17 de julio de 2009

Subida al Lastonar





Siempre que se realizan gestas como la del pasado fin de semana con la subida y vivac en el Lastonar, entrega de cinturones la mañana siguiente en La Concha y vuelta a casa por Juana, surgen los comentarios sobre qué motiva a someterse a un sufrimiento tal.

Efectivamente hay gran parte de “sufrimiento” en estas aventuras, pero entre comillas, ya que son enormes los momentos de placer. Quién quiera conocer el origen de esta celebración del gimnasio Zen puede leerlo en el siguiente enlace: http://personal.telefonica.terra.es/web/gimnasiozen/. Merece la pena el escrito del Sensei Gustavo Reque y su homenaje al maestro Kanazawa y el volcán Fujiyama.

No voy a entrar en los detalles de las ventajas que supone subir con el karategui por una zona espesa y llena de maleza y zarzas, ni del efecto ventilación que supone la amplitud de esa prenda, como tampoco analizaré aquí la fecha y hora de la subida. Creedme solo si os digo que además de que somos un club de kárate, terminamos la temporada al final de junio y además tiene que ser así si se pretende dormir arriba.

Ya ha pasado una semana y he querido dejar reposar mis emociones para analizarlas desde el tiempo. Es curioso como varían con el paso de las primeras horas. Este año he disfrutado desde el primer momento con el paso a través del pinar de Los Monjes hasta llegar a la última charca que siempre ejerce de oasis para los que por allí transitamos. Después, a medida que nos acercamos a la zona más escarpada y se va viendo la cima del Lastonar, es inevitable levantar la vista de vez en cuando para recordar lo que te espera. El arroyo seco, porque camino no hay, se va cerrando al paso con adelfas, zarzas y otras especies punzantes. Piensas en el agua que llevas y, aunque ya tenemos experiencia en esto, siempre te queda la duda de haberte quedado corto. Calor y más calor, aunque este año ha sido más suave. ¡¡Si llegamos a subir la semana anterior con la ola de calor!!

Hacemos tres breves paradas para reagruparnos y reponer fuerzas. Se dan algunos consejos para los que suben por primera vez y a partir de entonces cada cual sube a su ritmo. Ya no hay pérdida, solo de fuerzas. El Sempai Adolfo va de “coche escoba” por si hay incidencias. Personalmente prefiero subir casi sin parar, salvo para bajar las pulsaciones después de trepar alguna cascada seca. Sin embargo este año que iba muy bien físicamente me surgió un imprevisto. Cual teniente Rambo en “Acorralado” se me incrustó una rama seca en el lateral de la pierna, entre el tobillo y la rodilla. Cuando me decidí a mirar el alcance pude ver que sangraba abundantemente así que presioné sobre la herida y esperé a los siguientes compañeros por si iba a más. Afortunadamente paró y aunque con molestias seguí mi ascensión. Sería por esta molestia que cargaría más de la cuenta la pierna y me entraron calambres. ¡¡Que incómodo es!! Estiras y parece que lo empeoras ya que se agarrotan los músculos. Hasta que das con la tecla y consigues relajarlos. Pero a partir de ahí ya vas con más cuidado ya que sabes que el asunto está delicado, puedes volver a recaer en cualquier momento. El problema es que por donde subimos, un vez que has avanzado un buen tramo ya no hay opción. La vuelta atrás es peor que seguir subiendo.

Ahora creo que el estar concentrado en la manera de apoyar la pierna dañada y la agarrotada hizo que no pensase en el cansancio físico acumulado y como sin darme cuenta me encontré fuera de la zona de vegetación y con el camino que viene desde Juanar. Que cerca del objetivo y ¡zas! calambrazo en la otra pierna. Unos últimos 200 m un tanto agoniosos pero finalmente, con los ánimos de los compañeros que subieron por Juanar, llegué a la cima. El sol todavía alto, mis compañeros descamisados ya habían elegido su zona para dormir y algunos incluso habían colocado la esterilla y el saco.

