6 de diciembre de 2017

EL CHIRINGUITO DE LA VERGÜENZA

En cualquier lugar costero el paseo marítimo suele ser uno de los lugares más concurridos. La visión del mar en toda su plenitud se une en el de Marbella a su espléndida vista, en los días claros, de la costa africana y de Gibraltar, factor este último que le da un toque distintivo de excelencia.
Creíamos en nuestra inocente ignorancia que la construcción desarrollada a sus pies tenía unas normas claras y precisas, siendo como es terreno de arena para bañistas y paseantes. En el nuestro, además, existen trozos desgraciadamente muy castigados por temporales reiterativos en los cuales la presencia  de arena es escasa, como ocurre en el trozo situado en la playa de la Fontanilla, a la derecha de la desembocadura del río Guadalpín .

Este trozo en concreto es el objeto de mi artículo, al situarse en él una construcción, a medias hoy, debido a un parón que creíamos definitivo, pero que se ha reanudado para nuestra sorpresa en las últimas semanas. Se trata de un chiringuito de grandes proporciones, cuya parte inferior se introduce literalmente en el mar, mientras que el resto es un gran mamotreto que impide y obstaculiza por completo la visión del resto de la costa. Lo entenderán mejor si les digo que paseando por la orilla, es imposible continuar por el lado sur, y es necesario volver al paseo marítimo y darle la vuelta al edificio.

El futuro chiringuito es hasta el momento objeto de comentarios de todo viandante que se cruce con él en una posible ruta paseística. Y no precisamente halagüeños. Los muchos adjetivos de negación se han ido resumiendo en uno solo que los abarca en su totalidad. Se le llama “la vergüenza” del paseo marítimo.
No hay, hasta el momento nadie que no contraiga sus músculos faciales en gesto de horror ante la visión de este monumento a lo antiestético que produce la impresión de una bofetada en pleno rostro en momentos que habías deseado pasear con total relajación.
Contra todo pronóstico, la licencia de obras aparece en un lado de la cubierta que lo cubre, y ante este descabellado gesto, no se si municipal o de la Junta, no me duelen prendas al expresar que muy ciegos han tenido que estar los “licenciadores” o, pensando en los modos que circulan hoy, muy llenos de algo que no es precisamente flores o caramelos.
No se entiende. Es tan absolutamente incomprensible, que, quien escribe, ha debido cambiar la ruta de su paseo por no recibir más peticiones rogativas de protesta escrita en torno al chiringuito. Si me lee alguno de los que lo conocen, me entenderá y verá que le estoy haciendo caso a su petición tan necesaria como lógica.
Una ciudad está constituida por muchas pequeñas cosas cotidianas que acaban construyendo su personalidad y su carácter. No podemos aceptar que el Consistorio permanezca al margen de estas cuestiones, cerrando los ojos a hechos como éste. Me pregunto, como mis paisanos, si esta licencia de obra da pie a que otros cuantos con idéntica falta de rigor y sensibilidad lleguen otro día a solicitar un permiso para levantar otra “vergüenza” semejante. Creo que en igualdad de condiciones, cualquier empresa podría hacerlo con la misma naturalidad, ya que la ley acabaría por darle la razón.


Quiero dejar constancia de que ese chiringuito, por el camino que lleva, llegará a ser un punto negro en nuestra dignidad, por lo menos en las de los gobernantes que lo aprobaron.  Y que sepa que nace con el nombre ya puesto: La Vergüenza.


                                                                                       
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de noviembre de 2017

GRACIAS A TODOS

Dice Adiós. Con hidalguía pero con el corazón acongojado. La Librería Mata se despide de amigos, clientes, familia y demás gente que hayan sentido su presencia como algo íntimo y a la vez público, como lugar de encuentro o rincón familiar para el descanso, al amparo de libros que hablaban desde el estante, de esmaltadas portadas diciendo desde su atalaya: leedme, no me abandonéis, tomadme en vuestras manos y llevadme con vosotros.
 Una trayectoria que empezó hace ochenta años se acaba y en el  momento del recuento final queda entre sus paredes todo el calor recibido durante este tiempo, el cariño de un pueblo entero que tantas veces ha pasado por ella, de gente admirable que se duele ya de su ausencia, que la añora y nos abraza a  cuantos hemos tenido la suerte de formar parte de la familia Matita, de soñar, reír, charlar e imaginar entusiasmados las mil y una historias que nos tenían reservadas sus libros en silencio.
No ha sido fácil echar el cierre. Necesario, porque la andada ha sido larga y extensa, porque los gigantes apabullan y pisan a degüello, porque el adiós hay que decirlo cuando todavía la mano puede limpiar  esa lágrima que cae sobre la pequeña baldosa de un suelo enormemente transitado.
Nunca olvidaremos lo vivido. Como una segunda piel habitará en nosotros el papel multiplicado en hojas de diarios, revistas y libros. El olor que de ellos se desprende, el calor que proporcionan, la satisfacción de lo aprendido, el roce de sus hojas.

