14 de junio de 2017

FUERTE OLOR A PODRIDO

Se habla de ella generalmente para ensalzarla. Paradigma turístico, ensoñación vacacional y lugar deseado por quienes, sin conocerla, sueñan con ella como objeto de deseo. Emblemática entre sus colegas del litoral. Quizá por ello, también algo envidiada. Bello nombre. Excelente fachada anunciadora. Enigmática y a veces altanera…; imaginan ya a quien me refiero. Su nombre: Marbella. De profesión, su fama.
Nadie puede negarme que lo escrito arriba corresponda con más o menos exactitud a la ciudad nombrada, al lugar donde algunos hemos nacido y otros han decidido vivir. A un rincón del mundo que desde sus comienzos brilló con luz distinta, con algo diferenciador y relumbrante. Una constelación de personajes afamados, de títulos nobiliarios, de estrellas rutilantes se dieron cita en sus primeros años –llamados de glamour- para hacerla tan visionada como interesante.
No pudo la codicia de corruptos ni la estupidez de gerifaltes vergonzantes apagar la luz que proyectaba, aunque la oscurecieran momentáneamente. Tampoco la lejanía de mandatarios que decidieron abandonarla a su suerte sin invertir en ella. Ni la globalización social que hacía aumentar el turismo de gentío y de masas. Ha emergido una y otra vez, emisora de sí misma, ave fenix de todas las batallas.
Hoy me toca reflexionar sobre su destino. Acerca de una realidad que al parecer no hemos querido ver aún teniéndola delante de los ojos. A su contrafigura. A la otra cara de una moneda que sin duda está devaluando su momento actual. A un perfil que desearíamos no le perteneciera, pero por desgracia es tan suyo como el que nos muestra sus bondades. Porque ocurre que su interior alberga un fuerte olor a podrido. Tan fuerte que los sentidos expelen su contenido como la víbora su veneno. Fétido, vomitivo, mortal. No caben posturas de avestruz. Llamemos a las cosas por su nombre.
Puerto Banús, pudo ser nuestra insignia y contraseña en su momento. Le hemos dejado funcionar a su bola y se nos ha escapado de las manos. En las suyas enarbola cuchillos ardientes. Capitanea rincones concretos (calle del Infierno, es su nombre) donde drogas y navajas van unidas, prostitución y sexo, alcohol y cerebros enloquecidos, dinero y mafia en porcentajes superlativos.
Todo es posible en noches donde la visión se borra y el estupefaciente se adueña de jóvenes sin control. Crímenes por omisión e incluso por acción directa cuando los parámetros se pierden. Peleas entre personas a las que si se les arrimase una cerilla serían pasto del fuego, borrachos jóvenes y viejos sin más medida que la fuerza de sus puños enfermos.
Una ciudad amenazada por sus noches de terror. Por cuanto pueda suceder y sucede entre sus esquinas, detrás de barcos con grifos de oro y desconocidos pasaportes, a la sombra de los más caros modistos y de tiendas con Rolex de brillantes incrustados.
Calles en las que jóvenes inseguros creen hallar lo que no son capaces de buscar por si mismos. Donde la droga reina y se alimenta de neuronas equivocadas, de células que acabarán multiplicando su malignidad.
Un núcleo de locura que no queremos reconocer, pero que forma parte de lo más oscuro de nuestra ciudad, sin que nada parezca domeñarlo, ni nadie encontrar solución.
Escribo para que se sepa y soportemos cada cual la vergüenza de los actos que de allí procedan: autoridades, policías, jueces, padres…todos cuantos nos hemos sentido orgullosos de la ciudad y hemos puesto un vendaje en la mirada.
Un punto negro no debe enturbiar toda la belleza. Pero puede oscurecerla tanto que al final sea solo cieno o humo aquello de lo que queremos presumir.

                                                                                                    
Ana  María  Mata 
(Historiadora y Novelista)

6 de junio de 2017

EL BAÚL DE LA INOCENCIA

(Publicado en Diario SUR el 5 de junio de 2017)

Cada mañana la veo con su pequeño en brazos camino de la guardería El Pinar por una acera angosta y poco o nada adaptada para el carrito que empuja con la mano libre. Me cruzo con ellos cada mañana y, desde que observo su presencia al fondo de la calle, me generan un abanico de sentimientos positivos que me alegran el comienzo del día: Agrado de verlos aparecer a lo lejos un día más; afecto por la manera en que la madre interactúa con su pequeño, mostrándole lo que se van encontrando a su paso; admiración por la ternura con la que le habla y le abraza, y optimismo al ver que sigue habiendo personas que saben dónde está lo importante de la vida.
Todo ocurre en escasos segundos que son los que tardo en cruzarme con ellos pues yo lo hago desde mi coche (sí, he dicho en coche muy a mí pesar) mientras llevo a los míos –más mayorcitos– a sus respectivos colegios. Realmente no sé lo que le va contando a su hijo, es más, tampoco sé si es niño o niña, pero sí que me da tiempo a ver el brillo en sus ojos y la expresión de felicidad que me regalan cada mañana. Deberíamos ser capaces de retener esos pequeños momentos con los que convivimos cada día ya que dentro del mundo estresado en el que vivimos son como pequeños botes salvavidas repartidos por el océano tempestuoso en el que naufraga la sociedad.
Qué puede esperar esa madre para su hijo de un mundo donde la crueldad está a la vuelta de la esquina, donde se sigue deseando la muerte del que tiene tendencias religiosas diferentes, donde los atentados terroristas nos sacuden a diario, con gran repercusión mediática cuando es en Occidente pero con espeluznante asiduidad en los países de Oriente. Un mundo gobernado por mandatarios que todo lo ven desde el prisma del poder absoluto, donde priman los intereses propios basados fundamentalmente en el control económico y militar, demostrándose mutuamente su potencial armamentístico por si fuera necesario apretar el botón tras una amenaza por ellos mismos provocada (¿o negociada?). Intransigencia, egocentrismo, narcisismo patriótico,... Todo pende de un hilo para hacernos saltar por los aires.
Pero esta madre sigue abrazando a su hijo cada día ajena al descalabro mundial –¿o tal vez es una manera inconsciente de protección maternal ante las noticias que le han asaltado un día más desde los medios de comunicación mientras desayunaba?– y la veo señalando hacia el bosque de pinos del Vigil de Quiñones que acaban de cruzar, cómo le muestra el colorido intenso de las madreselvas y buganvillas que cubren los muros de las casas junto a la que pasan o le hace escuchar el sonido de los mirlos y palomas que aletean entre las sombras. Una especie de “mindfulness” casual que ayudará a que ese personajillo crezca educado desde la familia sobre los valores del respeto, la gratitud y el amor, así como en otros tantos que nos dejamos olvidados en el baúl de la inocencia.
Llegados a la etapa estival en la que nos saturaremos de visitantes –para bien o para mal–, y donde tendremos que convivir con el “estrés del turista”, se pondrá a prueba la paciencia de más de uno. Los que vivimos en esta ciudad tenemos la posibilidad de buscar esas balsas salvadoras entre los múltiples rincones que conforman nuestro entorno. Un paseo junto al mar y se produce la desconexión inmediata. ¿Lo has puesto en práctica en alguna ocasión?

