16 de mayo de 2017

ENCRUCIJADA DE RAZAS, CRISOL DE IDEAS

La comunicación verbal no es la única forma de descifrar la Historia. Ni tampoco la escrita, más valorada y testimonial a la hora de demostrar hechos realizados. Existe otra manera, quizás más sutil, menos ampulosa, para expresar la larga retahíla de sucesos que el hombre es capaz de protagonizar a lo largo de la gran estela de los tiempos.
Paradójicamente se llama silencio y en ocasiones es mucho más explícito. Porque hay cosas para las que el verbo resulta insuficiente. Acontecimientos imposibles de imaginar que únicamente podemos conocer si atendemos a oír a través del silencio de la piedra.  Cuando las piedras hablan, el corazón detiene su latido dispuesto a sentir el mensaje que transmiten. El sonido está profundamente inmerso en la vertical de su mampostería, la rugosidad de su basamento, la variedad y perfección de sus formas.
Cuando una ciudad habla en sus piedras, se trata de una ciudad mágica. El lenguaje que entre ellas se produce es una música oscura y penetrante que el visitante absorbe sin ser consciente de ella. Toledo es música pétrea de principio al fin. Serpenteada por el Tajo que parece acariciar sus orillas, la visión obtenida desde el Mirador del Valle es similar a una sinfonía de Mahler. Siente el viajero una vaharada de ocres y dorados que  semejan trigales en movimiento, mecidos por el gris puntiagudo de la catedral gótica, que junto al Alcázar presiden la majestuosa colina donde se acomoda esta ciudad única. No es que haya mucha historia en Toledo. Toledo es, la Historia misma, de España y casi del mundo en una época precisa.

Desde que la mencionara Tito Livio, como ciudad pequeña pero muy bien fortificada, un torbellino de literatura se ha escrito sobre ella. Derrotados los romanos, Leovigildo la convierte en capital de reino hispano-visigodo y a partir de la conversión de Recaredo, el catolicismo imprime su huella edificando iglesias y conventos bellísimos.
Con la decadencia de los visigodos entra a formar parte del Califato de Córdoba, momento en que el diseño de sus calles se vuelve laberíntico y casi salvaje. Momento también en el que permanecen en su recinto con cierta armonía la conjunción formada por tres civilizaciones, ya que la judía estaba desde tiempos anteriores. Convivencia pacífica que proporcionó un alto nivel cultural, plasmado en la muy elogiada Escuela de Traductores , donde los escritos eran pasados del lenguaje hebreo al árabe y al latín, traduciendo incluso del griego para llegar, en última instancia al castellano.
Es posible que este crisol de ideas llevara a sus creadores a intentar superar al rival en belleza y diseño arquitectónico. Puede que rivalizaran en materiales, que cada uno quisiera dejar huella en este maremágnum cultural y humano.
La antigua mezquita, transformada en catedral por Alfonso VI, tras la reconquista, es en sí misma símbolo del poderío artístico que alcanzó la ciudad, cuyos artesanos estaban considerados los mejores del mundo. La grandiosidad del gótico, lanzando hacia arriba el espíritu, sus columnas y sus arcos apuntados como flechas hacia el cielo, sus columnas como gigantescas palmeras de granito que, al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal, sus vidrieras coloridas, la minuciosa filigrana de su coro, el laborioso encaje de oro de su Custodia procesional…hace enmudecer al más flemático visitante.
Pero hay que guardar asombro para poder visitar sus sinagogas con la mente de un judío practicante, la serenidad de sus blancas paredes ornamentadas por cenefas con textos de la Torá, junto a la frescura de sus patios.
 Y hay que conservarlo también para enamorarse de la obra de El Greco, el cretense que alargaba sus figuras, puede que con idéntica intención de buscar la vertical de Dios, lo espiritual sobre la carne.
En lo más alto, el Alcázar, vigía perenne de una ciudad tan deseada como asediada en el transcurso de los tiempos. Para tenerlo todo, hasta un episodio flagrante de nuestra reciente historia está allí, intacto en sus paredes tiroteadas, en un teléfono negro que nos revela la crueldad de unas dolorosas palabras entre padre e hijo, la valentía convertida en la loca heroicidad del coronel Moscardó, en la defensa del Alcázar cuando todo estaba ya perdido.
Pisar las piedras de sus calles, que también parecen querer emular a las columnas catedralicias, siempre hacia arriba, con sus guijarros brillantes clavados en los sufridos pies, es alcanzar un estado entre gravitatorio y exultante donde poder cobijarnos cuando la mediocridad de nuestros días nos deprima el ánimo.
Sabemos ya que la magia habita en la ciudad bellísima que el Tajo envuelve.

