6 de octubre de 2014

DESAPROVECHADOS



 (Artículo publicado en el Tribuma Express el 2 de octubre de 2014)
Ahora que los colegios acaban de empezar y las elecciones están en sus primeros albores, voy a ver si toco un tema eminentemente nuestro que me ronda por la cabeza hace largo tiempo. Septiembre, ya se sabe, tiene sabor a uniformes, mochilas escolares, despertar lloroso para los pequeños y descanso para padres y abuelos que aunque lo nieguen, estaban de las vacaciones hasta el moño. Es lo que en Francia se llama la “rentrée”, palabra que las familias pronuncian con el alborozo de alguien premiado  -¡al fín!- con la lotería de la libertad.
Nosotros, estamos donde estábamos, por desgracia. Me asquea tratar el tema de la falta de colegios cada año, como una aburrida letanía a la que la Junta hace caso omiso, entretenida como ha estado con la celebración del aniversario de su Presidenta, fotos por aquí, tele por allá, felicitaciones y chorradas para un año en el que la cifra de lo recibido para Formación inexistente, más los E.R.E. debería avergonzar no sé si a ella, pero sí desde luego a todo el Partido. Decía que para Educación, y en Marbella, nada de nada, siguen las aulas prefabricadas, sigue el amontonamiento de niños en ellas, ni asomo de un nuevo colegio, faltan profesores…panorama dramático y escandalizador donde los haya.  Algún día eso repercutirá sobre el país, y todos seremos responsables.
Explico nuestra porción de responsabilidad. Marbella posee dos lugares en su perímetro como ciudad, absolutamente desaprovechados al decir de muchos, entre los que me encuentro. El Albergue de San Francisco, o Albergue Africa en los últimos tiempos, y el Campamento Vigil de Quiñones. Dos lugares además de históricos, espaciosos, con grandes posibilidades para habilitarlos en alguna de las muchas necesidades que en relación con la juventud y la educación tiene la ciudad.
El albergue Africa, fue en sus más antiguos orígenes sede de la Orden Franciscana, y siempre hemos oído decir que el mismo Miguel de Cervantes recaló en él para pernoctar. Después de cumplir en tiempos del franquismo su función de residencia veraniega de universitarios afectos al SEU, en la actualidad ejerce un papel ínfimo como albergue de muy bajo costo, en espera de que en él la Junta construyese el tan necesario nuevo colegio para esa zona. Creo que se ha limitado a solucionar los problemas del Gil Muñiz, parcheando su desastrosa situación. No puedo entender que un gobierno autonómico minimice de esa manera la escolaridad y coloque la educación al último puesto en la cola de sus muchos asuntos sin resolver.
La indignación casi me impide teclear cuando leo que los parlamentarios del PSOE y de IU rechazan e impiden, por tanto, que el fraude en los cursos de formación se investigue en el Parlamento. Olvido por un momento nuestras carencias y digo en voz alta, aunque en solitario : “¿Para que nos sirve entonces, si el más importante –hasta ahora- caso de corrupción no puede ser llevado a una comisión de investigación en el Parlamento? …como he leído también, quizás pretendan que se encargue de ello la ONU, o la Federación de Planetas, escribe un colega en El Mundo.
No hay dinero para colegios de niños porque adultos corruptos, sin moral, y quizás hasta políticos, lo han robado y quieren silenciarlo. Soy Mafalda y quiero bajarme de  este planeta o al menos de este país y mi territorio autonómico.
Volviendo con los lugares desaprovechados, el Campamento Vigil de Quiñones es el segundo de los elegidos. Igualmente que el anterior cumplió su misión en una etapa pasada y he recordado en ocasiones aquí como las niñas del lugar esperábamos nerviosas los sábados y domingos de aquel tiempo porque esos días bajaban al pueblo los “Flechas del Campamento” que pasaban temporadas de vacaciones en él, y cuyas tiendas de campaña entre pinos, comedores y espacio deportivo les servía de jolgorio además de recuerdo intenso de que España era “una Unidad del Destino en lo Universal” con el Cara al Sol como música de fondo.
Al día de hoy, el Campamento vale un poco para todo y un mucho para nada, o lo que es igual, nadie sabe para qué sirve en concreto, ya que su abandono es casi total, y aparte de algunos domingueros con bocatas,  para pequeños bares particulares en noches de verano.
Vigil de Quiñones, héroe del Filipinas, en concreto de la batalla del sitio del Baler, natural de la tierra, vería con mejores ojos el destino de unos terrenos amplios con su nombre, si este fuese el de un cuidado lugar deportivo, ampliación, por ejemplo, del pequeño Polideportivo que se encuentra al lado del frente. Cualquier otra utilidad relacionada con la Música, el Teatro, o eventos culturales en general, serían deseables para una ciudad que adolece de ellos. Me acuerdo del aprovechamiento que del Castillo Sohail de Fuengirola se ha hecho, y como tiene lugar en él conciertos, ópera o teatro clásico.
Siempre me he preguntado porqué los lugares o edificios que en su día fueron emblemáticos acaban muchos de ellos como despojos cuando pasa el momento puntual en el que fueron célebres o destacados. No parece existir una planificación municipal o estatal que instruya como deberá ser su futuro, antes de comenzar a realizarlo, lo que dice muy poco de las administraciones y mucho del despilfarro presupuestario que se ha dado en nuestro país últimamente de escandalosa manera.
Tal vez los ciudadanos deberíamos tomarnos más en serio lo que se hace y lo que no en cada municipio. Adonde va el dinero y por qué causas. De tiempos anteriores conservamos una rémora absurda, la de dejarnos llevar por quienes mandan, y solo preocuparnos cuando la farola de una de nuestras calles se queda sin luz.
Carecemos de sentido comunitario y la escasa información que nos llega hace el resto. Conozco lugares europeos donde para cambiar el color de las ventanas de los edificios en una calle es necesario votar. O para ponerle nombre . O decidir a que se destina un terreno municipal.
Desidia de unos, ignorancia de otros y esquilmados por los que deberían guiarnos, todo se nos va en echar piropos al sol y esperar a los turistas de verano.
Ana  María  Mata
Historiadora y novelista

