12 de octubre de 2017

UNOS Y OTROS

Nos han intentado convencer de que la política en general es un servicio al ciudadano, y el político, por tanto, alguien que, de alguna manera debe ayudar a que la vida en común sea más fácil, y los problemas menos complicados y resueltos con cierta facilidad. En ese sentido la vida de una ciudad, por ejemplo, la nuestra, habría de ser una balsa de aceite o un paraíso jaujiano  cuales quieran que fuesen los políticos de turno.
En Marbella, desde los ignominiosos tiempos del alcalde vendedor de pisos y etc… han habido y hay dos formaciones políticas predominantes, juntos a algunas más que se han agregado en los últimos tiempos: P.S.O.E y Partido Popular, en compañía O.S.P,  Izquierda Unida y Unidos Podemos en las últimas elecciones.
El partido Socialista ganó estas últimas elecciones y formó un extraño cuatripartito con las arriba pequeñas citadas. Después de dos años de gobierno el P. P. y Opción Sampedreña optaron por una moción de censura al P.S.O.E. y acabaron haciéndose con el gobierno de la ciudad. Hasta aquí todo dentro de la legalidad conocida.
Desde la desaparición de Gil y la vuelta a la más estricta forma de gobierno, los dos partidos mayoritarios andan mirándose de reojo entre si a ver como puede el uno al otro pisarse, hacerse “pupa”, y en definitiva comerse un terreno que ambos, desde fuera y desde dentro creen poseer en exclusiva.   Me explico.  No hay un día ni los hubo en el pasado en el que el partido gobernante y el de la oposición no se tiren los trastos a la cabeza en los medios de comunicación, charlas, conferencias y demás actos sociales.


El que manda porque achaca todos los males que encuentra a sus anteriores colegas. Y el que oposita porque observa lo que va realizando el mandatario como negativo y lleno de errores. “Nosotros hicimos más y mejores cosas”, dice uno. “Solo con nosotros está consiguiendo el Consistorio realizar lo importante”, dicen los otros.
Observen, por favor, alguno de los medios que ofrezcan noticias del Ayuntamiento. Ejemplo último: El portavoz municipal del P. P. afirma que la delincuencia con el Partido Socialista había subido en Marbella y San Pedro. Un concejal socialista le exige que se retracte porque, según él, habían bajado. Uno y otro se acusan entre sí de tomar la mentira por bandera. El anterior alcalde socialista afirma igualmente que el Partido Popular se está negando a ejecutar proyectos que estaban ya presupuestados porque llevan el sello del P.S.O.E.
Podía seguir poniendo ejemplos ad nauseam. Pero creo que se los imaginan.
Recuerdo de golpe una de las viñetas del genial Quino con Mafalda, y parafraseándola, escribiría que si esta es la línea general de la democracia de partidos…pues paren el Ayuntamiento, que yo, como Mafalda de su mundo, me bajo.
No hay cosa más aburrida y desalentadora que ver de continuo a los partidos que han de turnarse en la gobernación de un lugar, sea este, nación o ciudad, perdiendo un tiempo precioso que deberían utilizar en solucionar los innumerables problemas que tenemos,  intercambiando ultrajes, críticas, comparaciones absurdas, desafecciones personales y rencores ante los ojos y oídos de ciudadanos que nada pueden hacer más que mirar para otro lado y resignarse.
Y es que, esa es otra cuestión que deberían sopesar: Si piensan que con la retahila común del “Tu peor que yo” o Yo mejor que tu”, consiguen algo por parte de los ciudadanos votantes, están muy, pero que muy equivocados. No hay nada que fastidie más que el engaño, y el hombre y mujer de la calle, es menos tonto de lo que a veces quisieran que fuésemos.
Señores políticos de uno y otro lado: Limítense a cumplir con su obligación de hacer la vida del municipio más agradable. Encaren los problemas de frente. Y dejen que seamos los de afuera quienes juzguemos su actuación al final. Por favor no pierdan el tiempo.

