25 de noviembre de 2017

Traicióname


            Una de las ventajas de vivir en una gran ciudad es que puedes callejear y no  salir nunca de ella. Hace unos meses llegué demasiado lejos dentro de Málaga, mi bicicleta  encadenada muchos pasos atrás, en un café de fanáticos ciclistas. En un muro de la última calle un graffiti, cuatro lineas contundentes y despechadas: Lorena: no sé quién eres, ni te reconozco, ya no te encuentro, ni te quiero.

            Ahí se terminó la caminata. ¿Quién escribiría eso sobre un muro tan alejado?, y ¿quién iba a leerlo?, parecía escrito justo antes de que se acabara el mundo. Un mensaje escueto, sin una falta de ortografía, con un deje de amargura, tan poco poético como una navaja recién afilada. Probablemente su autor tiró con rabia el spray de pintura negra en el primer contenedor, se encerró en su cuarto durante una temporada, y ahí se descubrió a si mismo, ahí supo por fin quien era. Ahora desconocía a Lorena.

            Volví al café y liberé mi bicicleta negra. No es fácil encontrar el momento idóneo para sentarse con uno mismo y pensarse. Yo lo suelo hacer pedaleando.

            El carril bici de poniente zigzaguea entre jardines y el mar fiel a su lado, siempre ahí, tan azul, tan obvio. ¿Hacia dónde vamos si no sabemos quiénes somos?, qué sentido tiene lo que hacemos si no encaja con nuestra persona (para presumir de coherencia, nada menos), cómo planeamos un viaje para que te llene de verdad, qué libro leer y hacerlo tuyo, qué música escuchar y que te haga temblar. ¿Cómo vamos a hablar con sinceridad si no nos conocemos, cómo defenderemos principios, ni siquiera meras ideas? Y más importante aún: ¿cómo vas a vivir contigo mismo cada día si no estás seguro de ser Tú quien vives?.

            Cuando te sientas a solas y cierras los ojos, ¿quién eres?

            Los huecos de silencio entre palabras, y la frase no pronunciada, lo que queda al decir nuestro propio nombre, el temblor que provoca cuando alguien lo pronuncia en la calle.

            Somos, más que nada, todo lo que no hemos visto, todo lo que no hemos viajado, todo los que nos queda por escuchar. Estamos en todo los que nos queda por conocer, tanto lo ignorado por desidia como lo no querido por miedo.

            Podemos ser todas las personas, vivas y muertas, que dejaremos de conocer, y que ya nunca nos servirán de espejo, para sabernos vivos, para comprendernos. Las conversaciones que no tenemos, también las apenas iniciadas y las que quedan a medio camino. Nuestra esencia está en el espacio que se esconde entre pensamientos lentos, en esas raras mañanas sin nada que hacer, somos la respiración que no sentimos, los gestos no estudiados, los pasos por dar. Y las medias vueltas inesperadas, por un si acaso.

            El carril bici se hace interminable hacia el este, donde la costa parece evaporarse y el mar se ensancha. Por allí vivo. Una mirada perdida nos define tanto como una mano apartada con desgana, o un beso sin querer, un lamento a destiempo o un suspiro ajeno.

            Nos da forma el tiempo, el que recordamos y aún más el olvidado, el tiempo invisible que nos rodea ahora, el que nos acucia al amanecer y el que se nos muere en brazos al caer la noche. El tiempo que despreciamos por inútil y el que vendrá galopando, somos todos los instantes; tanto los odiados como los detenidos por el deseo.

            Pero sobre todo seremos las mentiras. Todas las mentiras que nos quedan por oír, incluso las medias verdades que descubriremos a hurtadillas. Las verdades nunca nos definirán porque ya están mas que juradas y escritas. Y, agazapadas detrás de las mentiras, están las grandes formadoras de la persona: las traiciones. Mas que las intuidas, serán las inimaginables, las más podridas traiciones. Las que nos dejan paralizados, con la boca abierta y sin reconocer este mundo. Las que te tumban como un golpe de viento, las que te aplanan la personalidad y te la recortan como si fuera un muñeco de papel. La maldita Lorena lo dejó sin aliento. Ya sé quién irá a leer el muro cada día.

            Encierro la bici en la oscuridad del trastero. Ese aire que nos falta ahí dentro, ese vacío que queda, es lo que somos. Traicióname.