26 de septiembre de 2014

LA EMOCIÓN DE DESCUBRIR


(Artículo publicado en el Tribuna Express del 18 de septiembre de 2014)
El hombre es un ser de lejanías, dijo el gran filósofo Heidegger, recordándonos que en lo más profundo de su identidad el ser humano necesita horizontes que proyecten ante él percepciones nuevas y distintas de las que constituyen su entorno inmediato, el reducido espacio en el que nuestro yo se desarrolla y que acaba por volverse rutinario.
Según él esa y no otra es la génesis de lo creado, existir para ser conocido y ampliar al máximo las posibilidades del cerebro humano. La existencia de cuanto nos rodea se presenta así como oferta ante nuestros sentidos y nuestro espíritu, preparado para el placer del descubrimiento si nos ponemos a ello.
He pensado tanto en las “lejanías” de Heidegger a lo largo de mi vida que, creyendo en ellas, advertí pronto la verdad de su afirmación. Es más, puede que el principal sentido de la vida ( en el supuesto de tenerlo) es el hecho de descubrir, lo que entendemos por acercarnos a algo que desconocíamos y sentir su presencia ante nuestro intelecto, bien sea a través de los ojos o de cualquier otro sentido apreciativo.
Vuelvo de un pequeño viaje, en un primer momento casi irrelevante, y dentro de mí se ha instalado un cúmulo de sensaciones nuevas, inesperadas a priori y tal vez por ello mucho más bellas e impactantes.
Confieso mi ignorancia anterior a todo lo relacionado con la provincia mediterránea de Girona. La actualidad hoy se mueve en parámetros distintos y el turismo avasallador parece inundado por lo que se relaciona con lo lúdico, el culto al cuerpo y sus placeres.