                                                                                               
Ana  María Mata   
(Historiadora y Novelista)

10 de octubre de 2017

LAS MIL CIUDADES

(Artículo publicado el 9 de octubre de 2017 en la columna "La ciudad  invisible" que el autor tiene en Diario Sur Marbella)

Quien les escribe periódicamente desde esta columna es arquitecto y, por si no lo he aclarado antes, el título es un homenaje al gran Italo Calvino y su libro “Las ciudades invisibles”, donde el viajero Marco Polo expone al rey de los tártaros Kublai Kan descripciones de ciudades fantásticas a modo de pequeños relatos. Desde mi humilde colaboración como opinador de lo que acontece en nuestro municipio, me siento como ese Marco Polo que les ofrece pequeños cuentos sobre las diferentes ciudades que me encuentro. Todas son la misma urbe, pero se nos muestra con mil caras según se mire o según el momento.
Una ciudad de grandes desequilibrios sociales, calificativo malsonante, pero que implica que hay espacio para todos. Grandes fortunas que poco se dejan ver, sin deseos de protagonismos pero valedores de una ciudad de ensueño,  multimillonarios de dudosa reputación que gustan de la exuberancia y un lujo al que adoran; una clase media trabajadora que hace de argamasa de este modelo de ciudad siendo el principal eje conector entre los extremos sociales, bien como empresas de servicios profesionales, bien como empleadores de mano de obra; clases sociales con déficit de recursos económicos que subsisten en equilibrio inestable según la rueda de la fortuna, pero sin perder nunca la dignidad. Entre medias, múltiples capas que configuran una sociedad plural que dan vida a una ciudad de contrastes donde todos tenemos cabida.
 Una ciudad de la alegría, de eterna juventud, donde se reciclan los tiempos para volver a ofrecernos exitosos momentos del pasado. Como ejemplo la Marbepop, un evento que impulsa a las nuevas bandas musicales locales junto a otras consolidadas bajo una magnífica organización que logra reunir cada año a la gran familia marbellí, en esta ocasión en un ambiente idílico como es el Parque de la Represa, con la Concha de telón de fondo. El Parque de la Constitución también asume su papel dinamizador recuperándose del ostracismo, demostrando como, además de jardín botánico, sirve de entorno magistral para eventos sociales como han sido este año el Irish Music Festival o el Oktoberfest.
Ciudad de acogida, donde quienes la visitan se sienten tan cómodos que acaban quedándose. Foráneos llegados de todas partes, que se agrupan por zonas según se asentaron sus primeros compatriotas, unos del norte de Europa otros del norte de África, de Hispanoamérica o de Asia. Unos en Marbesa otros en Puya, Sierra Blanca o Guadalmina. Todos forman parte de la Marbella de acogida, en equilibrio existencial pero escasa convivencia social.
Ciudad del turismo, la más conocida y la que nos da reconocimiento mundial. Centrada fundamentalmente entre los meses de junio y septiembre, espera poder ampliar su oferta hasta cubrir todo el año potenciando otros atractivos a parte del sol, playa y golf, como puede ser su entorno natural, su patrimonio o su gastronomía. Grandes oportunidades que están a la vista pero carecen de empuje institucional. Todo llegará.
Ciudad residencial, siendo este un aspecto turbulento al cruzarse los intereses realmente habitacionales con los inmobiliarios y su adjetivo especulativo. Lugar inmejorable para vivir, con un clima envidiable y el sol como compañero habitual en un entorno natural enmarcado por Sierra Blanca que corre el peligro de ser demasiado domesticado.

Vivimos en mil ciudades concentradas en una, que nos enamora, nos provoca o nos hipnotiza, siendo esto último lo más habitual y, tal vez por ello, la causa de que los ciudadanos de estas ciudades invisibles vivamos en esa eterna pasividad más propia de habitantes del paraíso terrenal.