Arturo Reque Mata
Arquitecto y columnista de Diario SUR Marbella


31 de mayo de 2017

EL SAINETE POLÍTICO NACIONAL


Aunque solo fuese por curiosidad me gustaría saber que opinarían el señor Arniches y los hermanos Álvarez Quintero de lo que nos ha tocado vivir a los españoles en este último tiempo, y si lo incluirían en la lista blanca o negra de sus famosos sainetes populares, aquellas obras tragicómicas que ellos tan bien representaron y consiguieron elevar a cimas altas en la línea del esperpento.
No me nieguen mis sufridos lectores que al menos una vez no han imaginado el país al completo imbuido en el interior de un gran teatro en el cual unos cuantos señores llamados políticos interpretan una obra estudiada, compuesta a la medida de sus posibilidades, y el resto asistimos con el rostro que podemos y nos dejan, a sus actuaciones más bien nefastas.
España se está convirtiendo en un enorme escenario donde casi a diario se representa la farsa de una época moderna y demócrata, con el beneplácito de sus actores por el cobro recibido y el pasmo e indignación de los espectadores, obligados a asistir a ella.
No encuentro otro símil mejor para representar con palabras escritas nuestra actual situación política y para colmo, con la sensación de que parece irreversible y fatídica.
Por supuesto que en el núcleo central de todo esto se haya el vocablo más pronunciado por el pueblo llano: la corrupción, que si fuese contagiosa (que lo es) se transformaría en pandemia endémica y casi mortal. Pero detrás de ella, asoman las orejas del lobo feroz llamado partidos políticos y sus garras disfrazadas.
A quienes de ustedes hayan seguido durante estos meses el reality de la desaparición de Pedro Sánchez y el aupamiento de Susana Díaz , les habrá divertido mucho observar las escenas finales en las que, el guapo dirigente socialista dice digo donde antes dijera diego, y aparece como la víctima inocente de un linchamiento anunciado. Observar también como el joven Ave Fenix aparece lentamente con su nuevo disfraz de moderado al que no le gustan sus compañeros de la izquierda y por ello no va a apoyar la moción de censura, a pesar de la pesadez infinita de su: “No es no”. Falta saber cual va a ser su actuación en las Cortes, además de la de “socialista de la nueva era”. Que lo explique, porfa.

No me resisto a contarles lo divertido que les resultó a mis nietos el autobús del señor Iglesias recorriendo calles y plazas como si de un tiovivo ambulante se tratara. Nuevas políticas, sí señor, esas son nuevas políticas y no las que pregona el elegante Albert Rivera, todavía con  chaqueta y corbata, sin enterarse de que al Parlamento hay que ir deportivo e informal.;algo así como si se fuese a jugar un partido de tenis, por ejemplo, pelotazo a la izquierda, pelotazo a la derecha…¡zás! Y a la tele rápido que es donde se forjan los políticos auténticos. También se puede ir en plan madre absoluta y entregada con la teta al aire por el amamantamiento. O a fabricar chistes y frases ingeniosas, hecho en el que el señor Rajoy se lleva la palma, con su habitual gracejo y guiño inquietante.
Entiendo, y espero lo comprendan, que a lo que no van a dedicarse a estas alturas es al solucionar problemas añejos y desgajados de lo que se lleva, como el problema del paro, o el de la Sanidad, y no digamos el de la Educación, tan pesado y repetitivo, siempre con lo mismo, niños, jóvenes, escuelas, médicos, hospitales…¡que antiguo, dirán ellos, que lejos de la postverdad. Lo esencial es tener iniciativas y buscar cosas nuevas, epatantes, de esas que se hacen virales en minutos y recorren los medios con presteza.
Porque, en conclusión, el teatro está en decadencia y los actores de nuestro sainete lo que hacen es planear obras originales que poder plasmar en Facebook, Twiter, Instagram o You Tube y que recorran el mundo en un silbido, dando muestras de nuestro alto índice o coeficiente intelectual.
Para eso están allí, confrontando ideas, pero, olvidados de que en el fondo, y por mucho que lo nieguen, lo que hacen, Arniches y los hermanos Quintero lo sabían desde antes y lo hicieron mejor.

                                                                                          
Ana  María  Mata  
(Historiadora y Novelista)

16 de mayo de 2017

ENCRUCIJADA DE RAZAS, CRISOL DE IDEAS

La comunicación verbal no es la única forma de descifrar la Historia. Ni tampoco la escrita, más valorada y testimonial a la hora de demostrar hechos realizados. Existe otra manera, quizás más sutil, menos ampulosa, para expresar la larga retahíla de sucesos que el hombre es capaz de protagonizar a lo largo de la gran estela de los tiempos.
Paradójicamente se llama silencio y en ocasiones es mucho más explícito. Porque hay cosas para las que el verbo resulta insuficiente. Acontecimientos imposibles de imaginar que únicamente podemos conocer si atendemos a oír a través del silencio de la piedra.  Cuando las piedras hablan, el corazón detiene su latido dispuesto a sentir el mensaje que transmiten. El sonido está profundamente inmerso en la vertical de su mampostería, la rugosidad de su basamento, la variedad y perfección de sus formas.
Cuando una ciudad habla en sus piedras, se trata de una ciudad mágica. El lenguaje que entre ellas se produce es una música oscura y penetrante que el visitante absorbe sin ser consciente de ella. Toledo es música pétrea de principio al fin. Serpenteada por el Tajo que parece acariciar sus orillas, la visión obtenida desde el Mirador del Valle es similar a una sinfonía de Mahler. Siente el viajero una vaharada de ocres y dorados que  semejan trigales en movimiento, mecidos por el gris puntiagudo de la catedral gótica, que junto al Alcázar presiden la majestuosa colina donde se acomoda esta ciudad única. No es que haya mucha historia en Toledo. Toledo es, la Historia misma, de España y casi del mundo en una época precisa.

