16 de enero de 2018

MACHISMO Y VIOLENCIA

La mujer lo ha tenido duro desde casi, casi, su aparición en el mundo. Tras la bromita divina de la costilla de Adán hasta el día de hoy, el recorrido ha sido una constante carrera de obstáculos cada uno de ellos peor que el anterior.
Limitándonos a nuestro país, hasta 1841 no pudo entrar en la Universidad, y para entonces, Concepción Arenal hubo de hacerlo disfrazada de hombre. Conseguir el  voto fue tarea ardua que llevó al enfrentamiento incluso de dos mujeres destacadas, Victoria Kent, y Clara Campoamor, debido a la reticencia de la Kent a la influencia del clero en la mujer. Por fin lo consiguieron en 1933, dos años después de la proclamación de la 1ª República.
El Fuero del Trabajo promulgado en 1938 en la zona nacional limitó el trabajo únicamente a las que estaban solteras o eran viudas, y no fue hasta 1975 cuando dejaron de necesitar la autorización del marido para abrir, por ejemplo, una cuenta bancaria.
Su situación de inferioridad, conculcada por leyes y normas ha llegado a la actualidad en lo que al dominio masculino se refiere, puesto que el hecho de incorporarse al trabajo, poseer una libertad y ser, en apariencia al menos, dueña de sus actos, no implica la igualdad tan deseada en lo cotidiano y lo personal.
El número de mujeres asesinadas en 2017 llegó a ser más de cincuenta. Podrían ser menos, pero el grave problema seguiría existiendo. La percepción masculina de la idea de amo y señor es una consigna impresa en el cerebro de algunos hombres por muy modernos que aparenten ser. “La maté porque era mía…” decía una vieja copla que resume en una frase el fondo auténtico de una cuestión tan espeluznante.
En el instante y lugar que una mujer crea cualquier tipo de compromiso con determinados varones, estos se sienten absolutamente dueños de su vida y actos, hasta los más insignificantes, que deben ser controlados por ellos. La vacuidad que el pensamiento varonil experimenta al pensar ( o imaginar)  que la persona del sexo opuesto que él creía domesticada piensa por ella misma y hasta decide, es tan extensa, que el orgullo le impide razonar. Desaparece entonces el logos, el hombre racional y se convierte en fuerza motora, depredador y hasta asesino.
Ciertos hombres no aceptan de ningún modo que la mujer les supere en casi nada, porque eso supone para ellos una disminución de su hombría durante tantos siglos afamada y gloriosa.
El silencio es el mandato patriarcal y machista por excelencia. Durante siglos se mantuvo la expresa prohibición a las mujeres de tener conocimiento, leer, escribir, hablar en público…Ese pacto de silencio forjado sobre el miedo de ellas, la violencia de ellos y la indiferencia de la mayoría, ha conseguido normalizar el abuso, el maltrato, e incluso generar la plaga de violaciones en la que vivimos ahora.
Pero el silencio, al menos, se ha roto. En España desde Ana Orantes, la mujer que fue quemada por su marido tras una denuncia en la televisión, y las miles de voces de mujeres que tomaron el relevo, lo están haciendo añicos con una fuerza desconocida hasta ahora. Millones de mujeres en todo el mundo han dicho se acabó.
Hace falta que ese grito unánime sea escuchado por jueces, policias, y especialmente por el entorno real en el que se desarrolla las vidas de las mujeres cuya integridad física esté en peligro.


La sociedad ha de sentirse involucrada hasta el máximo en una tarea que la califica sobremanera desde sus más profundos cimientos.
Una mujer no puede ser jamás objeto de posesión, entretenimiento amoroso o segunda y relegada parte de un compromiso por muy afectuoso que este sea.  Una mujer es un ser independiente y libre, dueña de su vida y actos.  Como el otro que pueda tener enfrente y casualmente ser un hombre.
                                                                                           
Ana María Mata 
(Historiadora y Novelista)