El sol es el rey absoluto de las masas que abandonan sus lugares especialmente en su búsqueda. Entendible por aquellos que lo consideramos de la familia y quizás no valoremos su débito con él.  Por su culpa, sin embargo, relegamos a un segundo o tercer plano lugares y rincones que no incluyan en su periplo sol, mar y sus derivados.
Nos equivocamos tanto que conocemos la existencia de pueblos como Lloret de Mar, Cadaqués o Tossa por ser emblemas vacacionales en la llamada Costa Brava. Y olvidamos a la propia Gerona, como si más que la capital fuese una segundona entre sus pueblos del litoral.
Somos libres, desde luego, de elegir una tumbona entre la multitud de bañistas y un buen restaurante en Palamós,  o la belleza única, casi imaginada más que real, de un lugar del interior, solo a treinta o cuarenta kilómetros de toallas en simbiosis arenosa.
El lugar se llama Besalú, encajado piedra a piedra sobre los ríos Fluviá y Capelladas, concebido como fortaleza medieval, dorada imagen de casas amalgamadas en torno a la Colegiata de Santa María, onírica urdimbre de callejas empedradas que suben y bajan con serpenteantes guiños arquitectónicos hasta transformarse en laberinto visual. Un gran puente de 145 metros, siete arcadas y espectacular ángulo oblicuo da la bienvenida a un escenario cuya intención primera parece ser hacernos creer en su irrealidad.  Declarado recientemente uno de los pueblos medievales mejor conservado de Europa, es tanta su autenticidad que nos transporta al pasado haciéndonos creer que  un blanco caballo fuese a aparecer de inmediato pisando las piedras con jinete, casco y espada. Les juro que Besalú ha quedado en mi memoria como una fantasía más que un pueblo esencialmente judío del siglo XI donde palpitaban con gozos y sombras, corazones de seres humanos. 
 Los judíos fueron parte destacada de Gerona desde el comienzo del siglo IX. La historia relata que veinticinco familias judías se instalaron en ella en el 888  y formaron lo que llaman el “Call”, barrio después aumentado y  llegado hasta hoy en un estado de conservación admirable.
Incluida en la Marca Hispánica, fue conquistada por los francos y convertida en estado ducal por Wifrido el Velloso. En la Guerra de la Independencia, tuvo un papel principal en su lucha contra el francés. Destila historia a raudales y como colofón al viaje, el azar nos hizo partícipes de la Diada, en unos días muy particulares debido a sus actuales reivindicaciones. Es su fiesta nacional, y pocos sabíamos que conmemoran una lucha perdida. La Guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias se decantó por los primeros y la llegada de Felipe V.  Cataluña apostó por los Austrias y en contra del recién llegado, quien no tardó en abolir la Constitución catalana anterior.
Raíces que llegan al presente con un sentido más o menos erróneo o distorsionado de la propia historia y los derechos catalanes. Cuestiones que los políticos utilizan para sus fines e insuflan al pueblo, gran parte de él  ajeno a sus maniobras, gente educada y servicial  que derrochan amabilidad y no quieren provocar desafectos.
Si descubriéramos pueblo a pueblo, siguiendo la “lejanía” del filósofo, el país que nos ha tocado habitar  su conocimiento nos haría un poco más sabios y  desde luego, mucho más felices.
Ana  María  Mata
Historiadora y novelista

13 de septiembre de 2014

NUESTRO NOBEL



En los días de mi adolescencia, tiempo feliz  en el que viví inmersa en libros de cabeza a pies trabajando en la librería de mis padres, llegué a tener un sueño recurrente: me encontraba cara a cara con algunos de mis autores preferidos en un lugar extraño y ellos se me acercaban cariñosamente hasta el punto de poder abrazarles personalmente y dialogar de temas diversos. No hace falta el psicoanálisis para comprender lo que entonces ya significaba la literatura para mí, la felicidad que me proporcionaba y la idealización lógica que de sus autores tenía incrustada en mi cerebro.
La madurez –quien me lo iba a decir- ha conseguido hacer realidad aquella fantasía onírica. Un domingo de Agosto pasado aquella niña que casi bebía libros en los escalones de su casa mientras soñaba con quienes los habían escritos, como si fuesen ángeles  o príncipes y no seres humanos, recibió el mejor regalo que nadie pudiera hacerle nunca: el abrazo fuerte, cariñoso y según parecía, sincero, no ya de un escritor famoso, sino de uno de los preferidos, que encima, es Premio Nobel de Literatura.
Abrazar a Mario Vargas Llosa , créanme, y cruzar unas palabras con él ha sido, en frase de uno de los Iglesias cantantes, “casi una experiencia religiosa”.
Utilizo en el encabezamiento del artículo el pronombre “nuestro”. A posta y con orgullo, quiero presumir en nombre de mis paisanos de lo que significa el honor de tener como Hijo Adoptivo al Nobel peruano. Que un hombre como él, solicitado en todas la Universidades y Colleges del mundo, aplaudido como el mejor exponente de la literatura Hispanoamericana actual y consagrado como novelista a la altura de Flaubert o Faulkner, así como periodista e incluso autor de teatro excepcional, haya elegido nuestra ciudad como lugar de descanso donde “llega como a un pequeño paraíso” desde hace veintisiete años, y expresara en su melodioso tono de orador las cosas bellas que encuentra en sus paseos matinales frente al mar, en las calles pequeñas y en los amigos que ha ido forjando aquí, mientras aclaraba que la “Marbella que conozco no es la de la jet society”…, y lo dijese en alta y clara voz una calurosa tarde de verano, enfundado en riguroso traje con corbata, aguantando con la debilidad del ayuno el calorín, los besos, aplausos y gritos  de cuantos quisimos acompañarle en un instante feliz para él, según dijo, pero mucho, mucho más para una ciudad a la que hacía falta el espaldarazo cultural que su aceptación significa, el orgullo de saberse elegida por el poseedor de un cerebro fuera de serie, una mente endiabladamente sublime y una persona con la elegancia de dentro hacia fuera, y no al revés, como la que conocemos en tantos habituales.
No es mi misión escribir sobre su obra. Carmen Diaz, Consejala de Cultura lo hizo de manera brillante. Tampoco de sus muchos premios además del Nobel. Imagino que sabrán de su marquesado, obsequio del rey anterior. No presume del título, porque ni siquiera lo hace de su ingente obra, traducida a todos los idiomas del mundo. Dijo en Estocolmo que el premio era un homenaje a la lengua española más que a su persona.
Y en nuestra lengua ha contado las más variadas e increíbles historias, en técnicas múltiples que van desde el multiperspectivismo al efecto de contraste conseguido mediante varios narradores y vidas paralelas. La independencia estética que su experiencia europea le proporcionó hizo que lograra salir un tanto de sus comienzos  peruanos y alcanzase el afán totalizante de sus últimos tiempos.