Estas líneas de hoy quieren decir Gracias de todo corazón. Agradecer las infinitas muestras de cariño en cada despedida, los abrazos, los nudos en la garganta, los recuerdos a los fundadores, la nostalgia.
Sin presunción, pero con orgullo, nos hemos sentido parte de Marbella hasta lo más recóndito de ella. Sabemos que para muchos la librería ha sido un pequeño símbolo cultural, una lucecita siempre encendida que animaba a su gente a introducirse en el mágico mundo de la lectura, un universo en el que lo  real pierde fuerza para que triunfe la imaginación y la fantasía.
A todos aquellos a quienes no nos ha dado tiempo a despedir en persona, a los de fuera y a los que les ha cogido de sorpresa el cierre, vaya igualmente nuestra gratitud y cariño.
Ochenta años es toda una vida. La que hemos vivido felizmente todos juntos en la calle Enrique del Castillo. Hasta siempre.

                                                                                                 
Ana María Mata  
(Historiadora y novelista)

25 de noviembre de 2017

Traicióname


            Una de las ventajas de vivir en una gran ciudad es que puedes callejear y no  salir nunca de ella. Hace unos meses llegué demasiado lejos dentro de Málaga, mi bicicleta  encadenada muchos pasos atrás, en un café de fanáticos ciclistas. En un muro de la última calle un graffiti, cuatro lineas contundentes y despechadas: Lorena: no sé quién eres, ni te reconozco, ya no te encuentro, ni te quiero.

            Ahí se terminó la caminata. ¿Quién escribiría eso sobre un muro tan alejado?, y ¿quién iba a leerlo?, parecía escrito justo antes de que se acabara el mundo. Un mensaje escueto, sin una falta de ortografía, con un deje de amargura, tan poco poético como una navaja recién afilada. Probablemente su autor tiró con rabia el spray de pintura negra en el primer contenedor, se encerró en su cuarto durante una temporada, y ahí se descubrió a si mismo, ahí supo por fin quien era. Ahora desconocía a Lorena.

            Volví al café y liberé mi bicicleta negra. No es fácil encontrar el momento idóneo para sentarse con uno mismo y pensarse. Yo lo suelo hacer pedaleando.

            El carril bici de poniente zigzaguea entre jardines y el mar fiel a su lado, siempre ahí, tan azul, tan obvio. ¿Hacia dónde vamos si no sabemos quiénes somos?, qué sentido tiene lo que hacemos si no encaja con nuestra persona (para presumir de coherencia, nada menos), cómo planeamos un viaje para que te llene de verdad, qué libro leer y hacerlo tuyo, qué música escuchar y que te haga temblar. ¿Cómo vamos a hablar con sinceridad si no nos conocemos, cómo defenderemos principios, ni siquiera meras ideas? Y más importante aún: ¿cómo vas a vivir contigo mismo cada día si no estás seguro de ser Tú quien vives?.

            Cuando te sientas a solas y cierras los ojos, ¿quién eres?

            Los huecos de silencio entre palabras, y la frase no pronunciada, lo que queda al decir nuestro propio nombre, el temblor que provoca cuando alguien lo pronuncia en la calle.

            Somos, más que nada, todo lo que no hemos visto, todo lo que no hemos viajado, todo los que nos queda por escuchar. Estamos en todo los que nos queda por conocer, tanto lo ignorado por desidia como lo no querido por miedo.

