12 de octubre de 2017

UNOS Y OTROS

Nos han intentado convencer de que la política en general es un servicio al ciudadano, y el político, por tanto, alguien que, de alguna manera debe ayudar a que la vida en común sea más fácil, y los problemas menos complicados y resueltos con cierta facilidad. En ese sentido la vida de una ciudad, por ejemplo, la nuestra, habría de ser una balsa de aceite o un paraíso jaujiano  cuales quieran que fuesen los políticos de turno.
En Marbella, desde los ignominiosos tiempos del alcalde vendedor de pisos y etc… han habido y hay dos formaciones políticas predominantes, juntos a algunas más que se han agregado en los últimos tiempos: P.S.O.E y Partido Popular, en compañía O.S.P,  Izquierda Unida y Unidos Podemos en las últimas elecciones.
El partido Socialista ganó estas últimas elecciones y formó un extraño cuatripartito con las arriba pequeñas citadas. Después de dos años de gobierno el P. P. y Opción Sampedreña optaron por una moción de censura al P.S.O.E. y acabaron haciéndose con el gobierno de la ciudad. Hasta aquí todo dentro de la legalidad conocida.
Desde la desaparición de Gil y la vuelta a la más estricta forma de gobierno, los dos partidos mayoritarios andan mirándose de reojo entre si a ver como puede el uno al otro pisarse, hacerse “pupa”, y en definitiva comerse un terreno que ambos, desde fuera y desde dentro creen poseer en exclusiva.   Me explico.  No hay un día ni los hubo en el pasado en el que el partido gobernante y el de la oposición no se tiren los trastos a la cabeza en los medios de comunicación, charlas, conferencias y demás actos sociales.


El que manda porque achaca todos los males que encuentra a sus anteriores colegas. Y el que oposita porque observa lo que va realizando el mandatario como negativo y lleno de errores. “Nosotros hicimos más y mejores cosas”, dice uno. “Solo con nosotros está consiguiendo el Consistorio realizar lo importante”, dicen los otros.
Observen, por favor, alguno de los medios que ofrezcan noticias del Ayuntamiento. Ejemplo último: El portavoz municipal del P. P. afirma que la delincuencia con el Partido Socialista había subido en Marbella y San Pedro. Un concejal socialista le exige que se retracte porque, según él, habían bajado. Uno y otro se acusan entre sí de tomar la mentira por bandera. El anterior alcalde socialista afirma igualmente que el Partido Popular se está negando a ejecutar proyectos que estaban ya presupuestados porque llevan el sello del P.S.O.E.
Podía seguir poniendo ejemplos ad nauseam. Pero creo que se los imaginan.
Recuerdo de golpe una de las viñetas del genial Quino con Mafalda, y parafraseándola, escribiría que si esta es la línea general de la democracia de partidos…pues paren el Ayuntamiento, que yo, como Mafalda de su mundo, me bajo.
No hay cosa más aburrida y desalentadora que ver de continuo a los partidos que han de turnarse en la gobernación de un lugar, sea este, nación o ciudad, perdiendo un tiempo precioso que deberían utilizar en solucionar los innumerables problemas que tenemos,  intercambiando ultrajes, críticas, comparaciones absurdas, desafecciones personales y rencores ante los ojos y oídos de ciudadanos que nada pueden hacer más que mirar para otro lado y resignarse.
Y es que, esa es otra cuestión que deberían sopesar: Si piensan que con la retahila común del “Tu peor que yo” o Yo mejor que tu”, consiguen algo por parte de los ciudadanos votantes, están muy, pero que muy equivocados. No hay nada que fastidie más que el engaño, y el hombre y mujer de la calle, es menos tonto de lo que a veces quisieran que fuésemos.
Señores políticos de uno y otro lado: Limítense a cumplir con su obligación de hacer la vida del municipio más agradable. Encaren los problemas de frente. Y dejen que seamos los de afuera quienes juzguemos su actuación al final. Por favor no pierdan el tiempo.

                                                                                               
Ana  María Mata   
(Historiadora y Novelista)

10 de octubre de 2017

LAS MIL CIUDADES

(Artículo publicado el 9 de octubre de 2017 en la columna "La ciudad  invisible" que el autor tiene en Diario Sur Marbella)

Quien les escribe periódicamente desde esta columna es arquitecto y, por si no lo he aclarado antes, el título es un homenaje al gran Italo Calvino y su libro “Las ciudades invisibles”, donde el viajero Marco Polo expone al rey de los tártaros Kublai Kan descripciones de ciudades fantásticas a modo de pequeños relatos. Desde mi humilde colaboración como opinador de lo que acontece en nuestro municipio, me siento como ese Marco Polo que les ofrece pequeños cuentos sobre las diferentes ciudades que me encuentro. Todas son la misma urbe, pero se nos muestra con mil caras según se mire o según el momento.
Una ciudad de grandes desequilibrios sociales, calificativo malsonante, pero que implica que hay espacio para todos. Grandes fortunas que poco se dejan ver, sin deseos de protagonismos pero valedores de una ciudad de ensueño,  multimillonarios de dudosa reputación que gustan de la exuberancia y un lujo al que adoran; una clase media trabajadora que hace de argamasa de este modelo de ciudad siendo el principal eje conector entre los extremos sociales, bien como empresas de servicios profesionales, bien como empleadores de mano de obra; clases sociales con déficit de recursos económicos que subsisten en equilibrio inestable según la rueda de la fortuna, pero sin perder nunca la dignidad. Entre medias, múltiples capas que configuran una sociedad plural que dan vida a una ciudad de contrastes donde todos tenemos cabida.
 Una ciudad de la alegría, de eterna juventud, donde se reciclan los tiempos para volver a ofrecernos exitosos momentos del pasado. Como ejemplo la Marbepop, un evento que impulsa a las nuevas bandas musicales locales junto a otras consolidadas bajo una magnífica organización que logra reunir cada año a la gran familia marbellí, en esta ocasión en un ambiente idílico como es el Parque de la Represa, con la Concha de telón de fondo. El Parque de la Constitución también asume su papel dinamizador recuperándose del ostracismo, demostrando como, además de jardín botánico, sirve de entorno magistral para eventos sociales como han sido este año el Irish Music Festival o el Oktoberfest.
Ciudad de acogida, donde quienes la visitan se sienten tan cómodos que acaban quedándose. Foráneos llegados de todas partes, que se agrupan por zonas según se asentaron sus primeros compatriotas, unos del norte de Europa otros del norte de África, de Hispanoamérica o de Asia. Unos en Marbesa otros en Puya, Sierra Blanca o Guadalmina. Todos forman parte de la Marbella de acogida, en equilibrio existencial pero escasa convivencia social.
Ciudad del turismo, la más conocida y la que nos da reconocimiento mundial. Centrada fundamentalmente entre los meses de junio y septiembre, espera poder ampliar su oferta hasta cubrir todo el año potenciando otros atractivos a parte del sol, playa y golf, como puede ser su entorno natural, su patrimonio o su gastronomía. Grandes oportunidades que están a la vista pero carecen de empuje institucional. Todo llegará.
Ciudad residencial, siendo este un aspecto turbulento al cruzarse los intereses realmente habitacionales con los inmobiliarios y su adjetivo especulativo. Lugar inmejorable para vivir, con un clima envidiable y el sol como compañero habitual en un entorno natural enmarcado por Sierra Blanca que corre el peligro de ser demasiado domesticado.