                                                                                                     
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

15 de mayo de 2017

VIDA Y MUERTE DE UN CICLISTA

(A todos aquellos que se han quedado en el asfalto o que han sufrido algún accidente con su bicicleta provocados por un tercero imprudente)

Sí, me refiero esas personas que nos desplazamos sobre una bicicleta por tu (nuestra) ciudad o tus (nuestras) carreteras. Esas personas sobre las que descargas tu ira, tu estrés y tu falta de educación,  que querrías erradicar de la faz de la calzada –o de la tierra según algunos de vosotros–. Cruzarte con nosotros te provoca ese ataque de bilis que te amarga el día. Te hace aflorar  tu instinto más animal del depredador que, subido a su vehículo metálico de gran tonelaje, está por encima del bien y del mal. No hay quien te pare, pasas por donde quieras y cuando quieras, ¡eres el rey del asfalto!
 Si esta introducción te ha hecho hervir la sangre mejor que hoy no cojas tu coche ya que puedes ocasionar una catástrofe. Estás empezando a mutar hacia tu lado más peligroso y puedes hacer daño a alguien.
A los demás –espero que la mayoría, aunque cada vez soy más pesimista en este sentido– os pido sensibilidad, precaución y sentido común –también al colectivo ciclista, por supuesto–. Detrás de cada persona que decide utilizar una bicicleta hay tantas historias como usuarios. Todos tenemos familias, nuestros problemas y nuestras ganas de vivir. La bici nos ofrece una sensación de libertad difícilmente entendible por quien no lo ha experimentado. Por la ciudad, por la carretera o por el campo, sentir el aire en tu piel mientras te desplazas realizando un esfuerzo gracias a tus propias energías aporta un bienestar que recomiendo experimentar a todo el mundo. La vulnerabilidad hace que estés alerta de lo que te rodea lo cual supone implicarte con tu entorno, algo muy olvidado en la sociedad actual. De manera individual o en grupo, detrás de cada pedalada se mezcla, cual fórmula de alquimista, salud, alegría, sufrimiento, placer, ilusión, diversión y unas gotitas de ecología. Toda una contribución de energía positiva a este mundo endiablado.
Noto y comparto la rabia que sienten los amigos del CDC La Vereita –con los cuales he disfrutado de una preciosa ruta familiar por la Bahía de Málaga este fin de semana– tras las terribles noticias que se están sucediendo estos días con los tres fallecidos en Oliva, la muerte de Scarponi o el atropello múltiple de Tarragona. Y es que ellos mismo has sufrido entre sus socios accidentes que les han dejado importantes secuelas. Dando fe de la tensión que se vive, en la ruta mencionada, donde participaban niños, en un cruce, un señor conductor (lo más seguro que incluso padre de familia), intentó cruzar por en medio del grupo porque..., porque le daba la gana.
Son este tipo de actuaciones las que hay que corregir, las que debemos transformar mediante la educación, el respeto y la sensatez. Hacer ver a la sociedad que estamos para convivir y que todos tenemos nuestros motivos para disfrutar o incluso para tener un mal día, pero no podemos por ello obviar a los demás y pasar por encima. Por muy tópico que parezca los españoles somos impetuosos, prepotentes e irresponsables, y canalizar todo esto va a ser muy, pero que muy, complicado. Mientras pasan generaciones que diluya esa “mala leche” recomiendo prudencia y buen rollo, respirar tres veces antes de responder, y siempre que se preste, dar las gracias o pedir perdón.  Claro que esto mientras se pueda interactuar con el otro ya que si viene puesto de todo, borracho, trasnochado o simplemente despistado con el móvil puede que no haya ocasión más que para las lamentaciones. 
No me puedo olvidar de la Administración a la que hay que seguir pidiéndole que invierta en infraestructuras seguras para los ciclistas ya que cada vez somos más los usuarios y una apuesta segura para mejorar la calidad de vida de las ciudades.  No nos contabilicen como votos sino como vidas humanas.