            Podemos ser todas las personas, vivas y muertas, que dejaremos de conocer, y que ya nunca nos servirán de espejo, para sabernos vivos, para comprendernos. Las conversaciones que no tenemos, también las apenas iniciadas y las que quedan a medio camino. Nuestra esencia está en el espacio que se esconde entre pensamientos lentos, en esas raras mañanas sin nada que hacer, somos la respiración que no sentimos, los gestos no estudiados, los pasos por dar. Y las medias vueltas inesperadas, por un si acaso.

            El carril bici se hace interminable hacia el este, donde la costa parece evaporarse y el mar se ensancha. Por allí vivo. Una mirada perdida nos define tanto como una mano apartada con desgana, o un beso sin querer, un lamento a destiempo o un suspiro ajeno.

            Nos da forma el tiempo, el que recordamos y aún más el olvidado, el tiempo invisible que nos rodea ahora, el que nos acucia al amanecer y el que se nos muere en brazos al caer la noche. El tiempo que despreciamos por inútil y el que vendrá galopando, somos todos los instantes; tanto los odiados como los detenidos por el deseo.

            Pero sobre todo seremos las mentiras. Todas las mentiras que nos quedan por oír, incluso las medias verdades que descubriremos a hurtadillas. Las verdades nunca nos definirán porque ya están mas que juradas y escritas. Y, agazapadas detrás de las mentiras, están las grandes formadoras de la persona: las traiciones. Mas que las intuidas, serán las inimaginables, las más podridas traiciones. Las que nos dejan paralizados, con la boca abierta y sin reconocer este mundo. Las que te tumban como un golpe de viento, las que te aplanan la personalidad y te la recortan como si fuera un muñeco de papel. La maldita Lorena lo dejó sin aliento. Ya sé quién irá a leer el muro cada día.

            Encierro la bici en la oscuridad del trastero. Ese aire que nos falta ahí dentro, ese vacío que queda, es lo que somos. Traicióname.

  

© José María Sánchez Alfonso, noviembre de 2017

22 de noviembre de 2017

TRAS EL ESCAPARATE

(Artículo publicado en Diario SUR el 20 de noviembre de 2017)
Tal vez si Isabel Coixet hubiera conocido la historia de esta librería en pleno casco antiguo de Marbella se hubiera replanteado su última película y seguro que le habría sacado toda la esencia al igual que ha hecho con “The Old House Bookshop” en el film. Sería otra luz, otro ambiente y otras connotaciones históricas. Tal vez sería una película más costumbrista donde se vería pasar la historia contemporánea de un pueblo que dejó de serlo de la noche a la mañana bajo el influjo estelar de personajes variopintos que encontraron en él su paraíso. Tradición y modernidad hubieron de acoplarse para dar cabida a los cambios que iban llegando a un ritmo vertiginoso empujado por el inicio del turismo y el desarrollo urbanístico del litoral. Sería el empeño y arrojo de Andrés Mata, “Matita”, lo que mantuviese durante décadas la que fue su gran ilusión, la Librería y Papelería Mata.
Al pequeño local que arrendó allá por 1937, también le llegó el momento de adaptarse a los nuevos tiempos y amplió los pequeños ventanales de la planta baja a dos grandes escaparates que permitían que los libros atrapasen al transeúnte que deambulaba por Enrique del Castillo camino de adentrarse en las estrechas callejuelas del centro.
  Son momentos de recuerdos y los míos se asocian a esa librería donde pasábamos mi hermano y yo muchas tardes sentados en el escalón de la entrada leyendo cómics. Entonces me parecía enorme, con sus estantes llenos de libros y un gran mostrador en frente de la entrada. Tras él, recuerdo el cariño con el que nos trataba Isabel Galán, siempre atenta a nosotros y engatusándonos con algún juego en los momentos sin clientela. Ramón Alarcón era otro personaje inherente a la Librería para nosotros, intuíamos que era importante para mi tío, ya que siempre estaba haciendo números con su calculadora tras la mesa ubicada en la habitación del fondo. Le teníamos un curioso respeto ya que su bigote imponía y le gustaba provocarnos con pequeños engaños, pero nos encantaba verle trastear entre los papales contables. Cuántos rincones para tan pequeño local y cada uno lleno de recuerdos. Un entrañable engranaje de personas que hacían posible un negocio tradicional de los de entonces: sin prisas, tertulia, consejo literario y disponibilidad de cualquier volumen. Éstos han sido las principales valores que lo han hecho un lugar emblemático para los marbelleros, y por desgracia, dudo que sea posible reemplazarlo por cualquiera de las ofertas actuales.
Cuando cierre definitivamente a finales de noviembre a muchos de los que hemos pasado tanto tiempo en ella nos costará mirar sus escaparates vacíos, aunque seguiremos viendo los libros reflejados en el cristal, los periódicos ondulando en la puerta de entrada, a mis tíos Andrés y Leonor esperando que entre algún nostálgico de la lectura en papel, a mi hermano leyendo su cómic en el escalón o incluso a mi abuela Rafaela cosiendo en el ático del edificio. 
Estos días me pasa por la mente un torrente de recuerdos de lo que La Librería ha supuesto en mi vida, un chico de los 70 donde nuestra formación literaria se fraguaba a base de los tebeos de Escobar e Ibáñez, o los libros de Los Cinco, donde se aprendía a dibujar con las láminas de Emilio Freixas, y la geografía con los mapas de plástico que representaban el perfil de la península con sus ríos y cordilleras. 
A diferencia de la historia de Coixet, Marbella sí aceptó este negocio y lo hizo tan suyo que ahora todos estamos un poco de luto. Asumamos la nostalgia que nos provoca, ya que es sinónimo de que ha dejado poso en nuestras vidas. Los libros nos han hablado durante ochenta años. No dejemos de escucharlos.

