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28 de enero de 2010
Amanece que no es poco
21 de enero de 2010
EL SUR TAMBIEN EXISTE
Joan Manuel Serrat, el hombre que posiblemente más haya impulsado y hasta convulsionado las emociones de una generación con sus canciones, tituló una de ellas con la frase que encabeza este artículo de hoy, y que no era, como nada en las suyas, baladí o simplemente bella : respondía a causas esenciales, generalmente aceptadas, pero que nos involucraba a los que habitamos tierras meridionales contando para la parte septentrional, por suerte para ellos, con nuestra habitual resignación.
Si se acuerdan, después de unas magníficas estrofas, llegaba una, quizá la decisiva, en la que el Noi del Poble Sec, admitía : “El norte es el que impera…” dando por hecho que necesitaríamos una y otra vez afirmar nuestra existencia ante el poderoso rival.
Las frases de la canción me impulsaron entonces como ahora a constatar lo que creo una evidencia, que para más INRI, puede tener connotaciones que alcancen hasta el momento actual, el de la crisis económica que nos envuelve, y que mirándolo a través de esta –admito que extraña, si quieren- perspectiva, podría llevarnos a los sureños, mediterráneos, costeros, e incluso andaluces a una visión nueva en la cual, ¡fijensen! podría ser el sol, nuestro adorado rey, uno de los causantes de la citada crisis.
Acudiré a la Historia, y en particular a un tiempo pretérito, que llamamos Dictadura. De las muchas fases que tuvo, oficialmente reconocidas, el gobierno del General Franco, la que corresponde al comienzo de los años sesenta, ha sido llamada el del “Plan de estabilización económica”,y dio comienzo el día y hora en que Castiella, Ministro de Asuntos Exteriores firmaba en Washington, en Junio de 1959, un conjunto de medidas de ayudas económicas que significaban, por otra parte, la renuncia a unos principios teóricos del falangismo, que en términos generales se llamó “Autarquía”y que funcionaron durante casi 20 años. Entraron en el gobierno los que posteriormente fueron calificados como “tecnócratas”, con personalidades tan relevantes como Ullastres primero, Lopez-Bravo después, y el más significado, Laureano López Rodó, experto en economía y planificación. Este plan se reflejó en los sucesivos “Planes de desarrollo2 de 1964-1967 y 1968-1971.
Ciertamente España comenzó a cambiar por dentro y por fuera , hasta el punto de que pasamos poco a poco a ser para el extranjero no sólo el país de las castañuelas y los toros, sino otro que había que tener en cuenta a efectos diferentes. Por desgracia, no siempre llueve a gusto de todos, y en el mecanismo de mercado como asignador de recursos, se puso en marcha un proceso generador de desequilibrios en el que, como de costumbre, el Norte imperaba.
En primer lugar la polarización del crecimiento industrial en torno al País Vasco y Cataluña, así como idéntico crecimiento en torno a Madrid, configurada como centro neurálgico del sistema financiero como capital de la nación. Los sectores industriales que empezaron su desarrollo fueron especialmente las textiles, químicas, metálicas, de maquinaria, comunicaciones y alimentarias. Todos ellos, como imaginarán, fuera de Andalucia, o al menos fuera de los lugares donde el sol y el clima, pasaban a ser nuestro único medio de riqueza. Y lo fue, no vamos a negarlo. Lo fue porque el sol y la temperatura ejercieron de panal de miel al que llegaron ansiosos los primeros turistas que el gobierno franquista recibía desde que fuera aceptado a malas ganas por otros países. Entonces el Turismo, con mayúsculas se erigió en el primer banco de divisas, divisas que incluso llegaron a financiar, en ocasiones, los anteriores planes expuestos.
Llegó la construcción, las inversiones millonarias, los hoteles, la necesidad de mano de obras, tal vez, pienso, hasta las primeras y no sacadas a la luz, corrupciones. Llegó el dinero fácil, la forma de ganarlo brevemente, la avaricia y el derroche. Todo parecía fácil y lo que es peor, inamovible y eterno. Apartamentos, chalets, edificios de lujos, una inmensa bola de nieve que iba aumentando con el paso del tiempo y que cuando parecía en todo su esplendor…explotó como un colorido globo de cumpleaños infantil.