1 de enero de 2018

LIBROS ACONSEJABLES

Navidad y Reyes suelen ser, para algunos, el momento ideal para regalar libros. Al menos en estas ocasiones el libro deja de ser un objeto en espera para convertirse en algo deseado y deseante. Las librerías reviven, y por eso, ya que la que alegraba mi corazón no puede revivir, permítanme por favor hablarles hoy de libros porque, de la forma que sea, ellos me son imprescindibles. Y por primera vez escribiré que no me refiero solo a los de papel, cuyo tacto, envoltura y páginas alegran la vista desde el primer contacto, sino al interior, a lo que los libros encierran, su contenido y espíritu. Si hay que sentirlos en una tableta, o móvil, o cualesquiera de los artilugios que ahora los contienen, pues habré de decir bienvenidos sean con tal de que la lectura siga produciéndose. Que nuestra mente y nuestro corazón se impregnen de historias cuyos avatares nos envuelvan consiguiendo que nos olvidemos de nuestra pequeñez para entrar en mundos amplísimos. Leer es una forma de vivir otras vidas a las que nunca tendríamos acceso por medios distintos.
Y para aquellos que lo sientan así, ahí van dos o tres, todavía calentitos en mi retina, todavía pululando por mi mente sus protagonistas, su ambiente y sus mensajes.
Para quienes gusten de la novela policíaca, o negra, según el dictamen actual, el primer título, con cierto aire de ironía, es “Mi querido asesino en serie”, novela que aconsejo por sus maravillosos diálogos y su estructura original imbuido todo ello en un humor cómico y dramático, como suele ser el sello de su autora la española Alicia Gimenez- Bartlet.
Del mismo género, la australiana Jane Harper nos concede en “Años de sequía” una intriga apabullante de las que no puedes abandonar ni siquiera cuando hay que dormir. Editada por Salamandra ha sido la revelación literaria del año. Galardonada con varios premios importantes, el escenario excepcional y los giros inesperados te mantienen en vilo impactante.
En otro estilo y género, la muy famosa “Dientes Blancos” de Zadie Smitcht, igualmente muy premiada y traducida a múltiples idiomas. La Smicht nos introduce en el mundo de la inmigración a través de dos familias similares y opuestas a la vez. Sumergidos en el más puro ambiente londinense recrea con gran habilidad la vida y detalles de aquellos que logran situarse, pero no integrarse en él.
He dejado para el último lugar la novela de uno de los autores españoles más reconocidos dentro y fuera del país: Javier Marías y su magnífica “Berta Isla”. Libro sin clasificación ni género definido, es un “Marías en estado puro”, cuyos personajes le siguen allá donde con sus digresiones les lleva el autor, preocupado del argumento, pero todavía más del lenguaje que domina a la perfección. Con apariencia de libro de espionaje, esto no es más que un recurso para crear límites y peripecias indefinidas. No es un libro más de actualidad si se lee bien. Con recreación y tal vez algo de calma.
Para quedar bien, podría decir que algunos clásicos literalmente olvidados toman frescura con los años y pueden sorprenderte como lector/a. Me ha pasado con Pio Baroja, y sus libros “La Busca” o “El Árbol de la Ciencia”. O con Pérez Galdos y algunos de sus Episodios Nacionales.  Pero son relecturas que empiezas casi obligada y acaban en satisfacción.


No concibo la Navidad sin regalar y que me regalen algún libro. Cuando los efluvios del marketing desaparecen, algunos presentes se volatilizan en el olvido, algún regalo puede acabar en la basura.
Un libro, jamás. Su compañía es más duradera, y sus placeres más sosegados, pero más interesantes.
A pesar de sus enemigos, sigo manteniendo la esperanza de que la lectura, en el formato que sea, tenga límites solo en la eternidad.    
Feliz Año y buenos Reyes.

                                                                                         
Ana María Mata
(Historiadora y Novelistta)

22 de diciembre de 2017

JUGUETES

Para la niña que fui, la palabra arriba expuesta tenía un sentido mágico que, no sé por qué me parece que no lo tiene tanto para los niños de hoy. El juguete es un objeto concebido para estimular la imaginación de quienes lo reciben, proporcionarles placer y ayudarles a que su infancia sea divertida y alegre. Posee un componente de fantasía bastante alto aunque algunos sean de los llamados educativos, y otros, no muy afortunados, de los bélicos.
El niño necesita cosas que le aparten durante largo tiempo del mundo concreto y real en el que habitan, para ellos excesivamente ramplón y lleno de advertencias de peligros. Hasta hace poco los juguetes eran esas cosas con las que ellos se identificaban, quizás porque sabían que les pertenecían y estaban creados para su deleite.
El caballo de cartón o madera, los soldaditos de plomo, el tren con sus raíles incluidos, la muñeca de plexiglás o el coche de bomberos, fueron en su momento insustituibles…Abrir los ojos y encontrarlos al pie de la cama como un regalo que sus Majestades los Reyes Magos hacían después del largo viaje desde Oriente, era una sensación indescriptible que por muchos años pasados no podemos olvidar.