Arturo Reque
Arquitecto y columnista Diario SUR


15 de noviembre de 2017

LA VIDA PARECE NO SEGUIR

Utilizo este verso de J. Gil de Biedma como título para que suavice el tema de hoy, manoseado y llevado a límites extremos en estos últimos días. Escribir sobre el proces no es que no sea legítimo, pero sí resulta agotador y un tanto arbitrario al hacerlo desde una relativa lejanía.
Me interesa destacar  hoy una sola cosa en él.: su exclusividad. Como si el tiempo se hubiese detenido el día y hora en que una parte de Cataluña decidió aflorar y sacar a la luz su eterno problema, su manipulado origen histórico y las condiciones (según los interesados) actuales de maltrato, saqueo e indiferencia nacional, que les lleva a un nuevo intento de conseguir la tan aclamada Independencia.
Es posible que sus aspiraciones sean nobles, lo es también que crean sentirse legitimados al hacerlo, pero de una forma u otra, el asunto va prolongándose en el tiempo como aquel “cuento de nunca acabar” del que tan hábilmente escribiese Carmen Martín Gaite.
Mientras, el resto, no ya del país, sino de todo el bloque terráqueo continúa existiendo aunque casi no tengamos idea ni información de las muchas cosas que en ellos suceden.
Y porque me resulta injusto un hecho de esa naturaleza es por lo que escribo estas líneas
Para recordar que fuera del territorio catalán hay seres que sufren injusticias y problemas de una categoría superior, bajo mi humilde punto de vista, al que nos tiene obnubilados a los ciudadanos españoles, que sin comerlo ni beberlo nos hemos visto inmersos en esta vorágine de cosas puntuales, cada día una diferente, por cierto, detalles personales, estrategias de defensa, viajes al exterior y anécdotas de los protagonistas.
Al mismo tiempo que en España solo se comenta y se informa sobre los paseos del señor expresidente de una “simbólica” república, o de las fianzas de los que están a la sombra, en el mundo de afuera, por ejemplo, la inmigración no cesa pese al tiempo transcurrido desde aquella sacudida que sufrimos  con el niño Aylán y su cuerpo varado en nuestras costas.
Siguen muriendo con progresión geométrica refugiados en campos insalubles de los cuales ningún país se quiere hacer cargo. Continúan  llegando pateras a las playas del sur e intentando cruzar alambradas en Melilla. Siguen la pandemia de desnutrición y demás enfermedades en los mismos lugares de Africa: Etiopía, Sudán entre otros.  En España el juicio sobre el caso Gurtel se desarrolla sin que nos demos cuenta de cómo va ocurriendo. El comisario Villarejo es enjuiciado por cohecho y blanqueo de capitales…
El acoso escolar no se detiene y la violencia de género aumenta su brutal escalada.
Todo ello nos aparece solo como telón de fondo en los informativos nacionales, cuyo contenido masivo sigue siendo reiterativamente un proces que nos sabemos de memoria como si sus participantes fueran, para nuestra desgracia, ya de la familia.
Cataluña absorbe las noticias de televisión, radio y prensa, además de colapsar en ocasiones los medios digitales. Estamos tan saturados de ello que sin querer, llegamos a pensar que no existe nada más fuera de lo relativo a este problema y nos desinteresamos de la casuística de las demás regiones, cada una de ellas con temas necesitados de atención, aunque no sea más que para que no se produzca lo que , en realidad ya se está produciendo, un terrible efecto comparativo. Como si existiesen ciudadanos de primera, segunda y tercera clase, y regiones más importantes para el país que el resto de las demás.