No se puede leer “La Ciudad y los Perros” y quedar indemne. O  “La Casa Verde”, o la tan aplaudida “La Fiesta del Chivo”.
Enriquece nuestra ciudad el tener como “paisano ilustre” a Mario Varga Llosa. Aunque algunos de los habitantes de ella quisieran demostrar con su ausencia como la estupidez puede alcanzar grado superlativo si se antepone la política y los intereses de la misma al conocimiento literario y cultural. Pobre ciudad si llegasen a ser mandatarios. Pobres mentes imbuidas de siglas y estigmatizadas por la corrupción.
La Europa culta, universitaria, intelectual e inteligente envidia hoy nuestra suerte por algo más que el sol y la temperatura, sus fiestas y los yates de Banús.
Mario Vargas Llosa, el encantador de las letras, es para siempre ya, Nuestro Nobel.
                                                                                 
Ana  María  Mata 
Historiadora y novelista

15 de agosto de 2014

Mi vida sin vosotros



Nuestra existencia es un devenir constante de acontecimientos, algunos más agradables que otros. Soy de la opinión que nuestra percepción de la realidad no está sólo condicionada por el número y el tipo de experiencias vividas sino en la forma en que las gestionamos. De ahí que personas con iguales experiencias las asimilen a veces incluso de forma contrapuestas.
 
Nuestra capacidad de aprender no es la misma para todos, tampoco la de olvidar,  ni la misma para nosotros  a lo largo de nuestra vida. Ni sólo se aprende de la educación reglada en la escuela, en la universidad o realizando cursos de formación. 

Albert Einstein nos decía que la educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela. Hay quién asistió poco a esta y tiene más sabiduría que algunos  catedráticos, afrontando con éxito las vicisitudes de la vida. Pero ni la lectura te brinda la sabiduría ni tener un reloj te hace poseedor del tiempo. 

Cuando se es consciente que estamos inmersos es un continuo aprendizaje donde cualquier suceso, persona o incluso un animal te puede enseñar algo valioso tu percepción de la realidad da un giro radical, tanto como mayor tiempo seas capaz de estar consciente de cuanto te rodea y eres capaz de absorber. A muchos genios se les han ocurrido fantásticos diseños sólo observando a la naturaleza. Hay muchos pero se me viene a la memoria el arquitecto catalán Antoni Gaudí.

En oriente lo representa muy bien la iconografía budista en torno a Milarepa, famoso yogui y poeta que vivió en el Tíbet del siglo XI y donde hoy es reverenciado como héroe nacional, un místico que retirado en las montañas abruptas del Himalaya se dice que alcanzó la iluminación tras doce años de soledad y meditación basando su alimentación sólo en ortigas. Al menos eso nos cuenta una biografía suya que data del siglo XV. 

Fue en este retiro donde seguramente aprendió que el conocimiento lo tenía en todo cuanto le rodeaba en esa soledad elegida, donde la naturaleza  era su única y mejor maestra.  De ahí que se le represente de forma frecuente escuchando atentamente con una oreja muy grande el sonido del río, el viento, los animales, aprendiendo incluso de lo más minúsculo e irrelevante. 

No hace falta retirarte a una lejana cueva como un ermitaño para extraer valiosas lecciones. El conocimiento lo tenemos disponible en nuestro entorno más cercano.  Como leía en las redes esta semana: mi escuela es mi segunda casa pero mi casa es mi primera escuela. No le falta razón a esta frase. 