Desde que la mencionara Tito Livio, como ciudad pequeña pero muy bien fortificada, un torbellino de literatura se ha escrito sobre ella. Derrotados los romanos, Leovigildo la convierte en capital de reino hispano-visigodo y a partir de la conversión de Recaredo, el catolicismo imprime su huella edificando iglesias y conventos bellísimos.
Con la decadencia de los visigodos entra a formar parte del Califato de Córdoba, momento en que el diseño de sus calles se vuelve laberíntico y casi salvaje. Momento también en el que permanecen en su recinto con cierta armonía la conjunción formada por tres civilizaciones, ya que la judía estaba desde tiempos anteriores. Convivencia pacífica que proporcionó un alto nivel cultural, plasmado en la muy elogiada Escuela de Traductores , donde los escritos eran pasados del lenguaje hebreo al árabe y al latín, traduciendo incluso del griego para llegar, en última instancia al castellano.
Es posible que este crisol de ideas llevara a sus creadores a intentar superar al rival en belleza y diseño arquitectónico. Puede que rivalizaran en materiales, que cada uno quisiera dejar huella en este maremágnum cultural y humano.
La antigua mezquita, transformada en catedral por Alfonso VI, tras la reconquista, es en sí misma símbolo del poderío artístico que alcanzó la ciudad, cuyos artesanos estaban considerados los mejores del mundo. La grandiosidad del gótico, lanzando hacia arriba el espíritu, sus columnas y sus arcos apuntados como flechas hacia el cielo, sus columnas como gigantescas palmeras de granito que, al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal, sus vidrieras coloridas, la minuciosa filigrana de su coro, el laborioso encaje de oro de su Custodia procesional…hace enmudecer al más flemático visitante.
Pero hay que guardar asombro para poder visitar sus sinagogas con la mente de un judío practicante, la serenidad de sus blancas paredes ornamentadas por cenefas con textos de la Torá, junto a la frescura de sus patios.
 Y hay que conservarlo también para enamorarse de la obra de El Greco, el cretense que alargaba sus figuras, puede que con idéntica intención de buscar la vertical de Dios, lo espiritual sobre la carne.
En lo más alto, el Alcázar, vigía perenne de una ciudad tan deseada como asediada en el transcurso de los tiempos. Para tenerlo todo, hasta un episodio flagrante de nuestra reciente historia está allí, intacto en sus paredes tiroteadas, en un teléfono negro que nos revela la crueldad de unas dolorosas palabras entre padre e hijo, la valentía convertida en la loca heroicidad del coronel Moscardó, en la defensa del Alcázar cuando todo estaba ya perdido.
Pisar las piedras de sus calles, que también parecen querer emular a las columnas catedralicias, siempre hacia arriba, con sus guijarros brillantes clavados en los sufridos pies, es alcanzar un estado entre gravitatorio y exultante donde poder cobijarnos cuando la mediocridad de nuestros días nos deprima el ánimo.
Sabemos ya que la magia habita en la ciudad bellísima que el Tajo envuelve.

                                                                                                     
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

15 de mayo de 2017

VIDA Y MUERTE DE UN CICLISTA

(A todos aquellos que se han quedado en el asfalto o que han sufrido algún accidente con su bicicleta provocados por un tercero imprudente)

Sí, me refiero esas personas que nos desplazamos sobre una bicicleta por tu (nuestra) ciudad o tus (nuestras) carreteras. Esas personas sobre las que descargas tu ira, tu estrés y tu falta de educación,  que querrías erradicar de la faz de la calzada –o de la tierra según algunos de vosotros–. Cruzarte con nosotros te provoca ese ataque de bilis que te amarga el día. Te hace aflorar  tu instinto más animal del depredador que, subido a su vehículo metálico de gran tonelaje, está por encima del bien y del mal. No hay quien te pare, pasas por donde quieras y cuando quieras, ¡eres el rey del asfalto!
 Si esta introducción te ha hecho hervir la sangre mejor que hoy no cojas tu coche ya que puedes ocasionar una catástrofe. Estás empezando a mutar hacia tu lado más peligroso y puedes hacer daño a alguien.
A los demás –espero que la mayoría, aunque cada vez soy más pesimista en este sentido– os pido sensibilidad, precaución y sentido común –también al colectivo ciclista, por supuesto–. Detrás de cada persona que decide utilizar una bicicleta hay tantas historias como usuarios. Todos tenemos familias, nuestros problemas y nuestras ganas de vivir. La bici nos ofrece una sensación de libertad difícilmente entendible por quien no lo ha experimentado. Por la ciudad, por la carretera o por el campo, sentir el aire en tu piel mientras te desplazas realizando un esfuerzo gracias a tus propias energías aporta un bienestar que recomiendo experimentar a todo el mundo. La vulnerabilidad hace que estés alerta de lo que te rodea lo cual supone implicarte con tu entorno, algo muy olvidado en la sociedad actual. De manera individual o en grupo, detrás de cada pedalada se mezcla, cual fórmula de alquimista, salud, alegría, sufrimiento, placer, ilusión, diversión y unas gotitas de ecología. Toda una contribución de energía positiva a este mundo endiablado.
Noto y comparto la rabia que sienten los amigos del CDC La Vereita –con los cuales he disfrutado de una preciosa ruta familiar por la Bahía de Málaga este fin de semana– tras las terribles noticias que se están sucediendo estos días con los tres fallecidos en Oliva, la muerte de Scarponi o el atropello múltiple de Tarragona. Y es que ellos mismo has sufrido entre sus socios accidentes que les han dejado importantes secuelas. Dando fe de la tensión que se vive, en la ruta mencionada, donde participaban niños, en un cruce, un señor conductor (lo más seguro que incluso padre de familia), intentó cruzar por en medio del grupo porque..., porque le daba la gana.
Son este tipo de actuaciones las que hay que corregir, las que debemos transformar mediante la educación, el respeto y la sensatez. Hacer ver a la sociedad que estamos para convivir y que todos tenemos nuestros motivos para disfrutar o incluso para tener un mal día, pero no podemos por ello obviar a los demás y pasar por encima. Por muy tópico que parezca los españoles somos impetuosos, prepotentes e irresponsables, y canalizar todo esto va a ser muy, pero que muy, complicado. Mientras pasan generaciones que diluya esa “mala leche” recomiendo prudencia y buen rollo, respirar tres veces antes de responder, y siempre que se preste, dar las gracias o pedir perdón.  Claro que esto mientras se pueda interactuar con el otro ya que si viene puesto de todo, borracho, trasnochado o simplemente despistado con el móvil puede que no haya ocasión más que para las lamentaciones. 
No me puedo olvidar de la Administración a la que hay que seguir pidiéndole que invierta en infraestructuras seguras para los ciclistas ya que cada vez somos más los usuarios y una apuesta segura para mejorar la calidad de vida de las ciudades.  No nos contabilicen como votos sino como vidas humanas.