Lo peor es que el asunto no tiene visos de resolverse, y sí de prolongarse en el tiempo sabe Dios cuanto y hasta donde.
Sería conveniente y hasta de agradecer a los diferentes medios que tuviesen conciencia de este hecho, y sin dejar de informar, no lo tomen como materia exclusiva. Un poco de seriedad profesional y no de oportunismo, que es la impresión que tenemos ahora.
   Aprovechar lo de Cataluña como si de un serial se tratase dice muy poco de aquellos que lo ejercitan.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

8 de noviembre de 2017

EL VALOR DEL CASCO ANTIGUO

(Artículo publicado en Diario SUR Marbella el 6 de noviembre de 2017)
Pasear por el centro de Marbella en estos días de otoño es un lujo que no debemos dejar pasar. Las tonalidades que ofrece el casco antiguo, sus olores, sonidos y el ambiente algo más sosegado tras el periodo estival, le dotan de una belleza enigmática que bien vale su visita. Los turistas lo saben bien y transitan por sus callejuelas buscando la foto, el souvenir o el restaurante donde tomarse algo. Los locales, como es lógico, nos lo tomamos de otra manera, algunas veces para sentirnos también turistas en nuestra ciudad –muy recomendable, todo sea dicho–, otras por simple necesidad de realizar gestiones –en el Ayuntamiento fundamentalmente–, para realizar compras en lo que se ha dado a llamar Centro Comercial Abierto, para tomarnos algo con los amigos de toda la vida o con visitantes a los que enseñar nuestra joya. Aunque aún hay quienes asocian el casco antiguo con un montaje para el turista y, por lo tanto, con precios elevados, los residentes lo ven de otra manera y se quejan de la “mesificación”, al considerar que se pierde espacio público en favor del empresario hostelero.
 La verdad es que este histórico enclave debería ser uno de nuestros principales valores y carta de presentación hacia el exterior. No podemos decir que esté dejado, se ha mejorado mucho mirando décadas atrás, pero precisa control y planificación para evitar errores cometidos en otros lugares turísticos, así como reforzar la ocupación residencial para garantizar su plenitud social, comercial y funcional.
Leer que el equipo de gobierno apuesta por consolidar la oferta cultural y patrimonial del centro con la reforma y ampliación del Museo del Grabado y la rehabilitación del Convento de la Trinidad como futuro Museo de la Ciudad es una gran noticia que esperamos pase de los titulares a la realidad. Esta es una buena manera de revalorizarlo. No estaría de más complementarlo de una manera más ambiciosa aún mediante una ordenanza clara y sensible a la conservación y reforma de las casas, ayudando a sus moradores en las obligaciones de mantenimiento y ornato, evitando que abandonen el centro ante la eterna espera de permisos y al elevado coste de las obras necesarias por los múltiples impedimentos urbanísticos. El casco antiguo debería ser un referente para romper la temible estacionalidad. Incentivar a los empresarios para que mantengan abierto sus negocios los máximos meses posibles, apoyados por una promoción institucional del tipo “Invierno en Marbella” donde la ciudad se muestre viva y activa todo el año. Ampliar la consolidada oferta de golf con otras múltiples opciones, incluyendo playa, medioambiente, cultura, deportes… ¿Se está mostrando algo de esto en la reunión que la afiliación de agencias de lujo, Virtuoso, está celebrando estos días en nuestra ciudad, o buscan un entorno de exclusividad y glamour?  
Para complementar estas reflexiones, acabo de acceder a la web municipal Turismo Marbella y, ante mi sorpresa, me he llevado una grata impresión. Confieso que dudaba sobre lo que me iba a encontrar, pero he de reconocer que es bastante completa. Sin ser esto una auditoría, echo en falta mapas sobre movilidad: situación de la estación de autobús y paradas, zonas ciclables, ubicación de los aparcabicis, recargas de coches eléctricos, aparcamientos, etc. No bajemos la guardia y sigamos mejorando.
En esta Marbella cabemos todos, nos necesitamos todos, siempre que la balanza se mantenga en equilibrio. La oferta debe ser plural y para todos los gustos, pero siempre desde el respeto hacia la ciudad de acogida.