Tengo muy buen recuerdo mis clases de filosofía de COU con el profesor Ignacio, no recuerdo su apellido, esta asignatura siempre fue mi favorita y con él la disfrutaba aún más. Me viene al recuerdo algunas lecciones de filosofía como fue una sobre el filósofo Sócrates, uno de mis favoritos, no tanto por lo que dijo sino por su ética práctica y su silencio literario. No dejó nada escrito, tan sólo lo que trasmitió de él uno de sus discípulos más famosos, Platón. 

En la Historia de la Filosofía de Nicolás Abbagnano se habla de Sócrates respecto del Fedro Platónico, en las palabras que el Rey Egipcio Thamus dirige a Thot, inventor de la escritura, arguye quizás el motivo auténtico de la falta de actividad de Sócrates escritor: “ofreces a los alumnos la apariencia, no la verdad de la sabiduría;  puesto que cuando ellos, gracias a ti, habrán leído tantas cosas sin enseñanza, se creerán en posesión de muchos conocimientos, a pesar de permanecer fundamentalmente ignorantes y se harán insoportables a los demás, porque poseerán no la sabiduría, sino la presunción de la sabiduría”.

Sócrates, apodo que quería decir el “Aguijón de Atenas”, es uno de los filósofos que más me gustaba no sólo por su pensamiento sino sobre todo por su vida que fue un ejemplo de consecuencia, humildad y coherencia, algo tan escaso en estos días. Al discurso más bello si no le sigue la práctica se queda vacío. Es un filósofo que representa la reacción entre la teoría y la conducta, entre el pensamiento y la acción. Podíamos decir que fue un moralista práctico. 

Su método de enseñanza era el diálogo y en realidad no creía ser portador del saber, por el contrario hace suya la frase del Oráculo de Delfos, sólo sé que no sé nada.

Lo que me llamó la atención de esa clase de filosofía y que va en relación con este artículo, fue que Sócrates era hijo de una comadrona y un escultor lo que le valió para desarrollar  su actividad filosófica, de dar a luz a las ideas y darles forma, su famosa mayéutica. Un método con el cuál a través del dialogo  lograba que el interlocutor descubriera sus propias verdades.

Esa era la idea que quería resaltar, lo que los padres nos trasmiten. Nuestros padres, al igual que  nosotros como progenitores, somos una poderosa y enorme influencia en los hijos, bien por lo que enseñamos, bien por el ejemplo que damos.

Son una gran influencia, no sólo por sus genes y el peso que tienen incluso en el carácter. Nos imprimen una educación que nos va a servir para mejor o peor para toda nuestra vida. Nos tramiten cómo comportarnos, nos imprimen algo de carácter o nos lo intentan rebajar, nos  liman nuestros defectos, potenciar nuestras virtudes, nos trasmiten muchos gustos y pasiones y alguna que otra neurosis también y sobre todo una peculiar visión de la vida. 

A mis padres, que hace más de diez años que ya no están conmigo, les debo mucho además de la vida. Mi madre siempre me trasmitió, por activa y por pasiva, que había que hacer las cosas bien. Era muy perfeccionista. Entre otras facetas era una fabulosa cocinera, y ese gusto por la cocina me lo trasmitió a mí y a mis hermanas. En mi casa era tan frecuente comer pizza, que comida francesa, libanesa o china. Eso sí todo casero y con el toque magistral de mi madre. Los niños éramos muy especiales con la comida, a cada uno le gustaba algo diferente y a mi casi nada. Mi madre en lugar de cocinar rancho para todos siempre nos hacía un variado de comidas para todos los gustos  y siempre diferente. Se repetía poco excepto si sabía que algo te gustaba mucho. Recuerdo aún su bacalao con tomate y pimientos.

De mi padre no puedo decir que fuera perfeccionista, pero sí que era una persona que nunca se quiso complicar la vida. Tenía una inteligencia práctica para desdeñar lo que no le aportaba bienestar. Lo suyo no eran las responsabilidades, sino exprimir cada segundo de la vida disfrutándola de forma intensa. Trabajar lo justo para luego irse a cazar o a pescar o a cualquier otra actividad al aire libre que lo hiciera disfrutar. Nunca me trasmitió verbalmente ese saber vivir, tan sólo lo mamé y mis genes hicieron el resto.

Por lo tanto mi mejor aprendizaje que hice de vosotros y que me va a acompañar el resto de mis días y espero trasmitir a mis hijos, es que  la vida ante todo es para disfrutarla, para ser felices  pero eso sí, con responsabilidad ante nosotros mismos -lo que somos y lo que hacemos- y la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sea Marbella o una aldea pérdida en mitad de la amazonia.

Mi vida sin vosotros lo es sólo físicamente porque cada día estáis presentes en mis pensamientos y en mi actitud ante la vida, de la cual os debo mucho.



Javier Lima Molina