Pero estamos en el siglo XXI, y el asunto parece haber cambiado. No por culpa de sus majestades, viejos pero en activo, sino por los receptores, que aún siendo también niños como dijo el poeta..”Ya no son los de entonces”. Imaginan ustedes lo que sucedería en el amanecer del seis de enero si a alguno de los niños que conocen les trajesen un caballo aunque fuese de metal cromado, una muñeca simple de plexiglás que no hiciese nada, un tren, por muy bríllantes que fuesen los raíles o un simple coche de bomberos?
¿Imaginan que no recibiesen la Nintendo deseada, el móvil de última generación, el Wi (si es que se escribe así) o la tableta digital, incluso el ordenador último modelo?
Estoy viendo el desastre de llantos y protestas, cabreo y decepción de nuestros queridos infantes en día tan señalado. Pero no ocurrirá porque los mensajeros y ayudantes de Papa Noel o los Reyes saben muy bien contra lo que es imposible luchar y lo acatan con precisión exacta.
Navidades y Reyes al estilo digital. Así se podrían anunciar estas fiestas en las que lo electrónico supera, si me apuran, al jamón serrano y al cordero lechal. Todo debe venir a través de unas ondas secretas que gobiernan el mundo de hoy. Que conocen hasta los niños de pecho y desconocemos los que nacimos en el siglo anterior y somos incapaces de hacer algo más que una llamadita en el móvil que a duras penas hemos conseguido aprender.
En una encuesta realizada en un colegio de educación infantil, al preguntar a un total de cuarenta niños de cinco años que regalos habían pedido para Navidad o Reyes, el análisis fue concluyente: 1º, no en Navidad  O  Reyes, sino en Navidad  Y  Reyes, es decir en las dos ocasiones. En la primera, todos dijeron una tableta electrónica y en la segunda, algunos se decantaron por la Nintendo y otros por el móvil último modelo que acaba de salir a la venta.
Definitivo, como verán. Internet y sus variantes es el rey absoluto de la santa infancia y me pregunto quienes podrán ser los que recibirán algún juguete que se precie de llamarse todavía así y responda al que conocíamos como tal, exceptuando a bebés de dos años, porque los de tres, les aseguro que ya quieren una Wii.
Enorme cambiazo de aquellas fiestas de zambomba y pandereta, de muñecas y coches, mantecados y roscos caseros al horno. Giro extraordinario de un mundo que nos tiene a todos controlados mediante un sin fin de aparatejos extraños que constituyen un espacio virtual, pero dentro del nuestro. 
¡Dios nos coja confesados!, me dijo un amigo días pasados…Al menos debe cogernos, con o sin confesión , pero con el móvil encendido y cobertura.

                                                                                         
Ana  María Mata 
(Historiadora y Novelista)

6 de diciembre de 2017

EL CHIRINGUITO DE LA VERGÜENZA

En cualquier lugar costero el paseo marítimo suele ser uno de los lugares más concurridos. La visión del mar en toda su plenitud se une en el de Marbella a su espléndida vista, en los días claros, de la costa africana y de Gibraltar, factor este último que le da un toque distintivo de excelencia.
Creíamos en nuestra inocente ignorancia que la construcción desarrollada a sus pies tenía unas normas claras y precisas, siendo como es terreno de arena para bañistas y paseantes. En el nuestro, además, existen trozos desgraciadamente muy castigados por temporales reiterativos en los cuales la presencia  de arena es escasa, como ocurre en el trozo situado en la playa de la Fontanilla, a la derecha de la desembocadura del río Guadalpín .

Este trozo en concreto es el objeto de mi artículo, al situarse en él una construcción, a medias hoy, debido a un parón que creíamos definitivo, pero que se ha reanudado para nuestra sorpresa en las últimas semanas. Se trata de un chiringuito de grandes proporciones, cuya parte inferior se introduce literalmente en el mar, mientras que el resto es un gran mamotreto que impide y obstaculiza por completo la visión del resto de la costa. Lo entenderán mejor si les digo que paseando por la orilla, es imposible continuar por el lado sur, y es necesario volver al paseo marítimo y darle la vuelta al edificio.