Vivimos en mil ciudades concentradas en una, que nos enamora, nos provoca o nos hipnotiza, siendo esto último lo más habitual y, tal vez por ello, la causa de que los ciudadanos de estas ciudades invisibles vivamos en esa eterna pasividad más propia de habitantes del paraíso terrenal.


 Arturo Reque Mata
Arquitecto

26 de septiembre de 2017

LOS DEMÁS

Mientras no se demuestre lo contrario España es un país habitado por 46.528.966 personas de las cuales 7.441.716 son catalanes. Datos demográficos que utilizo como introducción simple de este artículo que leen. Acudo a los números para demostrar con cifras la situación en la que unos cuantos (en términos relativos) han decidido por su cuenta y riesgo colocar a unos “muchos” que asistimos entre indignados y bastantes hartos a esta posición indeseada, que resulta además de un agravio comparativo evidente, una forma de hostigar a quienes lo único que pueden achacar es compartir un mismo suelo geográfico.
Cataluña es una comunidad autónoma con prerrogativas distintas a las otras por causas muy cuestionables en las que no voy a introducirme.  Sea como sea, esta Comunidad parece que quiere dejar de ser solo eso y convertirse de “motu propio” y sin aclarar con fidedignas razones, en Nación independiente y soberana.
Son muy dueños los señores catalanes de querer ser independientes, más ricos, más inteligentes, y hasta más guapos que nadie. Como si quisieran ser los primeros en llegar a Marte o la Luna. Los deseos no pueden ser prohibidos en cuanto deseos, porque están en el interior de la amigdala o el epitálamo  de cada ser y hasta ahí nos es imposible llegar. Lo que no es admisible es involucrar a un país en su demencia y arrastrarlo día a día a un revolcón de noticias cada una más desquiciada que la siguiente sin que dentro de ellas haya hueco para nada más que no sea el llamado problema catalán.

Por tierra mar y aire, o sea, por cualquier medio de comunicación, desde los clásicos a los digitales, machaconamente y cualquiera que sea la hoja del calendario que arranquemos, lo único que tiene entrada son las mil maneras que están pergeñando para construir un soberanismo que les rebasa ya, pero que como fanáticos se han obstinado en mantener.
No hay derecho. Como ciudadana vulgar y corriente me siento afectada por esta discriminación noticiera, esta avalancha de imágenes, este exagerado tiempo perdido para otras causas en las que el país está inmerso y que parecen haber desaparecido por arte de magia.
¿Es que acaso se acabó el paro en España por decreto ley? Es que la Sanidad no tiene problemas de envergadura, o la Educación los suyos? ¿Se ha acabado la corrupción de un manotazo, los problemas en la Justicia o los demás menesteres que hacen de un país un lugar fiable?
Para algunos que ilusamente llegamos a creer que Cataluña era sinónimo de modernidad, la puerta de España a Europa, aún nos resulta increíble el grado de provincianismo que están alcanzando al utilizar incluso su propia cultura para levantar murallas y crear fronteras, inoculando en niños y jóvenes en colegios e institutos de forma deleznable el odio a España y al resto de españoles. No les importa tergiversar la historia, crear mentiras, hasta el punto de dar lugar a una sociedad enferma que recuerda a la creada por los nazis en Alemania, con el desprecio y odio al contrario a favor de sus intereses.
No entiendo como partidos de izquierdas defienden el movimiento secesionista cuando estos movimientos se basan en teorías supremacistas o insolidarias. El Nacionalismo en la actualidad es una idea retrógrada que retrotrae al hombre a la aldea de la que salimos para llegar al mundo global en el que Europa se mueve.
No entro en el análisis de lo más elemental. Y no lo hago porque imagino sin temor a equivocarme que la inmensa mayoría de los asaltantes y fanáticos independentistas de a pie tampoco se lo han preguntado. Pero solo anticipo una pregunta ¿Cuáles iban a ser las vías de desarrollo de una Cataluña fuera de España y de Europa? ¿Quiénes habrían de ser sus compañeros de viaje?
Pero si quisieran saber la última cosa que quiero expresar, les diría que aparte del fastidio que supone tenerlos todo el día encima del noticiario, el resto de sus asuntos se queda para ellos.
Si ellos quieren separarse, me temo que “los demás” estamos ya cansados y lejos de sus problemas. Amor con amor se paga.

                                                                                           
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

11 de septiembre de 2017

DE NUEVO A ESCENA

El espectáculo comienza de nuevo. En el teatro fijo con sede en la Plaza de los Naranjos se abre una nueva temporada sin que la compañía anterior acabase voluntariamente sus funciones. Actores principales y protagonistas secundarios cedieron, sin embargo sus trastos a los nuevos con reconocida elegancia por parte de ambos.
De nuevo tenemos en escena a los antiguos intérpretes dispuestos a escenificar cuanto haga falta en tragedia o comedia para alimento espiritual del pueblo soberano. Se abre el telón, por tanto, con viejos temas inacabados que en un principio podrían aburrir al personal. Tomasi de Lampedusa decía en el “Gatopardo” que “a veces hay que cambiar todo para que nada cambie”. Desalentadora frase que ronda por la mente del ciudadano como una antigua espada de Damocles. Y es que cambiar collares es tarea fácil pero no lo es tanto el verdadero cambio de quienes lo llevan en el cuello.
Hay mucho que hacer. Siempre hay mucho que solucionar en un Ayuntamiento como el nuestro donde tantos asuntos parecen eternizarse y dormir el sueño de los justos. Sería de agradecer que el principio de esta nueva-vieja hornada no supusiera dar a al traste con lo poco o mucho realizado en los dos años de escenificación política anterior. Agradeceríamos por ejemplo la misma  trasparencia en las actuaciones y la sencillez y campechanía de alcalde y concejales. El trabajo realizado en calles y avenidas en relación con el saneamiento. El interés en zonas como Las Chapas y su entorno, así como en otros lugares deprimidos de la ciudad. Loable. No tanto como la cuestión de la limpieza o la seguridad, o el asunto de las playas, tema sistemáticamente encajonado.
Los nuevos representantes de la ciudadanía, la mayoría viejos conocidos, saben de sobra las necesidades urgentes y primarias. Esperamos que en esta tercera, creo, ocasión, la aborden de acuerdo al orden que ellos consideren, pero tomándoselas en serio y con premura.
No puede esperar mucho, por ejemplo,  el asunto del Francisco Norte. Da vergüenza ver lo construido, inane. y estropeándose cada día más. Imposible entender la tardanza en poner en servicio un campo deportivo tan necesario. Como también avergüenza el asunto del tanatorio, imprescindible, y siempre relegado. O las bibliotecas que Marbella no se puede permitir obviar, porque nos coloca a una altura cultural infame.