 Arturo Reque Mata
Arquitecto

26 de septiembre de 2017

LOS DEMÁS

Mientras no se demuestre lo contrario España es un país habitado por 46.528.966 personas de las cuales 7.441.716 son catalanes. Datos demográficos que utilizo como introducción simple de este artículo que leen. Acudo a los números para demostrar con cifras la situación en la que unos cuantos (en términos relativos) han decidido por su cuenta y riesgo colocar a unos “muchos” que asistimos entre indignados y bastantes hartos a esta posición indeseada, que resulta además de un agravio comparativo evidente, una forma de hostigar a quienes lo único que pueden achacar es compartir un mismo suelo geográfico.
Cataluña es una comunidad autónoma con prerrogativas distintas a las otras por causas muy cuestionables en las que no voy a introducirme.  Sea como sea, esta Comunidad parece que quiere dejar de ser solo eso y convertirse de “motu propio” y sin aclarar con fidedignas razones, en Nación independiente y soberana.
Son muy dueños los señores catalanes de querer ser independientes, más ricos, más inteligentes, y hasta más guapos que nadie. Como si quisieran ser los primeros en llegar a Marte o la Luna. Los deseos no pueden ser prohibidos en cuanto deseos, porque están en el interior de la amigdala o el epitálamo  de cada ser y hasta ahí nos es imposible llegar. Lo que no es admisible es involucrar a un país en su demencia y arrastrarlo día a día a un revolcón de noticias cada una más desquiciada que la siguiente sin que dentro de ellas haya hueco para nada más que no sea el llamado problema catalán.

Por tierra mar y aire, o sea, por cualquier medio de comunicación, desde los clásicos a los digitales, machaconamente y cualquiera que sea la hoja del calendario que arranquemos, lo único que tiene entrada son las mil maneras que están pergeñando para construir un soberanismo que les rebasa ya, pero que como fanáticos se han obstinado en mantener.
No hay derecho. Como ciudadana vulgar y corriente me siento afectada por esta discriminación noticiera, esta avalancha de imágenes, este exagerado tiempo perdido para otras causas en las que el país está inmerso y que parecen haber desaparecido por arte de magia.
¿Es que acaso se acabó el paro en España por decreto ley? Es que la Sanidad no tiene problemas de envergadura, o la Educación los suyos? ¿Se ha acabado la corrupción de un manotazo, los problemas en la Justicia o los demás menesteres que hacen de un país un lugar fiable?
Para algunos que ilusamente llegamos a creer que Cataluña era sinónimo de modernidad, la puerta de España a Europa, aún nos resulta increíble el grado de provincianismo que están alcanzando al utilizar incluso su propia cultura para levantar murallas y crear fronteras, inoculando en niños y jóvenes en colegios e institutos de forma deleznable el odio a España y al resto de españoles. No les importa tergiversar la historia, crear mentiras, hasta el punto de dar lugar a una sociedad enferma que recuerda a la creada por los nazis en Alemania, con el desprecio y odio al contrario a favor de sus intereses.
No entiendo como partidos de izquierdas defienden el movimiento secesionista cuando estos movimientos se basan en teorías supremacistas o insolidarias. El Nacionalismo en la actualidad es una idea retrógrada que retrotrae al hombre a la aldea de la que salimos para llegar al mundo global en el que Europa se mueve.
No entro en el análisis de lo más elemental. Y no lo hago porque imagino sin temor a equivocarme que la inmensa mayoría de los asaltantes y fanáticos independentistas de a pie tampoco se lo han preguntado. Pero solo anticipo una pregunta ¿Cuáles iban a ser las vías de desarrollo de una Cataluña fuera de España y de Europa? ¿Quiénes habrían de ser sus compañeros de viaje?
Pero si quisieran saber la última cosa que quiero expresar, les diría que aparte del fastidio que supone tenerlos todo el día encima del noticiario, el resto de sus asuntos se queda para ellos.
Si ellos quieren separarse, me temo que “los demás” estamos ya cansados y lejos de sus problemas. Amor con amor se paga.