El futuro chiringuito es hasta el momento objeto de comentarios de todo viandante que se cruce con él en una posible ruta paseística. Y no precisamente halagüeños. Los muchos adjetivos de negación se han ido resumiendo en uno solo que los abarca en su totalidad. Se le llama “la vergüenza” del paseo marítimo.
No hay, hasta el momento nadie que no contraiga sus músculos faciales en gesto de horror ante la visión de este monumento a lo antiestético que produce la impresión de una bofetada en pleno rostro en momentos que habías deseado pasear con total relajación.
Contra todo pronóstico, la licencia de obras aparece en un lado de la cubierta que lo cubre, y ante este descabellado gesto, no se si municipal o de la Junta, no me duelen prendas al expresar que muy ciegos han tenido que estar los “licenciadores” o, pensando en los modos que circulan hoy, muy llenos de algo que no es precisamente flores o caramelos.
No se entiende. Es tan absolutamente incomprensible, que, quien escribe, ha debido cambiar la ruta de su paseo por no recibir más peticiones rogativas de protesta escrita en torno al chiringuito. Si me lee alguno de los que lo conocen, me entenderá y verá que le estoy haciendo caso a su petición tan necesaria como lógica.
Una ciudad está constituida por muchas pequeñas cosas cotidianas que acaban construyendo su personalidad y su carácter. No podemos aceptar que el Consistorio permanezca al margen de estas cuestiones, cerrando los ojos a hechos como éste. Me pregunto, como mis paisanos, si esta licencia de obra da pie a que otros cuantos con idéntica falta de rigor y sensibilidad lleguen otro día a solicitar un permiso para levantar otra “vergüenza” semejante. Creo que en igualdad de condiciones, cualquier empresa podría hacerlo con la misma naturalidad, ya que la ley acabaría por darle la razón.


Quiero dejar constancia de que ese chiringuito, por el camino que lleva, llegará a ser un punto negro en nuestra dignidad, por lo menos en las de los gobernantes que lo aprobaron.  Y que sepa que nace con el nombre ya puesto: La Vergüenza.


                                                                                       
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de noviembre de 2017

GRACIAS A TODOS

Dice Adiós. Con hidalguía pero con el corazón acongojado. La Librería Mata se despide de amigos, clientes, familia y demás gente que hayan sentido su presencia como algo íntimo y a la vez público, como lugar de encuentro o rincón familiar para el descanso, al amparo de libros que hablaban desde el estante, de esmaltadas portadas diciendo desde su atalaya: leedme, no me abandonéis, tomadme en vuestras manos y llevadme con vosotros.
 Una trayectoria que empezó hace ochenta años se acaba y en el  momento del recuento final queda entre sus paredes todo el calor recibido durante este tiempo, el cariño de un pueblo entero que tantas veces ha pasado por ella, de gente admirable que se duele ya de su ausencia, que la añora y nos abraza a  cuantos hemos tenido la suerte de formar parte de la familia Matita, de soñar, reír, charlar e imaginar entusiasmados las mil y una historias que nos tenían reservadas sus libros en silencio.
No ha sido fácil echar el cierre. Necesario, porque la andada ha sido larga y extensa, porque los gigantes apabullan y pisan a degüello, porque el adiós hay que decirlo cuando todavía la mano puede limpiar  esa lágrima que cae sobre la pequeña baldosa de un suelo enormemente transitado.
Nunca olvidaremos lo vivido. Como una segunda piel habitará en nosotros el papel multiplicado en hojas de diarios, revistas y libros. El olor que de ellos se desprende, el calor que proporcionan, la satisfacción de lo aprendido, el roce de sus hojas.

Estas líneas de hoy quieren decir Gracias de todo corazón. Agradecer las infinitas muestras de cariño en cada despedida, los abrazos, los nudos en la garganta, los recuerdos a los fundadores, la nostalgia.
Sin presunción, pero con orgullo, nos hemos sentido parte de Marbella hasta lo más recóndito de ella. Sabemos que para muchos la librería ha sido un pequeño símbolo cultural, una lucecita siempre encendida que animaba a su gente a introducirse en el mágico mundo de la lectura, un universo en el que lo  real pierde fuerza para que triunfe la imaginación y la fantasía.
A todos aquellos a quienes no nos ha dado tiempo a despedir en persona, a los de fuera y a los que les ha cogido de sorpresa el cierre, vaya igualmente nuestra gratitud y cariño.
Ochenta años es toda una vida. La que hemos vivido felizmente todos juntos en la calle Enrique del Castillo. Hasta siempre.

