4 de septiembre de 2018

RALENTIZACIÓN TURÍSTICA


Aunque la hoja del calendario indique septiembre el verano sigue entre nosotros como rey y señor. El calor perdura en días aparentemente tormentosos, con las odiosas medusas apoderándose de las playas como un factor negativo para bañistas y chiringuitos.
Si es cierto que hay quienes han abandonado la costa en pro de un trabajo necesario pero fastidioso cuando se trata de acabar con las vacaciones. El año laboral comienza para muchos y aquí, en nuestros lares es buen momento para realizar un análisis de los meses anteriores, julio y agosto, punta del iceberg veraniego, en los cuales se dirime el futuro turístico de los años por venir.
No han sido tan buenos como cabría haber esperado puesto que no se han alcanzado las cifras del 2017, y hemos descendido en ellas. El Instituto Nacional de Estadística  apunta que el turismo en la Costa del Sol sufre el primer frenazo en su crecimiento en los meses que inyectan la mayor rentabilidad a los negocios desde la crisis. Los empresarios del sector alojamiento, las agencias y la restauración coinciden en los datos y afirman que en lo que queda de verano será difícil alcanzar los niveles de actividad del mismo periodo en 2017.
La respuesta a este cambio de tendencia está en primer lugar en la vuelta al escenario de

los principales competidores del Mediterráneo, especialmente Turquía, Egipto y Túnez, resurgidos con precios de ganga, junto al reclamo de países como Croacia y Bulgaria que comienzan a ganar protagonismo por sus bajos costes.
El salvavidas de todo lo expuesto ha estado en el turismo nacional, gracias al cual las pérdidas no han sido más costosas, turismo convertido en amortiguador de la caída. La temporada, apuntan algunos, se ha salvado gracias a la estrategia de lanzar ofertas, activando promociones cara al final del verano.
Este análisis necesita un estudio a fondo de ciertas características propias de la Costa, especialmente en el sector llamado de lujo. El sector empresarial marbellí  ha mantenido una escala de precios al alza no siempre acompasada de un aumento de la calidad. Y el turista penaliza este alza si no hay una mejora del servicio.
La Costa ha de ser consciente, sin vendaje de ojos, de la fuerte competencia que tiene en las Baleares, Mallorca, Menorca e Ibiza, e incluso de la también alcanzada por algunos puntos de Levante, en cuanto a la relación precios/calidad. Dormirse en los laureles ha sido durante largas temporadas anteriores una constante que parecía no perjudicarnos pero que a la larga acostumbra a pasar factura.
El turista, extranjero o nacional, hace tiempo que dejó de venir por las afamadas cabeceras de revistas del corazón que ensalzaban la rubia cabellera de Gunilla o los exagerados bigotes e histrionismo de Jaime de Mora. Quieren algo distinto para sus vacaciones que suelen ser más cortas, pero a las que le piden mucho más: proyectos lúdicos, música aceptable, infraestructura  indispensable, playas cómodas y precios
razonables.
Suele decirse que las cosas importantes hay que cuidarlas, y el turismo es algo que necesitamos mimar si queremos que siga siendo la vaca de cuya ubre bebemos. En cualquier momento pueden surgir, no uno, sino varios lugares paradisíacos, o no tanto, pero en los que los destinados a su promoción se encargan de presentarlos como tal.
Atención por tanto a cualquier factor desestabilizador. No podemos permitirnos morir de éxito. Nos va en ello el futuro de toda la Costa del Sol.
                                                                                             
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)   

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