Claro está que temas como el Hospital Costa del Sol o el Puerto de la Bajadilla son objetos de interés general sin que sepamos del todo las causas de la dejadez en su resolución. Igual que absurdos espectadores a los que engañan en una función tantas veces voceada nos sentimos cada vez que sale a relucir algunos de ellos. No digamos el asunto del tren, engaño repetitivo de cada gobierno, utopía propagandística, demagogia fácil.
O los espigones, esos brazos al parecer tan necesarios que son la comidilla de todo aquel que llega en verano preguntándose donde hay una playa decente.
Sepamos que en esta ocasión la tenencia de Alcaldía de San Pedro comienza a funcionar y ello tendrá consecuencias destacadas. No por nada menos hubiera firmado la paz el sin par Piña con su antagonista Muñoz de tantos y tantos clamores en plenos municipales. Dicen que las delegaciones de Marbella tendrán su correspondiente desdoblamiento en San Pedro…con el gasto que ello supone y el difícil trabajo de ajustamiento entre ambos.
No va a ser  fácil gobernar y unos y otros lo saben de sobra. Pero lo que los espectadores del nuevo “Teatro” esperamos no volver a visualizar son  los enfrentamientos verbales y de todo tipo entre una y otra parte de este “dúo,”no sé si dinámico, pero al menos estratégico para ambos.
Marbella necesita urgentemente un Consistorio sólido y que esté a la altura de la imagen que quiere dar al exterior, la famosa “marca,” cuyos contenidos y activos deben ser objeto de una cuidadosa atención municipal.
Hay expectativa y miedo. Confiemos en que el corto espacio de tiempo de esta legislatura acabe al final en un Allelluia y no en el tan acostumbrado Requiem.
                                                                                            
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista) 






28 de agosto de 2017

LAMENTABLE DESCOORDINACIÓN


Confieso mi falta de interés por el proceso soberanista. Que, desde Felipe V y las pretensiones del Archiduque Carlos se opusieran los catalanes al primero en favor del segundo, y en vista de los resultados se declarasen -al menos en deseo- contrarios al estado español, es una cuestión particularísima entre ellos, que al resto de España o nos deja fríos, o estamos en sus antípodas, por muchas amenazas que el flequillo abundante del señor Puigdemont haga casi a diario.
Mientras vayamos juntos lo que allí ocurra nos envuelve al resto del país para lo mejor y lo peor. Por desgracia los últimos acontecimientos han significado una enorme tragedia a la que nadie puede mirar con desdén, sino con ojos de horror y de piedad.
Debido a ello, el más somero análisis de los hechos muestra acciones de descoordinación lamentables que hoy mueven mi pluma a desarrollar como algo casi incomprensible.
Hasta en dos ocasiones los Mossos rechazaron la petición de la Guardia Civil para inspeccionar la casa de Alcanar. Ante la duda de la juez de una simple explosión por manipulación de elementos para fabricar drogas, conclusión esta de la policía autonómica, la negativa a que los expertos de la Benemérita dieran su opinión, resulta sangrante. Y en el caso concreto del Imán de Ripoll, la cadena de fallos ha sido garrafal. Desde el juez atendiendo a argumentos huecos hasta el abogado defensor que expresó literalmente que “no parecía un integrista porque iba en vaqueros”, todo parece una conjunción diabólica a favor del citado Imán. De otra parte, en los ficheros de la Policía Nacional constaban los vínculos del tal Satty con un entorno radical salafista en Bélgica.
Los días posteriores a la masacre han puesto en evidencia la falta de coordinación policial y el pulso soberanista en Cataluña en la prevención e investigación de la desgracia. No olvidemos que los dos sindicatos mayoritarios en Policía y Guardia Civil emitieron un comunicado conjunto para denunciar que se les había impedido servir a los ciudadanos para que la Generalitat diera imagen de Estado Catalán autosuficiente.

 Nadie en su sano juicio comprende que hoy, cuando las diversas naciones del mundo se alían entre ellas para reforzar la lucha antiterrorista, en nuestro país ocurran estos desmanes que debería avergonzar al catalán moderado y que conserve aún su propio criterio fuera del partidista y casi aberrante del abducido soberanista.
La vida de un ser humano es demasiado valiosa para interponer entre ella y el rigor absoluto de investigación y procedimientos policiales el matiz subterráneo del nacionalismo contumaz.
Hay que ser muy cerril para aplaudir gestos como los escritos arriba, la pugna por conseguir medallas en un lado u otro, en lugar de una unión sin fisuras para intentar el mayor tipo de seguridad posible. Es cierto que los únicos asesinos son los terroristas, los que realizan los actos flagrantes y quienes les ayudan a llevarlos a cabo, pero no estaría de más que todos los ojos avizores de cualquier cuerpo del Estado estuviesen vigilantes las veinticuatro horas del día.
Como ciudadana corriente, me duelo de estas fisuras entre nuestros guardianes del orden y me resulta absolutamente increíble que en una ciudad como Barcelona, a la que tenía como abanderada de la lógica y del modernismo más audaz, se den estos casos, de consecuencias tan dolorosas, y al mismo tiempo como extraídos del Medievo, de las luchas gremiales, y tan anacrónicos como si estuviésemos hablando de una ciudad feudal en deuda con su señor.
No estaría mal que los adalides de la independencia repasasen después de los hechos su estado ético y moral.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

13 de agosto de 2017

TURISTAS GO HOME

Puede ser, como algunos afirman, una moda efímera, creada por quienes necesitan protagonismo irritante al costo que sea. Los mismos que creen encontrar en sus manifestaciones abruptas y descontroladas un sentido político que legitime su estupidez más allá del propio absurdo de la mayoría de sus conceptos e ideas. Crear conflictos ha sido desde antiguo el medio utilizado por quienes no poseen argumentos sólidos e inteligentes con los que avalar su causa.
Puede ser eso, algo muy similar a las rabietas del niño enfurecido por la falta de atención. Más, la irracionalidad de la causa no excluye los efectos que pueden llegar a producir. La insensatez de arrojar piedras en el propio tejado con las consecuencias que de ello se deriven. Y aunque esas consecuencias afecte en sumo grado a los mismos que las provocan. Así de estúpido suele ser a veces el género humano.
España llegó tarde a la llamada Revolución Industrial que a comienzos del siglo XIX tuvo lugar en Inglaterra, expandiéndose  luego por el centro de Europa. Y cuando la alcanzó, solo algunas regiones como el País Vasco y Cataluña se beneficiaron de ella. El resto del país malvivía por entonces de la agricultura y el ganado. Ese retraso,  complicado al paso del tiempo por sus problemas políticos, entre los últimos la guerra civil, hizo que fuésemos una tierra minusvalorada por el continente europeo como lugar de un cierto subdesarrollo. La Historia es dura, a veces, pero no tiene vuelta de hoja.
Y de pronto, como regalo de dioses o feliz e inesperado azar, aparece en el horizonte aquello que nos faltaba y nos hace importantes a los ojos ajenos: algo llamado Turismo, un rey Midas disfrazado de Alí Baba o de Reyes Magos, según prefieran, que nos mira con ojos deslumbrados y afirma que nuestro clima, nuestros monumentos y hasta nuestra gente, merecen atención especial.
Acababa de nacer la que sería la industria más importante del país, el dios Turismo, al que debemos el haber salido de la escasez, la apertura de mentes por el contacto con ideas nuevas, el desarrollo de los años sesenta y posteriores  y la subida de la autoestima, que nos hacía tanta falta. Hasta el Régimen -¿recuerdan?- aprovechó el tirón para promocionarse: “España es diferente”, decía el slogan con el que quisimos decir en verdad que éramos únicos, más guapos, mas listos, y más todo que quienes picaron y se transformaron en nuestros primeros visitantes y turistas.
Por fin teníamos algo por lo que ser deseados más allá de nuestras fronteras, sea lo que fuese ese algo. Y de ello empezamos a vivir. A mejorar. A llenar las arcas estatales de divisas. A comprarnos coches y salir del provincianismo de la postguerra.