 Arturo Reque
Arquitecto
Columnista Diario SUR Marbella


29 de octubre de 2017

ADOCTRINAMIENTO EN CATALUÑA


Al terminar la guerra civil española el caudillaje impuesto por el vencedor decidió utilizar e imponer la táctica más utilizada desde el comienzo de la Historia para conseguir unos fines concretos que sirviesen a su causa.
Se llamaba adoctrinamiento, y la real Academia lo define así: Conjunto de medidas y prácticas educativas encaminadas a inculcar determinadas formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.
Durante cuarenta años los niños que hemos sido llamados de post-guerra, fuimos instruidos y manipulados por profesionales pedagógicos a los que a su vez se les inculcó las teorías del Nacional-Catolicismo como única y principal arma educativa. Mediante ellas, se nos presentó un mundo de graves pecados contra el sexo que solo un severo régimen de pureza y rezos, además de exaltación de la victoria conseguida mediante símbolos y actos semi-castrenses, podría redimir. El resultado de este adoctrinamiento social fue una generación reprimida y, en ocasiones llena de prejuicios contra el placer o adormecida por el beaterio circundante.
  Al cabo de tanto tiempo cuando creíamos desterrada del planeta la palabra en cuestión en pro de una libertad lo más ancha posible, nos encontramos en el momento actual con los resultados de un adoctrinamiento paralelo, semi- escondido tal vez, pero patente y eficaz como lo que nunca ha dejado de ser: un arma castradora.
El Nacionalismo, más bien el proceso separatista catalán necesitaba igualmente de este factor indispensable para sus objetivos .El monopolio del populismo pedagógico, uno de cuyos pilares es la sentimentalización  de la enseñanza, produjo un vaciado académico en aras de los egos, los afectos y las emociones, sirviéndose de la lengua propia como repudio de la lengua común, manipulando la Historia y sirviendo a los intereses de una burguesía que mientras imponía la condena de estudiar en catalán, enviaba a sus hijos a los liceos franceses o a los colegios alemanes. Porque, claro, el terruño otorga sentido, pertenencia, pero hay que inculcarlo con letras de sangre a los más ignorantes del mismo.
Los que más han ayudado a la absorción del independentismo han sido, como en otros lugares, los colegios religiosos, y concretamente la Fundación de Escuelas Cristianas de Cataluña, un “lobby” que engloba el 60% de los colegios privados, con 264.000 alumnos y 434 centros; en sus diversas ramas de preescolar, infantil, primaria, Bachillerato y formación profesional. Está dirigida por jesuitas.
Dice el periodista Oriol Trillas que la fundación citada ha realizado una verdadera labor de ingeniería cultural pasando de cristianizar alumnos a convertirlos en militantes del secesionismo Mediante un pacto con el poder en los primeros años del pujolismo: “yo os cubro económicamente y respeto vuestras inmensas propiedades a cambio de que contribuyáis a la construcción del país”. Desde la más tierna edad, inculcando la división entre catalanes buenos y españoles malos.
Mientras, los obispos han mirado hacia otro lado, y cuando la polémica ha arreciado, ha tenido que salir el arzobispo de Tarragona a sacar una simple nota pidiendo que no se utilizaran los lugares sagrados para cuestiones políticas. Claro que, eso, después de que en la parroquia de Vilarodona se contaran votos mientras el cura cantaba himnos religiosos  revestido con alba y estola.



Adoctrinar es un vicio del poder para conseguir desde muy temprano la perpetuidad de sus fines.  

Quienes lo hemos sufrido en la más completa inocencia de que la realidad fuese distinta a como los adoctrinadores nos la mostraban, en incluso hemos regalado años de juventud en aras de sus incongruencias,  no podemos menos que abominar hoy de aquel lavado de cerebro que, a nosotros,  nos prometía como compensación “un destino en lo universal”.           
                                                         
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)