Espero conciudadano haberte tocado al menos por unos minutos tu conciencia y veas a los ciclistas como a tu amigo, tu vecino o tu familiar que sale a dar un paseo y quiere que sea algo maravilloso, no una ruleta rusa en la que no sabe cuándo te tocará la bala.

Arturo Reque
Arquitecto
Presidente Asociación Marbella ByCivic

2 de mayo de 2017

EL PUEBLO SE PREGUNTA

Pido perdón a los puristas de la lengua por el uso de “pueblo” en lugar de “ciudad”. No es más que una metáfora intimista en la que deduzco que la nostalgia tiene mucho que ver. De vez en cuando me dan arrebatos recordatorios de un tiempo en el que nos llamábamos pueblo voluntariamente, a sabiendas de que los reyes muy católicos nos concedieron, previa cláusula legal, el título de Ciudad.
Marbella anda por estos días muy ocupada con el problema de sus playas. Los últimos temporales nos han dejado sin arena, después de haber rellenado todo lo posible para la Semana Santa. Y si el tiempo se enfada, habrá que repetir operación de nuevo, con el gasto y el trabajo que ello significa. Pero como de este problema leerán mucho en los próximos días por fuentes bien informadas, dejo a los profesionales este asunto y me centraré en otro que rodea mi cabeza cual mosquito tempranero.
Créanme que si entiendo poco y mal las muchas cosas que dejan de hacerse siendo necesarias, mucho menos llego a comprender la inactividad y el abandono de las ya hechas y que comienzan un lento deterioro. Por desgracia no es extraño encontrar edificios cercanos que duermen el sueño de los justos a la espera de una administración o empresa que les diga lo de “Lázaro, levántate y anda”. Pero entre ellos hay algunos cuya paralización es de lesa majestad.
Abandonado, sin explicaciones a la ciudadanía, solo y triste, sin más compañía que la de los vehículos que llegan para aparcar frente a él, el complejo deportivo ( si es que lo es definitivamente) del antiguo Francisco Norte, guarda en la soledad de sus ventanales, puertas, suelos y edificación en general, el misterio de por qué le han dado la espalda. Arrojado como un poseso al grupo de los no queridos, despreciado por Ayuntamiento y quienes estén en el asunto de su no puesta en servicio, solo él sabe cuales son las verdaderas causas de su inutilización, estando como está en un lugar céntrico y privilegiado, habiéndose discutido ad nauseam su construcción y las funciones que debería realizar.
Al ser un lugar muy cercano, he podido comprobar directamente como el pueblo en general, cada vez que divisa su figura, y mientras lo contempla con un deje de lástima, pregunta a quien quiera oírlo, qué narices ocurre con el Francisco Norte y si están esperando que se deteriore para declararlo “ruina histórica”.
A quienes nos movemos en el área de la lógica más cartesiana, este asunto incomprensible, absurdo y demás adjetivos similares, nos parece un descaro por parte de los autores del hecho, y cualesquiera que sean las razones que den ( no han dado ninguna) para este bochornoso ejemplo de dejación, una falacia sin paliativos.
Si son intereses privados los que impiden su puesta en servicio, debían hacer dos cosas con urgencia: la primera explicarlo en esa transparencia tan cacareada, y la segunda solucionarlo sin demora. No es de recibo que una ciudad tenga aparcado un centro deportivo tan necesario y sus regidores vuelvan la cara hacia otro lado, mientras el tiempo destroza su vacío.
Tal vez el desconocimiento de cómo debe regirse una ciudad exceda de los cerebros limitados de sus pobres habitantes, quienes al votar creen que depositan no solo su fe sino sus posibilidades en los votados. Craso error por lo que vemos y comprobamos.
Y puesto que me queda un pequeño espacio, permítanme que refleje por enésima vez mi indignación ante la carencia de una Biblioteca pública, creo que la única ciudad en España que no la posee, por lo que no sería difícil que nos calificaran de analfabetos y harían muy bien, quienes nos visitan.
Tendremos la titularidad como “Ciudad grande y leal”, pero los afamados Isabel y Fernando no sé si sabrán que lejos de progresar, en ciertos aspectos vamos como cangrejos dando pasos hacia atrás.

                                                                                                    
Ana María Mata  
(Historiadora y Novelista)