Nos ha dado resultado hasta el momento actual, en el que, es cierto que el éxito puede llegar a ahogarnos. Pero solo son necesarias medidas exactas, no bajar la guardia y cumplirlas a rajatabla. Las situaciones grotescas y hasta vandálicas que han tenido lugar en Palma de Mallorca, Cataluña, o las originadas en Puerto Banús, han de ser, primero vigiladas y luego sancionadas y castigadas con todo el peso de una ley que está para ser cumplida, no de adorno. Es responsabilidad de los Ayuntamientos y de las autoridades el mantenimiento del orden en todos sus aspectos. Si es necesario aumento de policías, el Estado debe saber cual es su papel en este delicado asunto, sin que valgan excusas ni cortapisas en este sentido.


La “turismofobia” es el error más grande que pueda cometerse. España es un país eminentemente turístico y destrozar su principal medio económico solo puede ocurrírsele a quienes igualmente quisieran destrozar otras muchas cosas que llevan incluidas en su ideario político. No hay que dejarles actuar, porque una sola manzana pudre el cesto.
Los jóvenes airados que parecen divertirse con los gestos anti-turistas, deberían reflexionar por un solo minuto, si no es pedirles mucho: ¿Quiénes pagarán si nos quedamos sin ellos, la Sanidad, los colegios y las prestaciones sociales? …
Tal vez no les vendría mal a algunos de ellos volver al campo. De sol a sol, como en los viejos tiempos que no han llegado a conocer.
                                                                                               
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista) 










      

1 de agosto de 2017

VACACIONES

A partir de que Adán cometiese la estupidez de aceptar la manzana de Eva,  los humanos fuimos castigados a ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Dícese a trabajar en lo que encontrasen. Pero Dios tuvo que descansar el séptimo día, y gracias a ello surgieron las vacaciones. El hombre necesita desconectar de alguna forma de la rutina embrutecedora. Las vacaciones son ese elemento enriquecedor en el que puede salir al exterior el niño que nunca hemos dejado de ser.
No todo el mundo se divierte de igual modo, y España, nuestro desgarrado país, posee en su geografía tan variopinta múltiples maneras de hacerlo. Desde quienes buscan el sol achicharrante hasta el ampuloso verde con su engañoso chirimiri, es increíble la diversidad de placeres que podemos encontrar.
Como acabo de llegar de las humedades norteñas, permítanme la confianza de exponer las enormes diferencias entre dos semanas en el Sur o las mismas en el Norte. O lo que es muy similar: entre la tranquilidad y el desasosiego.
Al Sur y el Este español se va a dejarse llevar por un ritmo desenfrenado de estímulos, empezando por el que implica la tostadura de la piel a niveles etíopes, en playas que recuerdan novedosos campos de exterminio corporal, para seguir con lugares donde hay que caminar de perfil porque el espacio se transforma en valores de cambio. Al simpático ruido infernal-nocturno, más el producido por coches que vociferan al unísono mientras tratan de llegar a donde sea con el cabreo incluido, se unen  las amables colas para conseguir una  cerveza o un gin-tonic tras haber peleado por el mínimo lugar para tomarlo.

Están también los que buscan algo de glamour y vacían la cartera en el restaurante de moda donde impere la “petite cuisine”, porque eso es lo que viste y da esplendor. Están los jóvenes vocingleros que arrasan por donde van, entre la cocaína barata y el botellón para colocarse. Todo eso y más lo produce el calor y las noches almibaradas de perfumes embaucadores. El sur es un torrente invasivo. Un volcán para los sentidos y la mente. Una embriaguez total.
Por su contra, el Norte es el embrujamiento del paisaje y el placer de la aventura. A escoger. Nada bravo persiste en él más que su oleaje y la altitud de sus montañas. Entre desfiladeros de infarto por los que ríos caudalosos discurren compitiendo con la vegetación, apabullante, casi selvática, misteriosa en sus profundidades, ágil en los picos de rocas grises y rojizas, casi infantil en las orillas, hasta la versatilidad de su mar, líder y dueño absoluto de sus mareas, el Norte es el panteísmo hecho realidad, la  Naturaleza al descubierto, reina y señora de quienes tienen el atrevimiento de hollarla. Y hay quienes lo tienen. Alpinistas arriesgados, senderistas gozosos, piragüistas osados, submarinistas, pescadores, jugadores de palas…y personas decididas a beberse el verde a borbotones, a dormir con edredón, a pasear sin agobios y dorarse menos pero en playas extenuantes de arena blanca y radiante como una novia primeriza.

La calma es la compañera firme de un verano donde el único ruido posible es el susurro del chirimiri, el producido por hojas de árboles al caerles el agua.
No se adora el sol, pero se le espera con nervios contenidos. Porque si sale, el brillo del verde es mayor y los niños tirarán el chubasquero y tomarán cubo y pala. Y el padre descansará esa noche de la larga jornada playera en la mesa de un “chigre” con un culín de sidra. Sin agobio. Mirando al cielo por si al día siguiente el “gallego” hace de las suyas y hay que organizar una excursión.
Distintas maneras de vacacionar. Afortunado país en el que puedes elegir entre la inmensa algarabía del Sur y la fresca placidez de los veranos del Norte.

                                                                                            
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)

9 de julio de 2017

IGNORAR LAS RAÍCES

La base de la existencia está en el conocimiento. El ser humano va adaptando su vida a cuanto el cerebro le muestra y le da a conocer mediante un complejo sistema de neuronas, dendritas y sinapsis. A través de ello el mundo aparece como algo interesante que merece la pena descifrar. Y el placer de algo descifrado produce, en ocasiones sentimientos múltiples, en general de apego a lo que acabamos de vislumbrar.
No se puede amar lo que no se conoce. La necesidad de saber más sobre algo que alerta  nuestra curiosidad es la base de toda sabiduría. La ignorancia lo suele ser del fracaso. Una encuesta realizada los meses pasados en distintos colegios de nuestra ciudad ha dado como resultado un hecho tan claro como triste: Un tanto por ciento muy elevado de los encuestados, estudiantes de grados diversos, tenían una ignorancia total sobre la Historia y el Patrimonio de Marbella, la ciudad en la que viven, y de la que muchos son nativos.
Preguntados acerca de diversos lugares emblemáticos y hasta tradicionales, su ubicación y su origen, dieron una respuesta negativa, desconociendo su existencia y el lugar que en la Historia de la misma han desempeñado.
Quien esto escribe, que ha dedicado parte de su vida a la divulgación de dicho Patrimonio, sus tradiciones, costumbres, lugares, habla y demás riquezas que nos son propias y diferenciales, sintió al leerlo una profunda tristeza no exenta de un alto grado de impotencia e indignación.
Es comprensible que, dado la distinta procedencia actual del profesorado, el docente no conozca al llegar detalles de la Historia del lugar a donde llega y por lo mismo, la cantidad de riqueza patrimonial que dicho lugar alberga. Pero ahí acaba la justificación. Me parece necesario, y lo escribo sin eufemismos, que dicho docente se informe en el menor tiempo posible de este apartado de un “temario” quizás inexistente, pero indispensable a la hora de afrontar el enriquecimiento cultural de sus alumnos. ¿Puede alguien explicarme como va un niño o joven a comprender más tarde el Arte del Renacimiento o del Barroco, las riquezas de Florencia o Roma, si no sabe antes todo lo trascendente, históricamente hablando, que tiene a su alrededor?
Los nefastos, aunque múltiples,  planes de enseñanza en Educación, unido a un pelín de dejadez por parte de un profesorado mal tratado  y sin motivación, dan lugar a estas tristes consecuencias en  nuestros hijos y nietos. En el caso concreto de la encuesta, creo que algunos colegios tenían en su poder un estupendo libro sobre el tema que la Asociación Marbella Activa ha creado, precisamente para intentar paliar estas carencias.
 Hace falta abandonar la abulia en las aulas, y la excesiva tecnificación, que sin ser dañina, puede ocupar lugar y peso demasiado apabullante en el colegial.