                                                                                           
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

11 de septiembre de 2017

DE NUEVO A ESCENA

El espectáculo comienza de nuevo. En el teatro fijo con sede en la Plaza de los Naranjos se abre una nueva temporada sin que la compañía anterior acabase voluntariamente sus funciones. Actores principales y protagonistas secundarios cedieron, sin embargo sus trastos a los nuevos con reconocida elegancia por parte de ambos.
De nuevo tenemos en escena a los antiguos intérpretes dispuestos a escenificar cuanto haga falta en tragedia o comedia para alimento espiritual del pueblo soberano. Se abre el telón, por tanto, con viejos temas inacabados que en un principio podrían aburrir al personal. Tomasi de Lampedusa decía en el “Gatopardo” que “a veces hay que cambiar todo para que nada cambie”. Desalentadora frase que ronda por la mente del ciudadano como una antigua espada de Damocles. Y es que cambiar collares es tarea fácil pero no lo es tanto el verdadero cambio de quienes lo llevan en el cuello.
Hay mucho que hacer. Siempre hay mucho que solucionar en un Ayuntamiento como el nuestro donde tantos asuntos parecen eternizarse y dormir el sueño de los justos. Sería de agradecer que el principio de esta nueva-vieja hornada no supusiera dar a al traste con lo poco o mucho realizado en los dos años de escenificación política anterior. Agradeceríamos por ejemplo la misma  trasparencia en las actuaciones y la sencillez y campechanía de alcalde y concejales. El trabajo realizado en calles y avenidas en relación con el saneamiento. El interés en zonas como Las Chapas y su entorno, así como en otros lugares deprimidos de la ciudad. Loable. No tanto como la cuestión de la limpieza o la seguridad, o el asunto de las playas, tema sistemáticamente encajonado.
Los nuevos representantes de la ciudadanía, la mayoría viejos conocidos, saben de sobra las necesidades urgentes y primarias. Esperamos que en esta tercera, creo, ocasión, la aborden de acuerdo al orden que ellos consideren, pero tomándoselas en serio y con premura.
No puede esperar mucho, por ejemplo,  el asunto del Francisco Norte. Da vergüenza ver lo construido, inane. y estropeándose cada día más. Imposible entender la tardanza en poner en servicio un campo deportivo tan necesario. Como también avergüenza el asunto del tanatorio, imprescindible, y siempre relegado. O las bibliotecas que Marbella no se puede permitir obviar, porque nos coloca a una altura cultural infame.

Claro está que temas como el Hospital Costa del Sol o el Puerto de la Bajadilla son objetos de interés general sin que sepamos del todo las causas de la dejadez en su resolución. Igual que absurdos espectadores a los que engañan en una función tantas veces voceada nos sentimos cada vez que sale a relucir algunos de ellos. No digamos el asunto del tren, engaño repetitivo de cada gobierno, utopía propagandística, demagogia fácil.
O los espigones, esos brazos al parecer tan necesarios que son la comidilla de todo aquel que llega en verano preguntándose donde hay una playa decente.
Sepamos que en esta ocasión la tenencia de Alcaldía de San Pedro comienza a funcionar y ello tendrá consecuencias destacadas. No por nada menos hubiera firmado la paz el sin par Piña con su antagonista Muñoz de tantos y tantos clamores en plenos municipales. Dicen que las delegaciones de Marbella tendrán su correspondiente desdoblamiento en San Pedro…con el gasto que ello supone y el difícil trabajo de ajustamiento entre ambos.
No va a ser  fácil gobernar y unos y otros lo saben de sobra. Pero lo que los espectadores del nuevo “Teatro” esperamos no volver a visualizar son  los enfrentamientos verbales y de todo tipo entre una y otra parte de este “dúo,”no sé si dinámico, pero al menos estratégico para ambos.
Marbella necesita urgentemente un Consistorio sólido y que esté a la altura de la imagen que quiere dar al exterior, la famosa “marca,” cuyos contenidos y activos deben ser objeto de una cuidadosa atención municipal.
Hay expectativa y miedo. Confiemos en que el corto espacio de tiempo de esta legislatura acabe al final en un Allelluia y no en el tan acostumbrado Requiem.
                                                                                            