La hora de la verdad se llamó primero “desaceleración” y luego CRISIS. ¿Con qué contábamos los de abajo, los de la canción de Serrat, aparte del sol y los ladrillos? Con nada, evidentemente, salvo que el sol sigue brillando y los ladrillos dormitan enmohecidos. Nadie se acordó de nosotros en el momento de la repartición de recursos. Ni una fábrica de importancia que proporcionase puestos de trabajos distintos a los de albañil o camarero. Ni una sola textil, de maquinaria, química o lo que fuese. Sólo el sol, el buen tiempo y algunos visionarios que nos pusieron en onda. Ahora, lloramos el cada día más frecuente cierre de comercios, hoteles, restaurantes, lo único que nos daba de comer en realidad. Entonces todo parecía Jauja. Marbella, y la Costa como Alicia en el país de las maravillas.
Hubo una discriminación ancestral de la que no hemos sido conscientes. Quizás Serrat, pero ya se sabe, a los creadores y artistas no suele el poder hacerle mucho caso.
Ana María Mata
Historiadora y novelista
21 de diciembre de 2009
DÍAS DE CINE
El pasado domingo llevé a mi hijo y una amiga, ambos de cinco años, a ver la película "Planet 51".
Mi cuerpo no estaba para muchos trotes ya que andaba con malestar general, pero sin fiebre. Aun así era mejor salir de casa y dar una vuelta. A pesar de ser domingo, día lluvioso y que se acababa de estrenar la superproducción "Avatar", no había cola. LLegamos con diez minutillos de antelación así que compramos las palomitas y el agua, cogieron sus respectivas alzas y nos fuimos para la sala 7 al fondo del pasillo. Grandes números serigrafiados en las paredes indicaban cada sala. Fila 8, números 10, 11 y 12... "¿Pero, será tonta la taquillera? Me ha dado los números partidos por el pasillo. ¿Cómo voy a dejar solos a los niños?" Como la sala esta bastante vacía decido usar el asiento que está junto al de ellos. Colocamos las palomitas en equilibrio inestable, las botellas de agua en sus respectivos compartimentos pajitas incluidas y a esperar que empiece la película. Un trailer, otro de una película de miedo, "¿Pero a qué cabeza se le ocurre mostrar este tipo de trailers antes de una película infantil?". Un trailer más; el aviso de que apagues el móvil. La amiga de mi hijo pregunta por cuarta vez cuando empieza la película. Parece que por fin, pero... ahora son anuncios de los negocios del centro comercial.
Por fin. Ya empieza. Se apagan las luces por completo, en la pantalla una mujer se acerca a una tétrica casa, ... , un momento, ¿cuando salen los dibujos animados?, les digo a mis dos pequeños acompañantes que esperen un momento que voy a comprobar una cosa... rápidamente salgo de la sala y al lado de la sala hay un gran número 7, pero todavía más cerca hay un número 6. Maldición, vaya metedura de pata. Entro a por los pequeños y los encuentro con sus enormes ojos muy abiertos y las palomitas al borde de sus bocas pero sin llegar a entrar. Por suerte consigo sacarles del hechizo hipnótico y los llevo rápidamente a la otra sala.
Los dibujos animados de la peli están muy bien hechos, los golpes de humor, como suele ocurrir son más para adultos que para niños, pero también se ríen con las extravagancias de los marcianos. Sólo un pipí inesperado de última hora nos distrae ligeramente pero basta con una simple entrada en boxes.
FIN.
Espero que durmieran bien esa noche.
Arturo Reque Mata.
Arquitecto
14 de diciembre de 2009
24 de noviembre de 2009
ÁRBOL DE LA SABIDURÍA
Dígame señor árbol ¿Cómo debemos afrontar los tiempos actuales con todas sus incertidumbres y dificultades?