Nadie propugna que el niño no estudie Matemáticas, Informática, Ciencias o Lenguaje. Sin embargo, el rechazar las Humanidades, o relegarlas, por poco prácticas en la vida diaria, está llevándonos a formar cerebros uniformes y aleatorios, cuya única preocupación en su vida futura será enriquecerse a cualquier medio. Y si así nos va, no entiendo por qué no se toma cartas en el asunto de una vez por todas y tratamos de formar seres pensantes con amplio caudal de conocimiento en Historia, Arte, y cualquiera en la línea de las llamadas Sociales.     
Los viejos historiadores quisiéramos pasar el relevo a jóvenes interesados porque no se pierda todo el Patrimonio que nos pertenece por derecho y al mismo tiempo seguir con lo que debía ser una cadena de transmisión fructífera y apasionada.
Conmino también a las familias, especialmente a los padres a que se interesen un poco más por esta riqueza de la que hablo. Que pregunten a sus hijos, indaguen y miren a su alrededor. No hemos surgido por generación espontánea. Tenemos a nuestra espalda una bella historia de pueblos que pisaron esta misma tierra y nos dejaron huellas como los mosaicos de Río Verde,  las ruinas del Castillo, o la Pila Bautismal visigoda.
Se ama lo que se conoce. La ignorancia es el camino a la estupidez.

                                                                                                          
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

25 de junio de 2017

JORNADAS DE ALTA LITERATURA


Algo así como el maná que los hebreos recibieron, caído del cielo. Como un regalo inesperado en momentos en que la sequía cultural amenazaba con destruirnos. De esa manera hemos recibido las jornadas que, bajo el título general de “La ficción de la Historia” se han celebrado en el Instituto Río Verde en varias semanas de mayo y junio.
No han sido unas jornadas corrientes. Han alcanzado una envergadura y calidad literaria tan alta que no puedo menos que escribir estas líneas en agradecimiento a quienes las han promovido y para que quede testimonio del logro tan importante que la Fundación Banús y la mujer concreta que lleva estos temas, la profesora Carmen Díaz, han conseguido trayendo a personajes casi míticos en el ámbito del libro, de la novela y de la historia.
Es difícil conseguir a unos primeros espadas de las letras como son Juanjo Armas Marcelo, Jorge Edward, Héctor Abad, Antonio Muñoz Molina y Fernando Aramburu.
Cada uno dentro de su casuística y estilo, fue un  placer oír por unas horas a estos hombres desgranando su sabiduría a un público tan mayoritario como entregado; y la relación tan fructífera que establecieron entre dos conceptos, a veces, encontrados, pero que ellos han hecho coincidir en sus respectivas novelas, resultó un gozo de los que pocas veces se alcanza en estos derroteros, variantes y peliagudos a veces, de la literatura.
Me centraré en los dos últimos con los que confieso tener  una afinidad rayando en el fanatismo, producto de mucho libro leído bajo su autoría, y un amplio análisis desde mis pobres coordenadas de lectora contumaz y reflexiva.

Muñoz Molina es, además de Académico y poseedor de cuantos premios se conceden en España, hombre digno de interés por algunas de sus cualidades personales. Para mí, la primera será siempre su coherencia. Desde los lejanos tiempos en los que nos llevó con un velo de misterio y música de jazz a enamorarnos de Lisboa, pasando por el triunfo “Planetario” del Jineta Polaco y las veleidades de Beltenebros, mezcladas con las inmensas Ventanas de Manhattam y Sefarad, para llegar a Todo lo que era sólido y especialmente a la que desmenuzó en su charla, La Noche de los Tiempos, M. Molina no ha travestido su punto moral ni su línea ideológica lo más mínimo. Sigue siendo, en las novelas y –creo que en su vida- el joven de Úbeda cuyos pies continúan anclados en las rojizas tierras del  pueblo jienense.
Sosegado, cercano, con una humanidad que le desborda, la conversación sobre los entresijos de cualquier historia, elaboradas con trozos íntimos de cotidianidad, jirones de pensamientos ocultos, y hechos a ras de suelo, fue literatura en sí misma de una calidad casi filosófica y trascendente. Tener acceso, aunque sea por instantes, a la brillantez de una exposición  tan personal, es un lujo literario y humano.
Junto a él, para acabar el ciclo, nos regalaron a Fernando Aramburu, el hombre del momento para los medios en literatura, feliz autor del libro más premiado y vendido del año, Patria, el mismo que desbrozó en la charla con dotes de persuasión tan elevadas como su capacidad de concentrar lectores y oyentes.
Aramburu es un escritor herido en sus raíces por el problema que su tierra abarca desde hace la tira de años, el terrorismo criminal que no ha cesado de ensangrentar Euzkadi mientras él crecía bajo la alarma de los tiros y explosiones casi cotidianas. Su explicación personal de la necesidad de poner en papel el drama que tanto le conmovía, 
fue sentida y auténtica, como lo son sus personajes en esa novela radical y humana hasta límites increíbles.
Anteriormente, en su otro libro, Los peces de la amargura, ya avanzaba el destino de su prosa limpia y sensible. Aramburu es hombre con apariencia sombría y un interior transparente, buscador de libertades y mares abiertos, de mundos compartidos y necesidad de diálogo entre hombres y pueblos. El placer de oír sus palabras no tiene,  o tuvo precio.
Por todo ello, valgan estas letras apresuradas y todavía con el calor de las jornadas en la mente, para agradecer a todos los que las hicieron posibles .
Sería bueno y bonito que algunos otros se diesen cuenta de que cuando las cosas se hacen bien y con altura de miras, este pueblo, tan denostado a veces, responde. Todavía puedo oír y ver al gentío y los aplausos.
                                                                                                   
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista) 