El Sempai Gustavo me cura la herida, un tanto fea, pero por fin limpia. Los frutos secos, un bocadillo, fruta y agua me reponen inmediatamente. Otra cosa será al día siguiente cuando, sin apenas dormir, pero tras disfrutar de una espectacular noche estrellada realizamos el kata y nos encaminamos hasta La Concha para la entrega de cinturones.

Son tantos los momentos emocionantes y que se quedan en el recuerdo que merece la pena vivirlos a pesar del “sufrimiento”. Además, la herida y un uña casi perdida me recordarán lo bien que lo pasé :-)

Por último solo quiero dejar constancia de la tristeza que me invadió cuando me enteré del incendio ocurrido el pasado martes justo por la zona que habíamos pasado tres días antes. No se el alcance real del mismo, pero tengo tan frescas las imágenes de esa zona que pareciera como si se me hubiese quemado mi propia casa.

Gracias a todos mis compañeros por compartir esos gratos momentos, sus risas y anécdotas.

Arturo Reque Mata.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querido amigo, esta vez no pude acompañaros. Después de la última bajada, todavía tengo presente el tremendo dolor en el tobillo izquierdo; y fue ese recuerdo junto con un pinchazo en el gemelo y tendón de Aquiles, que sufrí la misma semana de la subida de este año, mientras me entrenaba corriendo, los motivos por los que no me atreví a subir. Ya sabes que uno solo puede echar a perder la subida de otros compañeros.
Me alegro de que disfrutaras tanto y de que no haya sido nada importante lo de tu herida. Las fotos están geniales, y la última, la que más me gusta, con ese contraluz tan fuerte.
No sé si nos veremos antes de tus vacaciones, pero por si no coincidimos en el gimnasio, pásatelo muy bien con tus hijos y tu mujer por el Norte de España.

Un abrazo.

Órfilo.

la-de-marbella dijo...

Bonitas fotos. La subida es grandiosa y la recompensa de ser capaz de llegar enorme. Hace mucho que no camino asi, pero no lo olvido. Ha sido bonito recordarlo a traves de ti. Gracias por compartirlo

Onicofagico dijo...

Después de leer tu crónica y tras haber tenido la suerte de haberos acompañado, vuelven a mi cabeza las sensaciones, que compartimos para lograr hacer cima "sin oxigeno" (jajajaja). Por lo duro y más que nada "incómodo" de la ascensión, me acordaba de los "Juanitos Oyarzábales" y "Edurnes Pasabanes" que se pegan esas palizas para subir a esos monstruos de piedra de 8.000 metros.

Sin duda y como los toreros, están hechos de otra pasta, porque de otra forma no comprendo como son capaces de pegarse esas palizas, soportar durísimas inclemencias meteorológicas para hoyar en lo más alto. Finalmente supongo que tanto para ellos como para nosotros (a nuestra escala), la mejor de las recompensas es la de haber sido capaces de terminar con éxito lo que antes de la subida pretendes conseguir.

Como bien dices, Arturo, "la caló", lo abrupto del camino (si se puede llamar así) y la carga de la mochila, me transmiteron las mismas sensaciones que a Rambo por lo de "no sentir las piernas".

Finalmente ya en el Lastonar, descanso, preparación del Vivac, tertulia y risas con los compañeros y "contacto luminoso" con los familiares vía linternas que desde Marbella ciudad nos daban las buenas noches y la enhorabuena por haber llegado bien. Bueno tu menos por lo de tu herida, aunque yo tuve los dedos meñiques de los "pieses" arrugados como pasas y casi que me los corto de lo que me dolían.

Lo dicho, gracias por haberme dejado compartir esta experiencia con el Gimnasio Zen, que de otra manera, probablemente no hubiera hecho.

Saludos.

Ignacio
P.D. Enhorabuena por el blog.