                                                                                                 
Ana María Mata  
(Historiadora y novelista)

25 de noviembre de 2017

Traicióname


            Una de las ventajas de vivir en una gran ciudad es que puedes callejear y no  salir nunca de ella. Hace unos meses llegué demasiado lejos dentro de Málaga, mi bicicleta  encadenada muchos pasos atrás, en un café de fanáticos ciclistas. En un muro de la última calle un graffiti, cuatro lineas contundentes y despechadas: Lorena: no sé quién eres, ni te reconozco, ya no te encuentro, ni te quiero.

            Ahí se terminó la caminata. ¿Quién escribiría eso sobre un muro tan alejado?, y ¿quién iba a leerlo?, parecía escrito justo antes de que se acabara el mundo. Un mensaje escueto, sin una falta de ortografía, con un deje de amargura, tan poco poético como una navaja recién afilada. Probablemente su autor tiró con rabia el spray de pintura negra en el primer contenedor, se encerró en su cuarto durante una temporada, y ahí se descubrió a si mismo, ahí supo por fin quien era. Ahora desconocía a Lorena.

            Volví al café y liberé mi bicicleta negra. No es fácil encontrar el momento idóneo para sentarse con uno mismo y pensarse. Yo lo suelo hacer pedaleando.

            El carril bici de poniente zigzaguea entre jardines y el mar fiel a su lado, siempre ahí, tan azul, tan obvio. ¿Hacia dónde vamos si no sabemos quiénes somos?, qué sentido tiene lo que hacemos si no encaja con nuestra persona (para presumir de coherencia, nada menos), cómo planeamos un viaje para que te llene de verdad, qué libro leer y hacerlo tuyo, qué música escuchar y que te haga temblar. ¿Cómo vamos a hablar con sinceridad si no nos conocemos, cómo defenderemos principios, ni siquiera meras ideas? Y más importante aún: ¿cómo vas a vivir contigo mismo cada día si no estás seguro de ser Tú quien vives?.

            Cuando te sientas a solas y cierras los ojos, ¿quién eres?

            Los huecos de silencio entre palabras, y la frase no pronunciada, lo que queda al decir nuestro propio nombre, el temblor que provoca cuando alguien lo pronuncia en la calle.

            Somos, más que nada, todo lo que no hemos visto, todo lo que no hemos viajado, todo los que nos queda por escuchar. Estamos en todo los que nos queda por conocer, tanto lo ignorado por desidia como lo no querido por miedo.

            Podemos ser todas las personas, vivas y muertas, que dejaremos de conocer, y que ya nunca nos servirán de espejo, para sabernos vivos, para comprendernos. Las conversaciones que no tenemos, también las apenas iniciadas y las que quedan a medio camino. Nuestra esencia está en el espacio que se esconde entre pensamientos lentos, en esas raras mañanas sin nada que hacer, somos la respiración que no sentimos, los gestos no estudiados, los pasos por dar. Y las medias vueltas inesperadas, por un si acaso.

            El carril bici se hace interminable hacia el este, donde la costa parece evaporarse y el mar se ensancha. Por allí vivo. Una mirada perdida nos define tanto como una mano apartada con desgana, o un beso sin querer, un lamento a destiempo o un suspiro ajeno.

            Nos da forma el tiempo, el que recordamos y aún más el olvidado, el tiempo invisible que nos rodea ahora, el que nos acucia al amanecer y el que se nos muere en brazos al caer la noche. El tiempo que despreciamos por inútil y el que vendrá galopando, somos todos los instantes; tanto los odiados como los detenidos por el deseo.

            Pero sobre todo seremos las mentiras. Todas las mentiras que nos quedan por oír, incluso las medias verdades que descubriremos a hurtadillas. Las verdades nunca nos definirán porque ya están mas que juradas y escritas. Y, agazapadas detrás de las mentiras, están las grandes formadoras de la persona: las traiciones. Mas que las intuidas, serán las inimaginables, las más podridas traiciones. Las que nos dejan paralizados, con la boca abierta y sin reconocer este mundo. Las que te tumban como un golpe de viento, las que te aplanan la personalidad y te la recortan como si fuera un muñeco de papel. La maldita Lorena lo dejó sin aliento. Ya sé quién irá a leer el muro cada día.