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista) 






28 de agosto de 2017

LAMENTABLE DESCOORDINACIÓN


Confieso mi falta de interés por el proceso soberanista. Que, desde Felipe V y las pretensiones del Archiduque Carlos se opusieran los catalanes al primero en favor del segundo, y en vista de los resultados se declarasen -al menos en deseo- contrarios al estado español, es una cuestión particularísima entre ellos, que al resto de España o nos deja fríos, o estamos en sus antípodas, por muchas amenazas que el flequillo abundante del señor Puigdemont haga casi a diario.
Mientras vayamos juntos lo que allí ocurra nos envuelve al resto del país para lo mejor y lo peor. Por desgracia los últimos acontecimientos han significado una enorme tragedia a la que nadie puede mirar con desdén, sino con ojos de horror y de piedad.
Debido a ello, el más somero análisis de los hechos muestra acciones de descoordinación lamentables que hoy mueven mi pluma a desarrollar como algo casi incomprensible.
Hasta en dos ocasiones los Mossos rechazaron la petición de la Guardia Civil para inspeccionar la casa de Alcanar. Ante la duda de la juez de una simple explosión por manipulación de elementos para fabricar drogas, conclusión esta de la policía autonómica, la negativa a que los expertos de la Benemérita dieran su opinión, resulta sangrante. Y en el caso concreto del Imán de Ripoll, la cadena de fallos ha sido garrafal. Desde el juez atendiendo a argumentos huecos hasta el abogado defensor que expresó literalmente que “no parecía un integrista porque iba en vaqueros”, todo parece una conjunción diabólica a favor del citado Imán. De otra parte, en los ficheros de la Policía Nacional constaban los vínculos del tal Satty con un entorno radical salafista en Bélgica.
Los días posteriores a la masacre han puesto en evidencia la falta de coordinación policial y el pulso soberanista en Cataluña en la prevención e investigación de la desgracia. No olvidemos que los dos sindicatos mayoritarios en Policía y Guardia Civil emitieron un comunicado conjunto para denunciar que se les había impedido servir a los ciudadanos para que la Generalitat diera imagen de Estado Catalán autosuficiente.

 Nadie en su sano juicio comprende que hoy, cuando las diversas naciones del mundo se alían entre ellas para reforzar la lucha antiterrorista, en nuestro país ocurran estos desmanes que debería avergonzar al catalán moderado y que conserve aún su propio criterio fuera del partidista y casi aberrante del abducido soberanista.
La vida de un ser humano es demasiado valiosa para interponer entre ella y el rigor absoluto de investigación y procedimientos policiales el matiz subterráneo del nacionalismo contumaz.
Hay que ser muy cerril para aplaudir gestos como los escritos arriba, la pugna por conseguir medallas en un lado u otro, en lugar de una unión sin fisuras para intentar el mayor tipo de seguridad posible. Es cierto que los únicos asesinos son los terroristas, los que realizan los actos flagrantes y quienes les ayudan a llevarlos a cabo, pero no estaría de más que todos los ojos avizores de cualquier cuerpo del Estado estuviesen vigilantes las veinticuatro horas del día.
Como ciudadana corriente, me duelo de estas fisuras entre nuestros guardianes del orden y me resulta absolutamente increíble que en una ciudad como Barcelona, a la que tenía como abanderada de la lógica y del modernismo más audaz, se den estos casos, de consecuencias tan dolorosas, y al mismo tiempo como extraídos del Medievo, de las luchas gremiales, y tan anacrónicos como si estuviésemos hablando de una ciudad feudal en deuda con su señor.
No estaría mal que los adalides de la independencia repasasen después de los hechos su estado ético y moral.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