14 de junio de 2017

FUERTE OLOR A PODRIDO

Se habla de ella generalmente para ensalzarla. Paradigma turístico, ensoñación vacacional y lugar deseado por quienes, sin conocerla, sueñan con ella como objeto de deseo. Emblemática entre sus colegas del litoral. Quizá por ello, también algo envidiada. Bello nombre. Excelente fachada anunciadora. Enigmática y a veces altanera…; imaginan ya a quien me refiero. Su nombre: Marbella. De profesión, su fama.
Nadie puede negarme que lo escrito arriba corresponda con más o menos exactitud a la ciudad nombrada, al lugar donde algunos hemos nacido y otros han decidido vivir. A un rincón del mundo que desde sus comienzos brilló con luz distinta, con algo diferenciador y relumbrante. Una constelación de personajes afamados, de títulos nobiliarios, de estrellas rutilantes se dieron cita en sus primeros años –llamados de glamour- para hacerla tan visionada como interesante.
No pudo la codicia de corruptos ni la estupidez de gerifaltes vergonzantes apagar la luz que proyectaba, aunque la oscurecieran momentáneamente. Tampoco la lejanía de mandatarios que decidieron abandonarla a su suerte sin invertir en ella. Ni la globalización social que hacía aumentar el turismo de gentío y de masas. Ha emergido una y otra vez, emisora de sí misma, ave fenix de todas las batallas.
Hoy me toca reflexionar sobre su destino. Acerca de una realidad que al parecer no hemos querido ver aún teniéndola delante de los ojos. A su contrafigura. A la otra cara de una moneda que sin duda está devaluando su momento actual. A un perfil que desearíamos no le perteneciera, pero por desgracia es tan suyo como el que nos muestra sus bondades. Porque ocurre que su interior alberga un fuerte olor a podrido. Tan fuerte que los sentidos expelen su contenido como la víbora su veneno. Fétido, vomitivo, mortal. No caben posturas de avestruz. Llamemos a las cosas por su nombre.
Puerto Banús, pudo ser nuestra insignia y contraseña en su momento. Le hemos dejado funcionar a su bola y se nos ha escapado de las manos. En las suyas enarbola cuchillos ardientes. Capitanea rincones concretos (calle del Infierno, es su nombre) donde drogas y navajas van unidas, prostitución y sexo, alcohol y cerebros enloquecidos, dinero y mafia en porcentajes superlativos.
Todo es posible en noches donde la visión se borra y el estupefaciente se adueña de jóvenes sin control. Crímenes por omisión e incluso por acción directa cuando los parámetros se pierden. Peleas entre personas a las que si se les arrimase una cerilla serían pasto del fuego, borrachos jóvenes y viejos sin más medida que la fuerza de sus puños enfermos.
Una ciudad amenazada por sus noches de terror. Por cuanto pueda suceder y sucede entre sus esquinas, detrás de barcos con grifos de oro y desconocidos pasaportes, a la sombra de los más caros modistos y de tiendas con Rolex de brillantes incrustados.
Calles en las que jóvenes inseguros creen hallar lo que no son capaces de buscar por si mismos. Donde la droga reina y se alimenta de neuronas equivocadas, de células que acabarán multiplicando su malignidad.
Un núcleo de locura que no queremos reconocer, pero que forma parte de lo más oscuro de nuestra ciudad, sin que nada parezca domeñarlo, ni nadie encontrar solución.
Escribo para que se sepa y soportemos cada cual la vergüenza de los actos que de allí procedan: autoridades, policías, jueces, padres…todos cuantos nos hemos sentido orgullosos de la ciudad y hemos puesto un vendaje en la mirada.
Un punto negro no debe enturbiar toda la belleza. Pero puede oscurecerla tanto que al final sea solo cieno o humo aquello de lo que queremos presumir.

                                                                                                    
Ana  María  Mata 
(Historiadora y Novelista)

6 de junio de 2017

EL BAÚL DE LA INOCENCIA

(Publicado en Diario SUR el 5 de junio de 2017)

Cada mañana la veo con su pequeño en brazos camino de la guardería El Pinar por una acera angosta y poco o nada adaptada para el carrito que empuja con la mano libre. Me cruzo con ellos cada mañana y, desde que observo su presencia al fondo de la calle, me generan un abanico de sentimientos positivos que me alegran el comienzo del día: Agrado de verlos aparecer a lo lejos un día más; afecto por la manera en que la madre interactúa con su pequeño, mostrándole lo que se van encontrando a su paso; admiración por la ternura con la que le habla y le abraza, y optimismo al ver que sigue habiendo personas que saben dónde está lo importante de la vida.
Todo ocurre en escasos segundos que son los que tardo en cruzarme con ellos pues yo lo hago desde mi coche (sí, he dicho en coche muy a mí pesar) mientras llevo a los míos –más mayorcitos– a sus respectivos colegios. Realmente no sé lo que le va contando a su hijo, es más, tampoco sé si es niño o niña, pero sí que me da tiempo a ver el brillo en sus ojos y la expresión de felicidad que me regalan cada mañana. Deberíamos ser capaces de retener esos pequeños momentos con los que convivimos cada día ya que dentro del mundo estresado en el que vivimos son como pequeños botes salvavidas repartidos por el océano tempestuoso en el que naufraga la sociedad.
Qué puede esperar esa madre para su hijo de un mundo donde la crueldad está a la vuelta de la esquina, donde se sigue deseando la muerte del que tiene tendencias religiosas diferentes, donde los atentados terroristas nos sacuden a diario, con gran repercusión mediática cuando es en Occidente pero con espeluznante asiduidad en los países de Oriente. Un mundo gobernado por mandatarios que todo lo ven desde el prisma del poder absoluto, donde priman los intereses propios basados fundamentalmente en el control económico y militar, demostrándose mutuamente su potencial armamentístico por si fuera necesario apretar el botón tras una amenaza por ellos mismos provocada (¿o negociada?). Intransigencia, egocentrismo, narcisismo patriótico,... Todo pende de un hilo para hacernos saltar por los aires.
Pero esta madre sigue abrazando a su hijo cada día ajena al descalabro mundial –¿o tal vez es una manera inconsciente de protección maternal ante las noticias que le han asaltado un día más desde los medios de comunicación mientras desayunaba?– y la veo señalando hacia el bosque de pinos del Vigil de Quiñones que acaban de cruzar, cómo le muestra el colorido intenso de las madreselvas y buganvillas que cubren los muros de las casas junto a la que pasan o le hace escuchar el sonido de los mirlos y palomas que aletean entre las sombras. Una especie de “mindfulness” casual que ayudará a que ese personajillo crezca educado desde la familia sobre los valores del respeto, la gratitud y el amor, así como en otros tantos que nos dejamos olvidados en el baúl de la inocencia.
Llegados a la etapa estival en la que nos saturaremos de visitantes –para bien o para mal–, y donde tendremos que convivir con el “estrés del turista”, se pondrá a prueba la paciencia de más de uno. Los que vivimos en esta ciudad tenemos la posibilidad de buscar esas balsas salvadoras entre los múltiples rincones que conforman nuestro entorno. Un paseo junto al mar y se produce la desconexión inmediata. ¿Lo has puesto en práctica en alguna ocasión?

Arturo Reque Mata
Arquitecto y columnista de Diario SUR Marbella


31 de mayo de 2017

EL SAINETE POLÍTICO NACIONAL


Aunque solo fuese por curiosidad me gustaría saber que opinarían el señor Arniches y los hermanos Álvarez Quintero de lo que nos ha tocado vivir a los españoles en este último tiempo, y si lo incluirían en la lista blanca o negra de sus famosos sainetes populares, aquellas obras tragicómicas que ellos tan bien representaron y consiguieron elevar a cimas altas en la línea del esperpento.
No me nieguen mis sufridos lectores que al menos una vez no han imaginado el país al completo imbuido en el interior de un gran teatro en el cual unos cuantos señores llamados políticos interpretan una obra estudiada, compuesta a la medida de sus posibilidades, y el resto asistimos con el rostro que podemos y nos dejan, a sus actuaciones más bien nefastas.
España se está convirtiendo en un enorme escenario donde casi a diario se representa la farsa de una época moderna y demócrata, con el beneplácito de sus actores por el cobro recibido y el pasmo e indignación de los espectadores, obligados a asistir a ella.
No encuentro otro símil mejor para representar con palabras escritas nuestra actual situación política y para colmo, con la sensación de que parece irreversible y fatídica.
Por supuesto que en el núcleo central de todo esto se haya el vocablo más pronunciado por el pueblo llano: la corrupción, que si fuese contagiosa (que lo es) se transformaría en pandemia endémica y casi mortal. Pero detrás de ella, asoman las orejas del lobo feroz llamado partidos políticos y sus garras disfrazadas.
A quienes de ustedes hayan seguido durante estos meses el reality de la desaparición de Pedro Sánchez y el aupamiento de Susana Díaz , les habrá divertido mucho observar las escenas finales en las que, el guapo dirigente socialista dice digo donde antes dijera diego, y aparece como la víctima inocente de un linchamiento anunciado. Observar también como el joven Ave Fenix aparece lentamente con su nuevo disfraz de moderado al que no le gustan sus compañeros de la izquierda y por ello no va a apoyar la moción de censura, a pesar de la pesadez infinita de su: “No es no”. Falta saber cual va a ser su actuación en las Cortes, además de la de “socialista de la nueva era”. Que lo explique, porfa.