- Querido amigo, cierto es que tengo muchos años y que he vivido muchas historias. Mis recuerdos se suceden unos tras otros y forman la sabia que me mantiene consciente. No soy de dar consejos, pero ya que me pides una respuesta, te diré que, siguiendo las leyes del equilibrio universal, cualquier acontecimiento provoca siempre otro en algún lugar que devuelve el equilibrio. A ti, que me preguntas, te parecerá que se te pasa el tiempo. La sensación de incertidumbre se te va haciendo insostenible, pero recuerda que todo fluye y mueve el engranaje universal. Observa lo que sucede a tu alrededor y hazlo tuyo. No pongas barreras, no cierres puertas. La brisa que entre traerá nuevos aires y con ellos la libertad necesaria para afrontar esta situación que tanto te preocupa.
Yo soy anciano y mi experiencia es la atalaya desde la que contemplo el horizonte del nuevo día. El hoy está ocurriendo ahora y el mañana también. Todo se funde en un mismo instante. Vívelo inténsamente como su fuese el último. Deja que cicatricen tus heridas, no temas que tu alma envejezca. Poda las ramas innecesarias y orienta tu crecimiento. Las amputaciones son necesarias para poder avanzar con nuevas energías.
No se si te estoy dando respuesta o esperabas otra cosa. Sólo se que yo he disfrutado todo lo que he vivido.
19 de noviembre de 2009
CUENTO INFANTIL
Pocos momentos hay más felices que acostar a tu hijo y contarle un cuento para dormir viendo en sus ojos la satisfacción de la compañía paterna. Al mío le gusta variar y unas veces me pide que le lea uno de su biblioteca y otras que sea "de cabeza". De esta forma es como me surgió la idea de plasmar en papel uno de los que más le ha gustado. Como comienzo de esta iniciativa literaria, que espero continuar próximamente, os podéis descargar este cuento titulado "ACAMPADA ESPECIAL". Sólo os pido por favor vuestra sincera opinión y que lo disfrutéis.
Saludos,
Arturo Reque Mata
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3 de noviembre de 2009
DULCE
Después de varios intentos, logré finalmente encontrar la postura adecuada para pasar la noche y dar acomodo a mi ansiedad. No me resultó tan fácil lograrlo, a diferencia de otras ocasiones, créanme. Desde que estoy aquí, de eso hace ya un par de meses, la molicie, la desgana la falta de interés y una pérdida total de autoestima, me han convertido en un ser abatido y resignado. Pero hoy he decidido acabar con todo esto. No se si lo lograré. Al menos lo intentaré si puedo controlar mi excitación.
Era una noche sin luna. Permanecí largo tiempo observando la alta valla que circundaba el recinto y que lo aislaba del mundo exterior. Únicamente se tenía acceso por una puerta siempre cerrada con un gran candado de hierro. Dirigí la mirada al patio en el que pude observar dormitar, acurrucados en el suelo a varios compañeros de infortunio. A esas horas no había nadie en la caseta del responsable del recinto. Todo estaba en calma. Todo parecía propicio para intentar escapar de aquél lugar.
Durante muchos años fui miembro de las fuerzas de seguridad del estado. Mis intervenciones fueron muy consideradas en el cuerpo policial y cuento con diplomas de agradecimiento por mi labor no solo en España, sino también en diversas partes del mundo. Seguramente me habrán visto en algún telediario y periódicos al lado de mis jefes, con una medalla colgando sobre mi pecho. La condecoración que se me otorgó en Sarajevo la noche que sufrimos un terrible bombardeo. Gracias a mi intervención, primero alertando al cuartel de la llegada de los aviones y después ayudando con riesgo de mi vida a muchos soldados de la guarnición. Nací con una especial predisposición para detectar cualquier síntoma de peligro y saber como comunicarlo a mis superiores a pesar de no hablar el idioma de muchos de ellos.
Gracias a mis experiencias pasadas no me fue difícil sortear los cuerpos de mis compañeros sin que detectaran mi movimiento y llegar a la zona de la valla en la que se había acumulado el agua de las pasadas lluvias. Allí era donde la tierra debía estar más húmeda y por consiguiente me resultaría fácil excavar un hoyo sin hacer ruido y por el que podría deslizarme sin demasiada dificultad. Así conseguí reptar hacia el exterior.