13 de agosto de 2017

TURISTAS GO HOME

Puede ser, como algunos afirman, una moda efímera, creada por quienes necesitan protagonismo irritante al costo que sea. Los mismos que creen encontrar en sus manifestaciones abruptas y descontroladas un sentido político que legitime su estupidez más allá del propio absurdo de la mayoría de sus conceptos e ideas. Crear conflictos ha sido desde antiguo el medio utilizado por quienes no poseen argumentos sólidos e inteligentes con los que avalar su causa.
Puede ser eso, algo muy similar a las rabietas del niño enfurecido por la falta de atención. Más, la irracionalidad de la causa no excluye los efectos que pueden llegar a producir. La insensatez de arrojar piedras en el propio tejado con las consecuencias que de ello se deriven. Y aunque esas consecuencias afecte en sumo grado a los mismos que las provocan. Así de estúpido suele ser a veces el género humano.
España llegó tarde a la llamada Revolución Industrial que a comienzos del siglo XIX tuvo lugar en Inglaterra, expandiéndose  luego por el centro de Europa. Y cuando la alcanzó, solo algunas regiones como el País Vasco y Cataluña se beneficiaron de ella. El resto del país malvivía por entonces de la agricultura y el ganado. Ese retraso,  complicado al paso del tiempo por sus problemas políticos, entre los últimos la guerra civil, hizo que fuésemos una tierra minusvalorada por el continente europeo como lugar de un cierto subdesarrollo. La Historia es dura, a veces, pero no tiene vuelta de hoja.
Y de pronto, como regalo de dioses o feliz e inesperado azar, aparece en el horizonte aquello que nos faltaba y nos hace importantes a los ojos ajenos: algo llamado Turismo, un rey Midas disfrazado de Alí Baba o de Reyes Magos, según prefieran, que nos mira con ojos deslumbrados y afirma que nuestro clima, nuestros monumentos y hasta nuestra gente, merecen atención especial.
Acababa de nacer la que sería la industria más importante del país, el dios Turismo, al que debemos el haber salido de la escasez, la apertura de mentes por el contacto con ideas nuevas, el desarrollo de los años sesenta y posteriores  y la subida de la autoestima, que nos hacía tanta falta. Hasta el Régimen -¿recuerdan?- aprovechó el tirón para promocionarse: “España es diferente”, decía el slogan con el que quisimos decir en verdad que éramos únicos, más guapos, mas listos, y más todo que quienes picaron y se transformaron en nuestros primeros visitantes y turistas.
Por fin teníamos algo por lo que ser deseados más allá de nuestras fronteras, sea lo que fuese ese algo. Y de ello empezamos a vivir. A mejorar. A llenar las arcas estatales de divisas. A comprarnos coches y salir del provincianismo de la postguerra.

Nos ha dado resultado hasta el momento actual, en el que, es cierto que el éxito puede llegar a ahogarnos. Pero solo son necesarias medidas exactas, no bajar la guardia y cumplirlas a rajatabla. Las situaciones grotescas y hasta vandálicas que han tenido lugar en Palma de Mallorca, Cataluña, o las originadas en Puerto Banús, han de ser, primero vigiladas y luego sancionadas y castigadas con todo el peso de una ley que está para ser cumplida, no de adorno. Es responsabilidad de los Ayuntamientos y de las autoridades el mantenimiento del orden en todos sus aspectos. Si es necesario aumento de policías, el Estado debe saber cual es su papel en este delicado asunto, sin que valgan excusas ni cortapisas en este sentido.