No me resisto a contarles lo divertido que les resultó a mis nietos el autobús del señor Iglesias recorriendo calles y plazas como si de un tiovivo ambulante se tratara. Nuevas políticas, sí señor, esas son nuevas políticas y no las que pregona el elegante Albert Rivera, todavía con  chaqueta y corbata, sin enterarse de que al Parlamento hay que ir deportivo e informal.;algo así como si se fuese a jugar un partido de tenis, por ejemplo, pelotazo a la izquierda, pelotazo a la derecha…¡zás! Y a la tele rápido que es donde se forjan los políticos auténticos. También se puede ir en plan madre absoluta y entregada con la teta al aire por el amamantamiento. O a fabricar chistes y frases ingeniosas, hecho en el que el señor Rajoy se lleva la palma, con su habitual gracejo y guiño inquietante.
Entiendo, y espero lo comprendan, que a lo que no van a dedicarse a estas alturas es al solucionar problemas añejos y desgajados de lo que se lleva, como el problema del paro, o el de la Sanidad, y no digamos el de la Educación, tan pesado y repetitivo, siempre con lo mismo, niños, jóvenes, escuelas, médicos, hospitales…¡que antiguo, dirán ellos, que lejos de la postverdad. Lo esencial es tener iniciativas y buscar cosas nuevas, epatantes, de esas que se hacen virales en minutos y recorren los medios con presteza.
Porque, en conclusión, el teatro está en decadencia y los actores de nuestro sainete lo que hacen es planear obras originales que poder plasmar en Facebook, Twiter, Instagram o You Tube y que recorran el mundo en un silbido, dando muestras de nuestro alto índice o coeficiente intelectual.
Para eso están allí, confrontando ideas, pero, olvidados de que en el fondo, y por mucho que lo nieguen, lo que hacen, Arniches y los hermanos Quintero lo sabían desde antes y lo hicieron mejor.

                                                                                          
Ana  María  Mata  
(Historiadora y Novelista)

16 de mayo de 2017

ENCRUCIJADA DE RAZAS, CRISOL DE IDEAS

La comunicación verbal no es la única forma de descifrar la Historia. Ni tampoco la escrita, más valorada y testimonial a la hora de demostrar hechos realizados. Existe otra manera, quizás más sutil, menos ampulosa, para expresar la larga retahíla de sucesos que el hombre es capaz de protagonizar a lo largo de la gran estela de los tiempos.
Paradójicamente se llama silencio y en ocasiones es mucho más explícito. Porque hay cosas para las que el verbo resulta insuficiente. Acontecimientos imposibles de imaginar que únicamente podemos conocer si atendemos a oír a través del silencio de la piedra.  Cuando las piedras hablan, el corazón detiene su latido dispuesto a sentir el mensaje que transmiten. El sonido está profundamente inmerso en la vertical de su mampostería, la rugosidad de su basamento, la variedad y perfección de sus formas.
Cuando una ciudad habla en sus piedras, se trata de una ciudad mágica. El lenguaje que entre ellas se produce es una música oscura y penetrante que el visitante absorbe sin ser consciente de ella. Toledo es música pétrea de principio al fin. Serpenteada por el Tajo que parece acariciar sus orillas, la visión obtenida desde el Mirador del Valle es similar a una sinfonía de Mahler. Siente el viajero una vaharada de ocres y dorados que  semejan trigales en movimiento, mecidos por el gris puntiagudo de la catedral gótica, que junto al Alcázar presiden la majestuosa colina donde se acomoda esta ciudad única. No es que haya mucha historia en Toledo. Toledo es, la Historia misma, de España y casi del mundo en una época precisa.

Desde que la mencionara Tito Livio, como ciudad pequeña pero muy bien fortificada, un torbellino de literatura se ha escrito sobre ella. Derrotados los romanos, Leovigildo la convierte en capital de reino hispano-visigodo y a partir de la conversión de Recaredo, el catolicismo imprime su huella edificando iglesias y conventos bellísimos.
Con la decadencia de los visigodos entra a formar parte del Califato de Córdoba, momento en que el diseño de sus calles se vuelve laberíntico y casi salvaje. Momento también en el que permanecen en su recinto con cierta armonía la conjunción formada por tres civilizaciones, ya que la judía estaba desde tiempos anteriores. Convivencia pacífica que proporcionó un alto nivel cultural, plasmado en la muy elogiada Escuela de Traductores , donde los escritos eran pasados del lenguaje hebreo al árabe y al latín, traduciendo incluso del griego para llegar, en última instancia al castellano.
Es posible que este crisol de ideas llevara a sus creadores a intentar superar al rival en belleza y diseño arquitectónico. Puede que rivalizaran en materiales, que cada uno quisiera dejar huella en este maremágnum cultural y humano.
La antigua mezquita, transformada en catedral por Alfonso VI, tras la reconquista, es en sí misma símbolo del poderío artístico que alcanzó la ciudad, cuyos artesanos estaban considerados los mejores del mundo. La grandiosidad del gótico, lanzando hacia arriba el espíritu, sus columnas y sus arcos apuntados como flechas hacia el cielo, sus columnas como gigantescas palmeras de granito que, al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal, sus vidrieras coloridas, la minuciosa filigrana de su coro, el laborioso encaje de oro de su Custodia procesional…hace enmudecer al más flemático visitante.
Pero hay que guardar asombro para poder visitar sus sinagogas con la mente de un judío practicante, la serenidad de sus blancas paredes ornamentadas por cenefas con textos de la Torá, junto a la frescura de sus patios.
 Y hay que conservarlo también para enamorarse de la obra de El Greco, el cretense que alargaba sus figuras, puede que con idéntica intención de buscar la vertical de Dios, lo espiritual sobre la carne.
En lo más alto, el Alcázar, vigía perenne de una ciudad tan deseada como asediada en el transcurso de los tiempos. Para tenerlo todo, hasta un episodio flagrante de nuestra reciente historia está allí, intacto en sus paredes tiroteadas, en un teléfono negro que nos revela la crueldad de unas dolorosas palabras entre padre e hijo, la valentía convertida en la loca heroicidad del coronel Moscardó, en la defensa del Alcázar cuando todo estaba ya perdido.
Pisar las piedras de sus calles, que también parecen querer emular a las columnas catedralicias, siempre hacia arriba, con sus guijarros brillantes clavados en los sufridos pies, es alcanzar un estado entre gravitatorio y exultante donde poder cobijarnos cuando la mediocridad de nuestros días nos deprima el ánimo.
Sabemos ya que la magia habita en la ciudad bellísima que el Tajo envuelve.