Espero conciudadano haberte tocado al menos por unos minutos tu conciencia y veas a los ciclistas como a tu amigo, tu vecino o tu familiar que sale a dar un paseo y quiere que sea algo maravilloso, no una ruleta rusa en la que no sabe cuándo te tocará la bala.

Arturo Reque
Arquitecto
Presidente Asociación Marbella ByCivic

2 de mayo de 2017

EL PUEBLO SE PREGUNTA

Pido perdón a los puristas de la lengua por el uso de “pueblo” en lugar de “ciudad”. No es más que una metáfora intimista en la que deduzco que la nostalgia tiene mucho que ver. De vez en cuando me dan arrebatos recordatorios de un tiempo en el que nos llamábamos pueblo voluntariamente, a sabiendas de que los reyes muy católicos nos concedieron, previa cláusula legal, el título de Ciudad.
Marbella anda por estos días muy ocupada con el problema de sus playas. Los últimos temporales nos han dejado sin arena, después de haber rellenado todo lo posible para la Semana Santa. Y si el tiempo se enfada, habrá que repetir operación de nuevo, con el gasto y el trabajo que ello significa. Pero como de este problema leerán mucho en los próximos días por fuentes bien informadas, dejo a los profesionales este asunto y me centraré en otro que rodea mi cabeza cual mosquito tempranero.
Créanme que si entiendo poco y mal las muchas cosas que dejan de hacerse siendo necesarias, mucho menos llego a comprender la inactividad y el abandono de las ya hechas y que comienzan un lento deterioro. Por desgracia no es extraño encontrar edificios cercanos que duermen el sueño de los justos a la espera de una administración o empresa que les diga lo de “Lázaro, levántate y anda”. Pero entre ellos hay algunos cuya paralización es de lesa majestad.
Abandonado, sin explicaciones a la ciudadanía, solo y triste, sin más compañía que la de los vehículos que llegan para aparcar frente a él, el complejo deportivo ( si es que lo es definitivamente) del antiguo Francisco Norte, guarda en la soledad de sus ventanales, puertas, suelos y edificación en general, el misterio de por qué le han dado la espalda. Arrojado como un poseso al grupo de los no queridos, despreciado por Ayuntamiento y quienes estén en el asunto de su no puesta en servicio, solo él sabe cuales son las verdaderas causas de su inutilización, estando como está en un lugar céntrico y privilegiado, habiéndose discutido ad nauseam su construcción y las funciones que debería realizar.
Al ser un lugar muy cercano, he podido comprobar directamente como el pueblo en general, cada vez que divisa su figura, y mientras lo contempla con un deje de lástima, pregunta a quien quiera oírlo, qué narices ocurre con el Francisco Norte y si están esperando que se deteriore para declararlo “ruina histórica”.
A quienes nos movemos en el área de la lógica más cartesiana, este asunto incomprensible, absurdo y demás adjetivos similares, nos parece un descaro por parte de los autores del hecho, y cualesquiera que sean las razones que den ( no han dado ninguna) para este bochornoso ejemplo de dejación, una falacia sin paliativos.
Si son intereses privados los que impiden su puesta en servicio, debían hacer dos cosas con urgencia: la primera explicarlo en esa transparencia tan cacareada, y la segunda solucionarlo sin demora. No es de recibo que una ciudad tenga aparcado un centro deportivo tan necesario y sus regidores vuelvan la cara hacia otro lado, mientras el tiempo destroza su vacío.
Tal vez el desconocimiento de cómo debe regirse una ciudad exceda de los cerebros limitados de sus pobres habitantes, quienes al votar creen que depositan no solo su fe sino sus posibilidades en los votados. Craso error por lo que vemos y comprobamos.
Y puesto que me queda un pequeño espacio, permítanme que refleje por enésima vez mi indignación ante la carencia de una Biblioteca pública, creo que la única ciudad en España que no la posee, por lo que no sería difícil que nos calificaran de analfabetos y harían muy bien, quienes nos visitan.
Tendremos la titularidad como “Ciudad grande y leal”, pero los afamados Isabel y Fernando no sé si sabrán que lejos de progresar, en ciertos aspectos vamos como cangrejos dando pasos hacia atrás.

                                                                                                    
Ana María Mata  
(Historiadora y Novelista)