Bajo mis pies observe las luces de la ciudad. No estaba lejos y aun siendo noche cerrada, la conocía tan bien que no me costaría gran esfuerzo orientar mi fuga. Mientras bajaba por la ladera del monte en donde se encontraba el lugar en el que estaba recluido, no pude dejar de pensar en la dureza de la vida castrense sobre todo cuanto supone acatar las ordenes de los jefes. Obedecer y actuar en consecuencia: sin rechistar. Así lo asumí desde el primer día. He sido fiel a las ordenanzas y nunca las he eludido por difíciles de comprender que fueran. Gracias a ello he gozado de la estima y confianza de mis superiores. Mi comportamiento ha sido siempre intachable hasta el día que abandoné mis obligaciones para ir a encontrarme con una bella vecina sin informar a mis jefes. Falta grave.
Se llama Dulce. Todo en ella lo era: su elegante andar, sus modales, su mirada y sobre todas las cosas su esbelto cuerpo juvenil. Desde que la vi la vez primera se apoderó de mí un sentimiento desconocido hasta entonces. No fui capaz de controlar una irreprimible atracción hacia su presencia. Esperaba ansioso su hora de paseo para coincidir con ella acompañada de alguna de las personas que vivían en la gran villa en la que ella se alojaba,
Yo solía pasear los fines de semana por los mismos lugares que ella lo hacía. Nos cruzamos muchas veces sin intercambiar palabras. Sólo esquivos gestos y miradas que al cabo, mi instinto intuyó como de silenciosa complicidad. A pesar de estar atareado en mis cotidianos menesteres castrenses no había momento del día que dejara de pensar en ella. Era la primera vez que me ocurría algo semejante.
Sorteando el bosquecillo, un arroyo se abría paso entre los árboles y arbustos de su ribera. Allí la encontré una tarde de verano, saltando alegremente entre las piedras, remojándose en alguna de las pozas. Temeroso de interferir en su intimidad permanecí observándola algún tiempo oculto entre el ramaje de una zarzamora. A pesar de ser yo un experto, por mi profesión, en pasar desapercibido, también lo era para saber si mi presencia podía ser detectada con algún movimiento inadecuado. Sabía de sobra como evitar situaciones críticas en actos de campaña, pero carecía del conocimiento suficiente para eludir o detectar otro tipo de peligros ajenos a los estrictamente militares Si lo hubiera tenido no habría dejado mi escondrijo para acercarme a ayudarla a salir del pequeño remolino que la aprisionaba.
Así empezó todo. Ambos esperábamos ansiosos los días de nuestros encuentros. Cada uno ellos parecía que fuese la primera vez. En nuestros paseos no me resultaba difícil eludir a nuestros acompañantes ocultándonos entre los matorrales. Y allí, camuflados en la espesura de los matorrales, con el río como único testigo, comenzó el idilio que fue nuestra perdición.
La tarde de un fin de semana no vino al encuentro. Pasaron varias semanas. Por alguna razón dejó de salir a pasear. Su ausencia me preocupaba de tal manera que incluso me llevó a descuidar mis obligaciones, pendiente a cada rato de la puerta de su casa, al otro lado de una gran avenida y no muy lejana de mi cuartel. Así permanecí, como un centinela, atento a cualquier signo de su presencia.
Por fin la ví asomarse a la cancela de su jardín. No pude reprimir mi emoción ni mi instinto. La llamé. Ella me respondió. Cruzamos ambos la avenida sin mirar a nada ni a nadie sino a nosotros mismos. Corrimos el uno hacia el otro como dos posesos. El conductor del coche que dejó su cuerpo quejumbroso sobre el asfalto no pudo evitar la colisión. Quedó tendida en él con la mirada puesta en mí. Escuché sus angustiosos gemidos de dolor. Pero no pude hacer nada porque desde el cuartel una orden imperiosa me hizo regresar a él de inmediato
A efectos de deducir responsabilidades se estimó que yo era el causante de haber provocado el accidente.
Ella se llama Dulce, la perra favorita de una rica familia alemana, dueña de una gran mansión, y yo, Aníbal, un cuartelero perro pastor. Sus amos intuyendo nuestra inadecuada relación decidieron acabar con ella suprimiendo los paseos. Hago caso omiso de ordenanzas y reglamentos y me escapo para ir en su busca allá donde se encuentre.
