Ocurre
que al final va a tener razón Carlos Marx cuando dijo que “la historia puede
repetirse dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”, y quien
dice la historia dice también algunas cosas relacionadas con ella, por ejemplo
las promesas que políticos de diversa índole hacen a los ciudadanos, bien en
campaña electoral, o en otra ocasión que se le parezca.
Dice la ministra Pastor que
desde hace quince años, la Junta de Andalucía viene prometiendo
el célebre tren litoral, sin que hasta ahora exista ni un atisbo de que van a
cumplir la promesa. Tiene razón. Pero el asunto tiene más INRI, como decimos
los de pueblo, vean si no lo que relato
a continuación.
Cuando servidora era pequeña, y después, en
los primeros años del turismo, mi padre, hombre absolutamente de fiar, decía de
vez en cuando, si la ocasión lo propiciaba o se hablaba de los problemas con Portillo,
que siendo él jovenzuelo (nació en 1904) ya se hablaba de traer hasta Marbella
un tren de cercanías que facilitaría la ida y vuelta a Málaga de viajeros,
turistas o no.
Todavía hay más. Según contaba,
su padre igualmente le hablaba a él de que el recién creado ferrocarril (1848)
iba, con el tiempo a tener unos ramales costeros. En ambos casos, los políticos
del momento, en el caso de mi padre el dictador Primo de Rivera, prometían al
inocente hombre de la calle, algo que por su envergadura no era para el día
siguiente, y con lo que podían soñar hasta que el sueño se desvanecía, como
ocurría una y otra vez.
Es decir, que “nuestro” anhelado
tren litoral no es un conejo que la Junta o Fomento se hayan sacado ahora
de la chistera de donde, cuando es necesario, los que mandan, cual mago
prodigioso, suelen sacar sus promesas y mentiras. Lo que sí parece el tren es
un buen artilugio para ocultar muchas otras necesidades, menos útiles para el
ensueño, pero también antiguas y urgentes.
Que desde el siglo pasado y
hasta de finales del anterior nos hablen del tren como si del vulgar chocolate
del loro se tratara, el caramelo con que calmar la llorera, el regalo de Papa
Noel, o los juguetes de los Reyes Magos…dice poco, poquísimo de los políticos
en lo que a imaginación se refiere, pero dice menos aún de la consideración que
nos tienen como seres pensantes y racionales.
No sé ustedes, pero estoy harta
en grado superlativo de que unos simples candidatos y gobernantes se adjudiquen
ellos mismos la potestad de engañarnos desde tiempos inmemoriales, con total
impunidad, además de hacerlo de manera tan repetida y vulgar. Cada vez que
quieren el voto o la gratitud del personal acuden al trenecito de marras, como
si no supiéramos que de todas las promesas, la más difícil de cumplir va a ser
precisamente esa, aunque solo fuese por el coste.
Oí decir hace unos días a un
grupo de arquitectos e ingenieros que en vez de decir chorradas para niños de
pecho, intentasen al menos, en lo que al tráfico se refiere, hacer de una vez
los tan necesarios carriles de desaceleración, en las autovías existentes, con
lo que muchos accidentes podrían evitarse.
No quiero olvidar que en
relación con el tren, unos le llaman tren litoral, para toda la
Costa
del Sol, con grandes pretensiones como la conexión con el aeropuerto. Otros,
más humildes, tren de cercanías, imagino que como una prolongación del de
Fuengirola. Y -afirman- que el gobierno
va a trabajar con cinco alternativas en el plan de viabilidad. Me pregunto que
cada alternativa tendrá supuestamente para ser estudiada un plazo parecido al
que tenía el tren que Primo de Rivera prometió a la generación de malagueños
entre los que se encontraba mi padre. O sea, que cinco por…X, podemos esperar
que para cuando elijan la definitiva , mis biznietos, tal vez se suban a sus
vagones y hagan el viaje feliz del que sus antepasados también les contaron.
De momento estén contentos si
cuando lean estas líneas han acabado una acera más de las muchas comenzadas. O
un trocito de calle. Como cada año
electoral.
Hagamos que nos creemos el
interés por la ciudad. Así el engaño por
lo menos será mutuo. Pero igualmente absurdo, desde luego.
Ana María Mata
Historiadora y novelista
No hay comentarios:
Publicar un comentario