17 de abril de 2017

AVALANCHA HUMANA

Suele ocurrir de año en año: No más la Primavera asoma su gracioso piececito (cual Cenicienta enajenada) por estos lares,  dos fenómenos paralelos pero no contrarios se manifiestan en ellos. Abril, a pesar de los malos augurios que T. S. Elliot pronosticara sobre él, nos ofrece la realidad de esos hechos, tan significativos como beneficiosos para quienes habitamos en la vieja piel de toro que es nuestro país.
El primero se manifiesta de forma religiosa o devota; el segundo, más terrenal, con apariencia de idolatría. Juntos, toman la exteriorización de tsunami humano, de avalancha gigantesca que desborda el lugar donde aparece.
Como algunos ya habrán imaginado hablo de la Semana Santa y del sol. España se moviliza en estos días como si absorbiera por entero el tan recordado “espíritu cristiano de occidente”, a favor de una liturgia especial donde el barroco impone sus normas, la Iglesia su dirección y los humanos el fervor que llaman popular. Las imágenes embellecidas hasta límites insospechados, con exceso de oros y platas, bellas flores y ardientes costaleros, inundan las calles de nuestras ciudades en un afán de superación amorosa digna de estudio. Los cofrades lloran, sudan, sufren si les sale mal, se agitan y tratan de que su Señor o su Virgen sea la más aclamada de toda la semana en cuestión.
Los fieles espectadores, atentos al redoble del tambor, corren y buscan el lugar exacto donde poder emocionarse con la belleza y el adiestrado movimiento de los costaleros, con la altura desde la que su imagen preferida parece hablarles solo a ellos, mirarlos, agradecerles su presencia.      
Constato que la Semana Santa española, y en especial la andaluza, está en alza, más en auge que nunca, quizás porque los tiempos de hoy son más propicios a la fe que los anteriores de excesivo bienestar económico y material. Tal vez porque cuando las temperaturas suben los ánimos se enaltecen y las acompañan en su recorrido. Sea como fuere, Marbella en concreto es como una enorme riada de peregrinos que buscan la devoción y de paso…un poco de idolatría al segundo factor del que vengo hablando:
El Sol. Lo escribo con mayúsculas porque así deben sentirlo ellos, los que si pudieran lo beberían a sorbos en el caso de que fuera líquido. Los adoradores empecinados que queman sus pieles en su fuego, como si alguien pudiera robárselo, como previendo que un día de golpe pueda enfadase y decir “au revoir” para siempre.
Playas hacinadas que dan la impresión de que agosto se hubiera adelantado. Familias completas con todos los artilugios que necesitan para el mar y la arena. Tempraneros que buscan el primer puesto cerca de la orilla, flotadores, pelotas, bikinis  por doquier.
La sensación maravillosa de poder contar al volver lo hermoso del paso del Nazareno y la agilidad de la legión junto al bronceado anticipado para presumir ante los amigos. Todo en uno, como las ofertas. Si para lograrlo hay que esperar dos horas de pié en una callecita el paso de los tronos, y resistir el frío del agua del mar cuando la piel quemada exige un baño, se espera y se resiste. Nuestra devoción beatífica va en consonancia con los rayos de sol y los grados de temperatura.
Al fin y al cabo algunos, los llamados panteístas, encuentran la divinidad en la naturaleza. No están, desde luego, muy lejanos el uno de la otra; ¿por qué el santo de Asís podía ver a Dios en un lirio del campo y nosotros no vamos a poder hacerlo en un montoncito achicharrado de arena?
En la noche estrellada de Sevilla o Málaga, el azahar pone su punto de olor para que todo parezca extraído del cielo. Nadie puede soportar incólume la conjunción de placeres ensamblados. Una saeta, el sonido del tambor lejano, los niños nazarenos felices, el rayo del sol que se siente en el rostro, una torrija y un pequeño vaso de vino dulce, son la antesala del paraíso…al menos del terrenal que dicen que perdimos.
Marbella ofrece su sol y unas temperaturas extras. La Iglesia sus imágenes dolientes pero bellamente engalanadas, y el personal añade su fe o su imaginación. Cada uno, al fin y al cabo, es dueño de su mente.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

5 de abril de 2017

ZONA AZUL

Confieso que soy defensora acérrima de lo que mi hijo, arquitecto, llama urbanismo y ciudades sostenibles, entendiéndolo como algo que no vaya a estropear el eco-sistema en el que nuestras vidas están ubicadas.
Desde ese punto de vista, lo ideal sería que los ciudadanos de hoy nos mentalizáramos en lo provechoso que resulta el movimiento de piernas y pies para movernos de un sitio a otro, como también el uso sustitutivo del automóvil por la sencilla bicicleta, más deportiva, más ligera, y especialmente, menos contaminante.
Ocurrirá en un día no lejano que España se moverá mayoritariamente a golpe de pedaleo constante, y llegaremos a emular a Holanda y Dinamarca, líderes del asunto. Pero mientras eso acaba por triunfar - zoquetes, como a veces somos en toda innovación- las distancias debemos cubrirlas con el coche, y eso parece que siguen pensando los vendedores de los mismos, a tenor de la ingente publicidad que introducen una y otra vez en  televisión y demás medios.       
Ocurre que el vehículo cerrado necesita en un momento dado que se le aparque para realizar gestiones, trabajos diversos, compras, etc…y aquí encontramos el motivo de este pequeño artículo de hoy. Aparcamientos. El eterno problema del conductor. ¿Dónde aparco que no me cueste un riñón? Hace uno o dos años nos ofrecieron la solución, o eso decían.  Zona Azul. Pintadas en el suelo y movilidad del aparcante. Nos parecía lógico, a unos más que a otros, pero solución al fin.

Y hete aquí que con la experiencia llega el tío Paco con sus rebajas. Me explico. Usted pone el coche en un aparcamiento donde funciona la zona azul. Se acerca al parquímetro o monolito para pagar. Se detiene y trata de pensar cuanto tiempo va a tardar en la gestión que le ocupa. Imposible adivinarlo si se dirige, por ejemplo a un centro de la Administración. Allí tienen un cálculo del tiempo distinto y personal. Coloca en el parquímetro lo más de acuerdo con su imaginación. Dos euros, a lo más tres: no voy a tardar tanto…pero tarda un cuarto de hora más, y corre como alma que lleva el diablo hacia su coche. Papel en su parabrisas. Regalo de la zona azul. Multa de 50 euros. Si la paga, antes de no sé cuando, 25. Eso sí, primero deberá ir al Banco o entidad que ellos disponen. Luego a otro a pagarla, siempre en las horas fijadas, ni antes ni después, con cola normalmente. Y con suerte, la gestión que a lo  mejor era intrascendente, se transforma en una semana de idas y venidas, además del robo a su bolsillo.
Extralimitación de funciones. Eficacia exagerada. Robo descarado de la empresa que lleva el asunto este de la zona azul. Una cosa es dejar el coche allí todo el día o toda la mañana y otra el celo de los guardas en  espiar al vehículo pasados los primeros dos minutos de tardanza.  
Eso no es servicio al ciudadano, eso es tomarnos el pelo y recaudar a nuestra costa mientras el Ayuntamiento no licita zonas libres para aparcar aunque sean fuera del centro, sin necesidad del rótulo azul y de la excesiva rapidez del guarda de turno.
Una ciudad que se precie debe contar con suficiente espacio para que los residentes y turistas puedan aparcar sin que les esquilmen, y den mala fama a dicha ciudad.  Los aparcamientos privados poseen unas tarifas de  infarto, y mientras sigan así seguirán como están algunos, vacíos a todas horas.
Imagino que nuestra ciudad habrá hecho un estudio, no solo recaudatorio y de marketing, sino también, de los requisitos que necesita para ser considerada como de primer orden en el Turismo nacional e internacional.  Uno de ellos se relaciona con el aparcamiento.
Y si les parece mejor, pues miren, hagan una campaña mayoritaria, extensiva e impactante a favor de la bicicleta, de sus beneficios, de su carácter ecológico, lo saludable y todo lo que se les ocurra. Empezando por colocar los carriles bici que hacen falta.
Todos nos sentiríamos agradecidos.

