagonismo irritante al costo que sea. Los mismos que creen encontrar en sus manifestaciones abruptas y descontroladas un sentido político que legitime su estupidez más allá del propio absurdo de la mayoría de sus conceptos e ideas. Crear conflictos ha sido desde antiguo el medio utilizado por quienes no poseen argumentos sólidos e inteligentes con los que avalar su causa.
Puede ser eso, algo muy similar a las rabietas del niño enfurecido por la falta de atención. Más, la irracionalidad de la causa no excluye los efectos que pueden llegar a producir. La insensatez de arrojar piedras en el propio tejado con las consecuencias que de ello se deriven. Y aunque esas consecuencias afecte en sumo grado a los mismos que las provocan. Así de estúpido suele ser a veces el género humano.
España llegó tarde a la llamada Revolución Industrial que a comienzos del siglo XIX tuvo lugar en Inglaterra, expandiéndose  luego por el centro de Europa. Y cuando la alcanzó, solo algunas regiones como el País Vasco y Cataluña se beneficiaron de ella. El resto del país malvivía por entonces de la agricultura y el ganado. Ese retraso,  complicado al paso del tiempo por sus problemas políticos, entre los últimos la guerra civil, hizo que fuésemos una tierra minusvalorada por el continente europeo como lugar de un cierto subdesarrollo. La Historia es dura, a veces, pero no tiene vuelta de hoja.
Y de pronto, como regalo de dioses o feliz e inesperado azar, aparece en el horizonte aquello que nos faltaba y nos hace importantes a los ojos ajenos: algo llamado Turismo, un rey Midas disfrazado de Alí Baba o de Reyes Magos, según prefieran, que nos mira con ojos deslumbrados y afirma que nuestro clima, nuestros monumentos y hasta nuestra gente, merecen atención especial.
Acababa de nacer la que sería la industria más importante del país, el dios Turismo, al que debemos el haber salido de la escasez, la apertura de mentes por el contacto con ideas nuevas, el desarrollo de los años sesenta y posteriores  y la subida de la autoestima, que nos hacía tanta falta. Hasta el Régimen -¿recuerdan?- aprovechó el tirón para promocionarse: “España es diferente”, decía el slogan con el que quisimos decir en verdad que éramos únicos, más guapos, mas listos, y más todo que quienes picaron y se transformaron en nuestros primeros visitantes y turistas.
Por fin teníamos algo por lo que ser deseados más allá de nuestras fronteras, sea lo que fuese ese algo. Y de ello empezamos a vivir. A mejorar. A llenar las arcas estatales de divisas. A comprarnos coches y salir del provincianismo de la postguerra.

Nos ha dado resultado hasta el momento actual, en el que, es cierto que el éxito puede llegar a ahogarnos. Pero solo son necesarias medidas exactas, no bajar la guardia y cumplirlas a rajatabla. Las situaciones grotescas y hasta vandálicas que han tenido lugar en Palma de Mallorca, Cataluña, o las originadas en Puerto Banús, han de ser, primero vigiladas y luego sancionadas y castigadas con todo el peso de una ley que está para ser cumplida, no de adorno. Es responsabilidad de los Ayuntamientos y de las autoridades el mantenimiento del orden en todos sus aspectos. Si es necesario aumento de policías, el Estado debe saber cual es su papel en este delicado asunto, sin que valgan excusas ni cortapisas en este sentido.