                                                                                                     
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

15 de mayo de 2017

VIDA Y MUERTE DE UN CICLISTA

(A todos aquellos que se han quedado en el asfalto o que han sufrido algún accidente con su bicicleta provocados por un tercero imprudente)

Sí, me refiero esas personas que nos desplazamos sobre una bicicleta por tu (nuestra) ciudad o tus (nuestras) carreteras. Esas personas sobre las que descargas tu ira, tu estrés y tu falta de educación,  que querrías erradicar de la faz de la calzada –o de la tierra según algunos de vosotros–. Cruzarte con nosotros te provoca ese ataque de bilis que te amarga el día. Te hace aflorar  tu instinto más animal del depredador que, subido a su vehículo metálico de gran tonelaje, está por encima del bien y del mal. No hay quien te pare, pasas por donde quieras y cuando quieras, ¡eres el rey del asfalto!
 Si esta introducción te ha hecho hervir la sangre mejor que hoy no cojas tu coche ya que puedes ocasionar una catástrofe. Estás empezando a mutar hacia tu lado más peligroso y puedes hacer daño a alguien.
A los demás –espero que la mayoría, aunque cada vez soy más pesimista en este sentido– os pido sensibilidad, precaución y sentido común –también al colectivo ciclista, por supuesto–. Detrás de cada persona que decide utilizar una bicicleta hay tantas historias como usuarios. Todos tenemos familias, nuestros problemas y nuestras ganas de vivir. La bici nos ofrece una sensación de libertad difícilmente entendible por quien no lo ha experimentado. Por la ciudad, por la carretera o por el campo, sentir el aire en tu piel mientras te desplazas realizando un esfuerzo gracias a tus propias energías aporta un bienestar que recomiendo experimentar a todo el mundo. La vulnerabilidad hace que estés alerta de lo que te rodea lo cual supone implicarte con tu entorno, algo muy olvidado en la sociedad actual. De manera individual o en grupo, detrás de cada pedalada se mezcla, cual fórmula de alquimista, salud, alegría, sufrimiento, placer, ilusión, diversión y unas gotitas de ecología. Toda una contribución de energía positiva a este mundo endiablado.
Noto y comparto la rabia que sienten los amigos del CDC La Vereita –con los cuales he disfrutado de una preciosa ruta familiar por la Bahía de Málaga este fin de semana– tras las terribles noticias que se están sucediendo estos días con los tres fallecidos en Oliva, la muerte de Scarponi o el atropello múltiple de Tarragona. Y es que ellos mismo has sufrido entre sus socios accidentes que les han dejado importantes secuelas. Dando fe de la tensión que se vive, en la ruta mencionada, donde participaban niños, en un cruce, un señor conductor (lo más seguro que incluso padre de familia), intentó cruzar por en medio del grupo porque..., porque le daba la gana.
Son este tipo de actuaciones las que hay que corregir, las que debemos transformar mediante la educación, el respeto y la sensatez. Hacer ver a la sociedad que estamos para convivir y que todos tenemos nuestros motivos para disfrutar o incluso para tener un mal día, pero no podemos por ello obviar a los demás y pasar por encima. Por muy tópico que parezca los españoles somos impetuosos, prepotentes e irresponsables, y canalizar todo esto va a ser muy, pero que muy, complicado. Mientras pasan generaciones que diluya esa “mala leche” recomiendo prudencia y buen rollo, respirar tres veces antes de responder, y siempre que se preste, dar las gracias o pedir perdón.  Claro que esto mientras se pueda interactuar con el otro ya que si viene puesto de todo, borracho, trasnochado o simplemente despistado con el móvil puede que no haya ocasión más que para las lamentaciones. 
No me puedo olvidar de la Administración a la que hay que seguir pidiéndole que invierta en infraestructuras seguras para los ciclistas ya que cada vez somos más los usuarios y una apuesta segura para mejorar la calidad de vida de las ciudades.  No nos contabilicen como votos sino como vidas humanas.

Espero conciudadano haberte tocado al menos por unos minutos tu conciencia y veas a los ciclistas como a tu amigo, tu vecino o tu familiar que sale a dar un paseo y quiere que sea algo maravilloso, no una ruleta rusa en la que no sabe cuándo te tocará la bala.

Arturo Reque
Arquitecto
Presidente Asociación Marbella ByCivic

2 de mayo de 2017

EL PUEBLO SE PREGUNTA

Pido perdón a los puristas de la lengua por el uso de “pueblo” en lugar de “ciudad”. No es más que una metáfora intimista en la que deduzco que la nostalgia tiene mucho que ver. De vez en cuando me dan arrebatos recordatorios de un tiempo en el que nos llamábamos pueblo voluntariamente, a sabiendas de que los reyes muy católicos nos concedieron, previa cláusula legal, el título de Ciudad.
Marbella anda por estos días muy ocupada con el problema de sus playas. Los últimos temporales nos han dejado sin arena, después de haber rellenado todo lo posible para la Semana Santa. Y si el tiempo se enfada, habrá que repetir operación de nuevo, con el gasto y el trabajo que ello significa. Pero como de este problema leerán mucho en los próximos días por fuentes bien informadas, dejo a los profesionales este asunto y me centraré en otro que rodea mi cabeza cual mosquito tempranero.
Créanme que si entiendo poco y mal las muchas cosas que dejan de hacerse siendo necesarias, mucho menos llego a comprender la inactividad y el abandono de las ya hechas y que comienzan un lento deterioro. Por desgracia no es extraño encontrar edificios cercanos que duermen el sueño de los justos a la espera de una administración o empresa que les diga lo de “Lázaro, levántate y anda”. Pero entre ellos hay algunos cuya paralización es de lesa majestad.
Abandonado, sin explicaciones a la ciudadanía, solo y triste, sin más compañía que la de los vehículos que llegan para aparcar frente a él, el complejo deportivo ( si es que lo es definitivamente) del antiguo Francisco Norte, guarda en la soledad de sus ventanales, puertas, suelos y edificación en general, el misterio de por qué le han dado la espalda. Arrojado como un poseso al grupo de los no queridos, despreciado por Ayuntamiento y quienes estén en el asunto de su no puesta en servicio, solo él sabe cuales son las verdaderas causas de su inutilización, estando como está en un lugar céntrico y privilegiado, habiéndose discutido ad nauseam su construcción y las funciones que debería realizar.
Al ser un lugar muy cercano, he podido comprobar directamente como el pueblo en general, cada vez que divisa su figura, y mientras lo contempla con un deje de lástima, pregunta a quien quiera oírlo, qué narices ocurre con el Francisco Norte y si están esperando que se deteriore para declararlo “ruina histórica”.
A quienes nos movemos en el área de la lógica más cartesiana, este asunto incomprensible, absurdo y demás adjetivos similares, nos parece un descaro por parte de los autores del hecho, y cualesquiera que sean las razones que den ( no han dado ninguna) para este bochornoso ejemplo de dejación, una falacia sin paliativos.
Si son intereses privados los que impiden su puesta en servicio, debían hacer dos cosas con urgencia: la primera explicarlo en esa transparencia tan cacareada, y la segunda solucionarlo sin demora. No es de recibo que una ciudad tenga aparcado un centro deportivo tan necesario y sus regidores vuelvan la cara hacia otro lado, mientras el tiempo destroza su vacío.
Tal vez el desconocimiento de cómo debe regirse una ciudad exceda de los cerebros limitados de sus pobres habitantes, quienes al votar creen que depositan no solo su fe sino sus posibilidades en los votados. Craso error por lo que vemos y comprobamos.
Y puesto que me queda un pequeño espacio, permítanme que refleje por enésima vez mi indignación ante la carencia de una Biblioteca pública, creo que la única ciudad en España que no la posee, por lo que no sería difícil que nos calificaran de analfabetos y harían muy bien, quienes nos visitan.
Tendremos la titularidad como “Ciudad grande y leal”, pero los afamados Isabel y Fernando no sé si sabrán que lejos de progresar, en ciertos aspectos vamos como cangrejos dando pasos hacia atrás.

                                                                                                    
Ana María Mata  
(Historiadora y Novelista)