                                                                                               

                                                                                              
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

20 de marzo de 2017

MARBELLA ACTIVA

Existe una opinión, más o menos generalizada que consiste en afirmar cómo la mayoría de jóvenes de hoy día suelen ser díscolos, pasotas, y sin más criterio que el proporcionado por las abusivas redes sociales, única opción en la que creen y donde no dejan de actuar.
Puede que tal afirmación proceda en su mayor parte de padres y familias decepcionados por el presente y preocupados por el futuro de quienes son sus herederos y a quienes quisieran imaginar siempre en situación más elevada que la que ellos, en su día alcanzaron.
No creo en dicha afirmación, más que en determinados casos concretos, tristes, desafortunados y de los que, en verdad,  todos conocemos alguno. Pero con estas líneas de hoy quisiera refutar esa idea, añadiendo además pruebas concluyentes. Pruebas que tienen a nuestra ciudad como protagonista y a muchos de los jóvenes que la habitan como ejecutores de un positivismo total.
Hace unos años un grupo de ellos decidieron unirse para crear una asociación sin ánimo de lucro, cuyo nombre encabeza este artículo, y con el proyecto común de revitalizar los organismos, municipales y ciudadanos, en pro de una mayor efectividad en el desarrollo cotidiano de las necesidades de la ciudad junto con una reivindicación de su historia en todos los ámbitos de la misma. En ese sentido han ido trabajando día a día, sin desaliento y con una animosidad efervescente que por calificarla de algún modo, a quien escribe, solo se le ocurre el vocablo de envidiable.
Sus actividades van de lo teórico a lo práctico y abarcan aspectos tan diversos como la Naturaleza, realizando desde recorridos por la montaña, por la diversidad vegetal, por el conocimiento de las aves, hasta el intento de recobrar costumbres lejanas pero muy nuestras, fiestas, folklore, canciones, cocina, y hasta formas de hábitat o de vestuario en lo que ya es una verdadera investigación etnológica, nunca realizada hasta ahora y con ánimo de aumentar en todo lo que sea posible.
Ni que decir tiene que lo primero en hacer fue la búsqueda de hombres y mujeres cuya edad signifique no una carga sino un cúmulo de vivencias y experiencias pasadas, y cuyo interés humano es de una calidad impresionante.
Uno de los últimos logros ha sido la presentación de un libro muy especial, con ilustraciones preciosas, que se ha distribuido a colegios e institutos, y cuyo nombre es “Descubre Marbella y San Pedro”. Indispensable para una integración completa del niño en su medio, en la ciudad que debe conocer desde su balbuceo para aprender a quererla y hacerla mejor. La intención es que  no haya un alumno que desconozca lo esencial de un pueblo privilegiado por su clima pero cuyo contenido es tan bello o más que su continente. Recomiendo vivamente a quien todavía no lo haya visto y leído su posesión inmediata.

Permítanme por una vez poner nombres propios a quienes se les ocurrió y fueron capaces de llevar a término esta idea genial: Javier Lima y David Bailón. Entusiastas al máximo,  generosos y pacientes hasta unos límites que no son muy comunes.
Marbella Activa, convoca también hasta finales de abril su anual concurso de relatos, ayudados por la Fundación del Hotel El Fuerte, siempre con el lema de conocer más la ciudad ya sea su pasado, su presente y hasta, si alguno se atreve, su futuro.
“Mujeres de las Veredas”, un grupo dentro de la asociación, dirigido por Dolores Navarro, organiza sus marchas mensualmente con el objetivo de conocer bien Sierra Blanca, y al mismo tiempo de crear caminos y veredas por donde recorrerlas mejor.
El incombustible Antonio Figueredo, el Feliz R. de la Fuente de los pájaros de la costa desde Marbella hasta Algeciras, el hombre sabio de la naturaleza, acompaña con sus conocimientos cada salida que la asociación realiza como un homenaje a nuestra naturaleza singular.
Y por si algo faltara, Marbella Activa se ha propuesto conseguir que nuestro espeto de sardinas y nuestras moragas sean reconocidas  fuera de nuestras fronteras como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Elevar a nuestras humildes pero riquísimas sardinas al más alto empíreo gastronómico. Lo conseguirán, estoy segura.
Les decía que a los jóvenes hay que conocerlos bien antes de emitir una afirmación negativa. Sencillamente, creo que hay que darles algo en los que el cerebro y el sentimiento se unan. Verán como dejan de ser pasotas.
Marbella Activa no es solo una asociación. Es una hoguera cuyo fuego te quema en cuanto te acercas. Gracias a ellos por incluirnos a los no tan jóvenes. Gracias por su entusiasmo. También en lo cotidiano se puede ser héroe.