            Encierro la bici en la oscuridad del trastero. Ese aire que nos falta ahí dentro, ese vacío que queda, es lo que somos. Traicióname.

  

© José María Sánchez Alfonso, noviembre de 2017

22 de noviembre de 2017

TRAS EL ESCAPARATE

(Artículo publicado en Diario SUR el 20 de noviembre de 2017)
Tal vez si Isabel Coixet hubiera conocido la historia de esta librería en pleno casco antiguo de Marbella se hubiera replanteado su última película y seguro que le habría sacado toda la esencia al igual que ha hecho con “The Old House Bookshop” en el film. Sería otra luz, otro ambiente y otras connotaciones históricas. Tal vez sería una película más costumbrista donde se vería pasar la historia contemporánea de un pueblo que dejó de serlo de la noche a la mañana bajo el influjo estelar de personajes variopintos que encontraron en él su paraíso. Tradición y modernidad hubieron de acoplarse para dar cabida a los cambios que iban llegando a un ritmo vertiginoso empujado por el inicio del turismo y el desarrollo urbanístico del litoral. Sería el empeño y arrojo de Andrés Mata, “Matita”, lo que mantuviese durante décadas la que fue su gran ilusión, la Librería y Papelería Mata.
Al pequeño local que arrendó allá por 1937, también le llegó el momento de adaptarse a los nuevos tiempos y amplió los pequeños ventanales de la planta baja a dos grandes escaparates que permitían que los libros atrapasen al transeúnte que deambulaba por Enrique del Castillo camino de adentrarse en las estrechas callejuelas del centro.
  Son momentos de recuerdos y los míos se asocian a esa librería donde pasábamos mi hermano y yo muchas tardes sentados en el escalón de la entrada leyendo cómics. Entonces me parecía enorme, con sus estantes llenos de libros y un gran mostrador en frente de la entrada. Tras él, recuerdo el cariño con el que nos trataba Isabel Galán, siempre atenta a nosotros y engatusándonos con algún juego en los momentos sin clientela. Ramón Alarcón era otro personaje inherente a la Librería para nosotros, intuíamos que era importante para mi tío, ya que siempre estaba haciendo números con su calculadora tras la mesa ubicada en la habitación del fondo. Le teníamos un curioso respeto ya que su bigote imponía y le gustaba provocarnos con pequeños engaños, pero nos encantaba verle trastear entre los papales contables. Cuántos rincones para tan pequeño local y cada uno lleno de recuerdos. Un entrañable engranaje de personas que hacían posible un negocio tradicional de los de entonces: sin prisas, tertulia, consejo literario y disponibilidad de cualquier volumen. Éstos han sido las principales valores que lo han hecho un lugar emblemático para los marbelleros, y por desgracia, dudo que sea posible reemplazarlo por cualquiera de las ofertas actuales.
Cuando cierre definitivamente a finales de noviembre a muchos de los que hemos pasado tanto tiempo en ella nos costará mirar sus escaparates vacíos, aunque seguiremos viendo los libros reflejados en el cristal, los periódicos ondulando en la puerta de entrada, a mis tíos Andrés y Leonor esperando que entre algún nostálgico de la lectura en papel, a mi hermano leyendo su cómic en el escalón o incluso a mi abuela Rafaela cosiendo en el ático del edificio. 
Estos días me pasa por la mente un torrente de recuerdos de lo que La Librería ha supuesto en mi vida, un chico de los 70 donde nuestra formación literaria se fraguaba a base de los tebeos de Escobar e Ibáñez, o los libros de Los Cinco, donde se aprendía a dibujar con las láminas de Emilio Freixas, y la geografía con los mapas de plástico que representaban el perfil de la península con sus ríos y cordilleras. 
A diferencia de la historia de Coixet, Marbella sí aceptó este negocio y lo hizo tan suyo que ahora todos estamos un poco de luto. Asumamos la nostalgia que nos provoca, ya que es sinónimo de que ha dejado poso en nuestras vidas. Los libros nos han hablado durante ochenta años. No dejemos de escucharlos.

Arturo Reque
Arquitecto y columnista Diario SUR