La “turismofobia” es el error más grande que pueda cometerse. España es un país eminentemente turístico y destrozar su principal medio económico solo puede ocurrírsele a quienes igualmente quisieran destrozar otras muchas cosas que llevan incluidas en su ideario político. No hay que dejarles actuar, porque una sola manzana pudre el cesto.
Los jóvenes airados que parecen divertirse con los gestos anti-turistas, deberían reflexionar por un solo minuto, si no es pedirles mucho: ¿Quiénes pagarán si nos quedamos sin ellos, la Sanidad, los colegios y las prestaciones sociales? …
Tal vez no les vendría mal a algunos de ellos volver al campo. De sol a sol, como en los viejos tiempos que no han llegado a conocer.
                                                                                               
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista) 










      

1 de agosto de 2017

VACACIONES

A partir de que Adán cometiese la estupidez de aceptar la manzana de Eva,  los humanos fuimos castigados a ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Dícese a trabajar en lo que encontrasen. Pero Dios tuvo que descansar el séptimo día, y gracias a ello surgieron las vacaciones. El hombre necesita desconectar de alguna forma de la rutina embrutecedora. Las vacaciones son ese elemento enriquecedor en el que puede salir al exterior el niño que nunca hemos dejado de ser.
No todo el mundo se divierte de igual modo, y España, nuestro desgarrado país, posee en su geografía tan variopinta múltiples maneras de hacerlo. Desde quienes buscan el sol achicharrante hasta el ampuloso verde con su engañoso chirimiri, es increíble la diversidad de placeres que podemos encontrar.
Como acabo de llegar de las humedades norteñas, permítanme la confianza de exponer las enormes diferencias entre dos semanas en el Sur o las mismas en el Norte. O lo que es muy similar: entre la tranquilidad y el desasosiego.
Al Sur y el Este español se va a dejarse llevar por un ritmo desenfrenado de estímulos, empezando por el que implica la tostadura de la piel a niveles etíopes, en playas que recuerdan novedosos campos de exterminio corporal, para seguir con lugares donde hay que caminar de perfil porque el espacio se transforma en valores de cambio. Al simpático ruido infernal-nocturno, más el producido por coches que vociferan al unísono mientras tratan de llegar a donde sea con el cabreo incluido, se unen  las amables colas para conseguir una  cerveza o un gin-tonic tras haber peleado por el mínimo lugar para tomarlo.

Están también los que buscan algo de glamour y vacían la cartera en el restaurante de moda donde impere la “petite cuisine”, porque eso es lo que viste y da esplendor. Están los jóvenes vocingleros que arrasan por donde van, entre la cocaína barata y el botellón para colocarse. Todo eso y más lo produce el calor y las noches almibaradas de perfumes embaucadores. El sur es un torrente invasivo. Un volcán para los sentidos y la mente. Una embriaguez total.
Por su contra, el Norte es el embrujamiento del paisaje y el placer de la aventura. A escoger. Nada bravo persiste en él más que su oleaje y la altitud de sus montañas. Entre desfiladeros de infarto por los que ríos caudalosos discurren compitiendo con la vegetación, apabullante, casi selvática, misteriosa en sus profundidades, ágil en los picos de rocas grises y rojizas, casi infantil en las orillas, hasta la versatilidad de su mar, líder y dueño absoluto de sus mareas, el Norte es el panteísmo hecho realidad, la  Naturaleza al descubierto, reina y señora de quienes tienen el atrevimiento de hollarla. Y hay quienes lo tienen. Alpinistas arriesgados, senderistas gozosos, piragüistas osados, submarinistas, pescadores, jugadores de palas…y personas decididas a beberse el verde a borbotones, a dormir con edredón, a pasear sin agobios y dorarse menos pero en playas extenuantes de arena blanca y radiante como una novia primeriza.

La calma es la compañera firme de un verano donde el único ruido posible es el susurro del chirimiri, el producido por hojas de árboles al caerles el agua.
No se adora el sol, pero se le espera con nervios contenidos. Porque si sale, el brillo del verde es mayor y los niños tirarán el chubasquero y tomarán cubo y pala. Y el padre descansará esa noche de la larga jornada playera en la mesa de un “chigre” con un culín de sidra. Sin agobio. Mirando al cielo por si al día siguiente el “gallego” hace de las suyas y hay que organizar una excursión.
Distintas maneras de vacacionar. Afortunado país en el que puedes elegir entre la inmensa algarabía del Sur y la fresca placidez de los veranos del Norte.

                                                                                            
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)