                                                                                           
Ana  María  Mata   
(Historiadora y Novelista)

8 de marzo de 2017

DIA DE LA MUJER



¡Nos han concedido un día!...Generosidad incomparable. Magnanimidad digna de encomio por parte de una sociedad que atesora en su haber, solo en España veinte asesinatos de mujeres en lo que va de año. Muestra de gentileza hacia quienes, en el fondo, muchos, y entre ellos algunos políticos europeos, como el polaco último, siguen considerando distintas, inferiores, y hasta retrasadas en comparación con el hombre, valor siempre en alza, indiscutible rey de la Creación, al que, a pesar de su gran inteligencia, Eva pudo arrebatarle las delicias de Paraíso con una simple manzana.
Decía que nos hemos merecido un día. Espléndido. Como la Banderita, el Oso Panda en extinción, la Fibromialgia o los enamorados. Estupidez colectiva y comercial dentro de la cual se solapan asuntos tan tremendos como enfermedades, cuyo interés no debería tener fechas conmemorativas, sino realidades fácticas.
Pero somos así, vocingleros e ineficaces. Rimbombantes y llenos de lagunas chapuceras. El día de la mujer, es un ejemplo de ello. No necesitamos una festividad, sino un reconocimiento de lo que podemos o no valer, sin que en ello entre en juego las cualidades físicas ni el parentesco político o familiar. El día que una mujer ejecutiva gane un sueldo equiparable al de un hombre realizando la misma función, o que el marido --versus pareja-  de cualquier edad conozca donde están los diferentes utensilios de la cocina de su hogar sin equivocarse, ese sí será un día para festejarlo. El verdadero día de la mujer. O ese otro, mucho más lejano en el que las mujeres árabes decidieran y las dejasen exponer a la luz el rostro al completo, y las europeas no fuesen apaleadas como si de muñecas vivientes se tratara por un “compañero” cuyo amor se demuestra  a golpes.
De todas formas, como estamos en ello, aprovechemos este fastuoso día para recordar y homenajear a un puñado de féminas cuya trayectoria fue o es impecable. Mujeres que dejaron el corazón, la mente y las fuerzas en conseguir que apostaran por su trabajo, a veces, por desgracia, sin total resultado.
Como las únicas, casi, que han alcanzado renombre y llegado hasta hoy son extranjeras, les daré prioridad. Nadie olvida a Maríe Curie, premio Nobel de Física y Química, ni a Rosa Parks, la afroamericana que no se levantó de su asiento en el autobús  para dárselo a un  hombre, como era lo establecido. O más cercana en el tiempo, a la Madre Teresa de Calcuta, ejemplo máximo de entrega a los marginados.
En España, nombremos a Clara Campoamor, defensora a ultranza del sufragio femenino, alcanzado en 1933, siguiendo por su aparente rival en ello, Victoria Kent, primera mujer directora de prisiones y creadora de reformas penitenciarias esenciales ( se opuso al voto en ese tiempo por la gran influencia de la Iglesia sobre mujeres analfabetas), continuando con Teresa Claramunt, fallecida en 1930, obrera textil anarcosindicalista que reivindicó el papel que las madres transmiten a los hijos, pidiendo igualdad. Y en otro aspecto, Carmen de Burgos (Colombine) almeriense, periodista y escritora tras largos esfuerzos, relacionada sentimentalmente con Ramón Gómez de la Serna, y corresponsal de guerra en Melilla o María Lejárraga, cuyas obras llevaron durante largo tiempo el nombre de su marido para poder publicarlas. Sin olvidar a María Goyri, primera mujer licenciada en Filosofía en 1892, a quien dos guardias llevaban diariamente a la clase en la Universidad, por el revuelo que su presencia armaba en el aula.
Un pequeño abanico de mujeres que lucharon por una igualdad entonces impensable, sometidas algunas a la tiranía de personajes como Juan Ramón Jiménez, excelso poeta pero maníaco hasta la extenuación, y al que Zenobia Camprubí dedicó toda su joven vida personal, renunciando a la suya profesional de traductora y poetisa.
Mujeres sin nombres, la inmensa mayoría heroínas del hogar, desde aquellas que además de trabajar en la crianza y sus  faenas domésticas, también ayudaban a la recolección,  a las matanzas de animales y  a la venta de los productos del campo. Mujeres que fueron asesinadas por adulterio a manos de quien lo era en excesivo pero le estaba permitido. Mujeres viudas después de la guerra, sacando adelante a sus hijos sin más ayuda que sus manos y una espalda destrozada, pero en silencio. Mujeres que ayudan al sacerdote y trabajan en la Iglesia con afán sobrenatural, pero de segunda categoría para una jerarquía anquilosada. Investigadoras que fueron apartadas de sus descubrimientos para ponerlos después bajo nombres masculinos.
Mujeres en fin a las que hasta ahora llamaban el “sexo débil”, hoy en cuestión.
A todas ellas, las fallecidas, las de ayer y las de cada día, van estas letras, de reconocimiento identitario. Les debemos mucho más que un 8 de marzo.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de febrero de 2017