La “turismofobia” es el error más grande que pueda cometerse. España es un país eminentemente turístico y destrozar su principal medio económico solo puede ocurrírsele a quienes igualmente quisieran destrozar otras muchas cosas que llevan incluidas en su ideario político. No hay que dejarles actuar, porque una sola manzana pudre el cesto.
Los jóvenes airados que parecen divertirse con los gestos anti-turistas, deberían reflexionar por un solo minuto, si no es pedirles mucho: ¿Quiénes pagarán si nos quedamos sin ellos, la Sanidad, los colegios y las prestaciones sociales? …
Tal vez no les vendría mal a algunos de ellos volver al campo. De sol a sol, como en los viejos tiempos que no han llegado a conocer.
                                                                                               
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista) 










      

1 de agosto de 2017

VACACIONES

A partir de que Adán cometiese la estupidez de aceptar la manzana de Eva,  los humanos fuimos castigados a ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Dícese a trabajar en lo que encontrasen. Pero Dios tuvo que descansar el séptimo día, y gracias a ello surgieron las vacaciones. El hombre necesita desconectar de alguna forma de la rutina embrutecedora. Las vacaciones son ese elemento enriquecedor en el que puede salir al exterior el niño que nunca hemos dejado de ser.
No todo el mundo se divierte de igual modo, y España, nuestro desgarrado país, posee en su geografía tan variopinta múltiples maneras de hacerlo. Desde quienes buscan el sol achicharrante hasta el ampuloso verde con su engañoso chirimiri, es increíble la diversidad de placeres que podemos encontrar.
Como acabo de llegar de las humedades norteñas, permítanme la confianza de exponer las enormes diferencias entre dos semanas en el Sur o las mismas en el Norte. O lo que es muy similar: entre la tranquilidad y el desasosiego.
Al Sur y el Este español se va a dejarse llevar por un ritmo desenfrenado de estímulos, empezando por el que implica la tostadura de la piel a niveles etíopes, en playas que recuerdan novedosos campos de exterminio corporal, para seguir con lugares donde hay que caminar de perfil porque el espacio se transforma en valores de cambio. Al simpático ruido infernal-nocturno, más el producido por coches que vociferan al unísono mientras tratan de llegar a donde sea con el cabreo incluido, se unen  las amables colas para conseguir una  cerveza o un gin-tonic tras haber peleado por el mínimo lugar para tomarlo.

Están también los que buscan algo de glamour y vacían la cartera en el restaurante de moda donde impere la “petite cuisine”, porque eso es lo que viste y da esplendor. Están los jóvenes vocingleros que arrasan por donde van, entre la cocaína barata y el botellón para colocarse. Todo eso y más lo produce el calor y las noches almibaradas de perfumes embaucadores. El sur es un torrente invasivo. Un volcán para los sentidos y la mente. Una embriaguez total.
Por su contra, el Norte es el embrujamiento del paisaje y el placer de la aventura. A escoger. Nada bravo persiste en él más que su oleaje y la altitud de sus montañas. Entre desfiladeros de infarto por los que ríos caudalosos discurren compitiendo con la vegetación, apabullante, casi selvática, misteriosa en sus profundidades, ágil en los picos de rocas grises y rojizas, casi infantil en las orillas, hasta la versatilidad de su mar, líder y dueño absoluto de sus mareas, el Norte es el panteísmo hecho realidad, la  Naturaleza al descubierto, reina y señora de quienes tienen el atrevimiento de hollarla. Y hay quienes lo tienen. Alpinistas arriesgados, senderistas gozosos, piragüistas osados, submarinistas, pescadores, jugadores de palas…y personas decididas a beberse el verde a borbotones, a dormir con edredón, a pasear sin agobios y dorarse menos pero en playas extenuantes de arena blanca y radiante como una novia primeriza.

La calma es la compañera firme de un verano donde el único ruido posible es el susurro del chirimiri, el producido por hojas de árboles al caerles el agua.
No se adora el sol, pero se le espera con nervios contenidos. Porque si sale, el brillo del verde es mayor y los niños tirarán el chubasquero y tomarán cubo y pala. Y el padre descansará esa noche de la larga jornada playera en la mesa de un “chigre” con un culín de sidra. Sin agobio. Mirando al cielo por si al día siguiente el “gallego” hace de las suyas y hay que organizar una excursión.
Distintas maneras de vacacionar. Afortunado país en el que puedes elegir entre la inmensa algarabía del Sur y la fresca placidez de los veranos del Norte.

                                                                                            
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)