ADIOS A NUESTRO HÉROE


Estas lágrimas que no he podido contener y caen sobre el ordenador, Pablo, son de despedida. Una despedida que no hubiese deseado tener que hacer nunca, que ha llegado demasiado pronto, que todos creíamos ibas a derrotar para siempre.
Contemplo tus ojos negros, inmensos, habladores, impresionantes cada vez que te veíamos en tu habitual gesto de valentía, esos ojos que han acompañado a una sonrisa cautivadora, ejemplar, aleccionadora para tantos, amistosa también, única por venir de quien venía, un joven como tú, castigado con crueldad incompresible para tu edad y juventud. Deportista y fuerte, lleno de ilusiones en unos veinte años que empezaban a saborear la edad de los proyectos, del amor, de la amistad y las ganas de vencer a cualquier enemigo que viniese de frente.
Has conocido el dolor, la desesperanza y la tristeza en un tiempo en el que te hubiera correspondido por cronología vivir a tope, saborear la fortaleza que tu cuerpo, -ese brazo en alto., esa mirada, parecía poseer cada vez que aparecías para decirnos ¡adelante!, continuad a mi lado, un día más, otro, otro…hasta la extenuación, si hace falta.
Tal vez ella, cuyo horrible nombre no va a ser escrito, piense que ha  ganado, pero se equivoca. No ha hecho méritos, no ha presentado frentes, se introdujo en tu sangre a traición, escondida en tu feroz juventud, entre tu resistencia y unas fuerzas que has mantenido hasta el fin. Tenía envidia de tu gran espíritu, de tus planes, hasta de tu belleza, porque es cierto que eras guapo a rabiar, y más que lo parecías cuando nos mirabas desde los medios de frente, sonriendo y hasta ofreciendo ánimo a todos.
Hasta te convirtió en poeta, con frases insuperables: “La muerte forma parte de la vida, no hay que temerla, sino amarla…”, “Haz un bien común, deja de pensar en el yo, yo, yo”…con filosofía aplastante de sabio oriental que practica con el ejemplo.
Has triunfado en tu propósito porque has conseguido llegar donde querías: Al millón de donantes de médula, a que todos nos pongamos a pensar en los que sufren, nadie podía eludir tu mensaje, los medios te querían, abarrotabas porque eras de verdad, porque tu corazón hablaba por ti y no la publicidad.
No podrás ser bombero, pero has llegado mucho más arriba. Eres una insignia, el modelo a seguir para cuantos sean compañeros de hospitales y dolor, el ejemplo de superación para jóvenes aturdidos, tantos como hay que dicen no encontrar un camino, que lo buscan en drogas y venenos similares; muchos que se hastían sin haber vivido, sin conocer el placer del esfuerzo, la alegría de ayudar al amigo o compañero.
Gracias, Pablo. Una vez más y las que hagan falta. Por existir aunque te hayamos disfrutado demasiado poco. Porque personas como tú nos reconcilian con la complejidad de esta vida que te gustaba tanto.
¡Siempre fuerte!, decías, como lema de tu combate. Escasean personas como tu, y por ello te echaremos mucho de menos. Nos sentimos tan orgullosos de ti que esperamos puedas ver desde tu nuevo hábitat a una ciudad entera, a una nación incluso, derramando lágrimas por  tu ausencia futura, por la falta de tu sonrisa, aunque tu mirada. Pablo, esa intensidad ¡ay! de tus ojos, nos pertenecerá siempre.
Has quedado grabado al fuego vivo en la retina y el alma de quienes te hemos seguido desde el principio. Los héroes no mueren, se eternizan en el recuerdo.
Recibe junto a la  Medalla de la Ciudad  un ¡gracias! muy fuerte y un beso enorme de todos los que no queremos ni podremos olvidarte.
                                                                                                     
Ana María Mata 
(Historiadora y Novelista)                                                      

17 de febrero de 2017

NEFASTA GESTIÓN CULTURAL

Podemos presumir de muchas cosas los que en Marbella vivimos. De algunas, con exceso de vanidad, puesto que nada hemos hecho para poseer una sierra como la que tenemos, un Mediterráneo bellísimo, y como consecuencia, un clima que para ellos quisieran los mismísimos ángeles. Suerte. Baraka. Azar, al fin y al cabo, ese azar que  ha sido menos benévolo con Tarifa, por ejemplo, y el resto de pueblos de Cádiz, en los que el dios Eolo reina e impera fastidiando el placer de playas sensacionales.
Vanidad o no, son nuestro mayor patrimonio y esperemos que la suerte y nuestra geografía no nos abandonen nunca. Si lo hicieran, siento decir que nos quedaríamos en mantillas y huérfanos de otros valores que, ahora sí, van acumulando otras ciudades por sus propios medios y una voluntad firme de conservación.
Marbella, embriagada por su belleza, ha olvidado, por desgracia, el vocablo cultura, en todas sus acepciones y formas. Pocos de sus gobernantes apostaron por ella ni valorizaron cuanto de aliciente, formativo y turístico, además, posee. Adjetivada por algunos como la Cenicienta de los presupuestos, solo una pequeñísima parte de ellos le llega, y siempre como el zapato de cristal, a última hora, o demasiado tarde.
Craso error, que algunos hemos denunciado sin descanso, y que ahora, al día de hoy, nos da derecho para gritar a quienes lo quieran oír, la palabra Ineficacia a los cuatro vientos, como el resultado de una gestión realizada por ineptos, o en último caso por ignorantes culturales.
No es mi pretensión ofender, sino pedir explicaciones al hecho, insuficientemente explicado de cómo un señor, contratado por el municipio como cargo de confianza para asesorar sobre programas a desarrollar con fondos europeos y subvenciones y convenios con otras entidades –como tal reza en la web del Ayuntamiento- puede dejar escapar la cantidad de más de un millón de euros ofrecida por la Administración general, para, en este caso concreto, financiar la ampliación y puesta en marcha definitiva del Museo del Grabado Contemporáneo.
Sabemos que el museo es único en España, y por si fuese poco, es igualmente único en Marbella, salvo que anotemos el glorioso Cum Laude que el señor Gil tuvo a bien concedernos con la calderilla sobrante de unas bolsas ya famosas por su contenido. Me refiero al de los Bonsais.
Después de años de lucha en los medios, sigo preguntándome y pregunto a mis sufridos lectores, si tienen conocimiento de algo relacionado o incluido en lo Cultural, que poseamos sin saberlo, o nos haya ocurrido como hecho puntual destacado. Es cierto que Vargas Llosa fue nuestro visitante asiduo en la Buchinger, (sin la Preysler y para adelgazar), que Plácido Domingo actuó en el Starlite anterior y que esporádicamente llega un autor a presentar y vendernos su libros…pero, aparte de esos polvos de estrellas, ¿hay algo más?
Se que aburre repetir lo que ya parece un estribillo. A pesar de ello, necesito hacerlo.
No tenemos Casa de la Cultura (apunte: Don Benito, en Badajoz, tiene una realizada por Moneo), Centro de talleres de escritura o pintura para jóvenes, un Cine Club digno, Conservatorio musical, ídem, y existen pocas asociaciones culturales.  Por no tener, carecemos de biblioteca , que es el non plus ultra de la dejadez, y para colmo, hemos perdido de momento, la UNED. ¿Hay quien de  más?
Como historiadora y mujer de libros, me avergüenzo de la situación de mi ciudad en la que tenemos más bancos (no para sentarse)  por metro cuadrado que árboles, más campos de golf que escuelas y más restaurantes y bares que cines, teatros y bibliotecas.
No elegiría para vivir un lugar con estas características de no ser porque el nacimiento condiciona y el terruño, aunque tenga defectos, como a los hijos, se le quiere. Pero no me digan, por favor que como Marbella no hay nada, porque eso es chauvinismo y demagogia, y ni soy política, ni de serlo, aspiraría a ser como Trump.
Málaga podría enseñarnos algo si tuviésemos la voluntad de aprender. Si el conocimiento nos importara, y en el capítulo de los placeres, dejáramos introducir en nuestro interior, el producido por la cultura.

                                                                                                   
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)