  

© José María Sánchez Alfonso, noviembre de 2017

22 de noviembre de 2017

TRAS EL ESCAPARATE

(Artículo publicado en Diario SUR el 20 de noviembre de 2017)
Tal vez si Isabel Coixet hubiera conocido la historia de esta librería en pleno casco antiguo de Marbella se hubiera replanteado su última película y seguro que le habría sacado toda la esencia al igual que ha hecho con “The Old House Bookshop” en el film. Sería otra luz, otro ambiente y otras connotaciones históricas. Tal vez sería una película más costumbrista donde se vería pasar la historia contemporánea de un pueblo que dejó de serlo de la noche a la mañana bajo el influjo estelar de personajes variopintos que encontraron en él su paraíso. Tradición y modernidad hubieron de acoplarse para dar cabida a los cambios que iban llegando a un ritmo vertiginoso empujado por el inicio del turismo y el desarrollo urbanístico del litoral. Sería el empeño y arrojo de Andrés Mata, “Matita”, lo que mantuviese durante décadas la que fue su gran ilusión, la Librería y Papelería Mata.
Al pequeño local que arrendó allá por 1937, también le llegó el momento de adaptarse a los nuevos tiempos y amplió los pequeños ventanales de la planta baja a dos grandes escaparates que permitían que los libros atrapasen al transeúnte que deambulaba por Enrique del Castillo camino de adentrarse en las estrechas callejuelas del centro.
  Son momentos de recuerdos y los míos se asocian a esa librería donde pasábamos mi hermano y yo muchas tardes sentados en el escalón de la entrada leyendo cómics. Entonces me parecía enorme, con sus estantes llenos de libros y un gran mostrador en frente de la entrada. Tras él, recuerdo el cariño con el que nos trataba Isabel Galán, siempre atenta a nosotros y engatusándonos con algún juego en los momentos sin clientela. Ramón Alarcón era otro personaje inherente a la Librería para nosotros, intuíamos que era importante para mi tío, ya que siempre estaba haciendo números con su calculadora tras la mesa ubicada en la habitación del fondo. Le teníamos un curioso respeto ya que su bigote imponía y le gustaba provocarnos con pequeños engaños, pero nos encantaba verle trastear entre los papales contables. Cuántos rincones para tan pequeño local y cada uno lleno de recuerdos. Un entrañable engranaje de personas que hacían posible un negocio tradicional de los de entonces: sin prisas, tertulia, consejo literario y disponibilidad de cualquier volumen. Éstos han sido las principales valores que lo han hecho un lugar emblemático para los marbelleros, y por desgracia, dudo que sea posible reemplazarlo por cualquiera de las ofertas actuales.
Cuando cierre definitivamente a finales de noviembre a muchos de los que hemos pasado tanto tiempo en ella nos costará mirar sus escaparates vacíos, aunque seguiremos viendo los libros reflejados en el cristal, los periódicos ondulando en la puerta de entrada, a mis tíos Andrés y Leonor esperando que entre algún nostálgico de la lectura en papel, a mi hermano leyendo su cómic en el escalón o incluso a mi abuela Rafaela cosiendo en el ático del edificio. 
Estos días me pasa por la mente un torrente de recuerdos de lo que La Librería ha supuesto en mi vida, un chico de los 70 donde nuestra formación literaria se fraguaba a base de los tebeos de Escobar e Ibáñez, o los libros de Los Cinco, donde se aprendía a dibujar con las láminas de Emilio Freixas, y la geografía con los mapas de plástico que representaban el perfil de la península con sus ríos y cordilleras. 
A diferencia de la historia de Coixet, Marbella sí aceptó este negocio y lo hizo tan suyo que ahora todos estamos un poco de luto. Asumamos la nostalgia que nos provoca, ya que es sinónimo de que ha dejado poso en nuestras vidas. Los libros nos han hablado durante ochenta años. No dejemos de escucharlos.

Arturo Reque
Arquitecto y columnista Diario SUR


15 de noviembre de 2017

LA VIDA PARECE NO SEGUIR

Utilizo este verso de J. Gil de Biedma como título para que suavice el tema de hoy, manoseado y llevado a límites extremos en estos últimos días. Escribir sobre el proces no es que no sea legítimo, pero sí resulta agotador y un tanto arbitrario al hacerlo desde una relativa lejanía.
Me interesa destacar  hoy una sola cosa en él.: su exclusividad. Como si el tiempo se hubiese detenido el día y hora en que una parte de Cataluña decidió aflorar y sacar a la luz su eterno problema, su manipulado origen histórico y las condiciones (según los interesados) actuales de maltrato, saqueo e indiferencia nacional, que les lleva a un nuevo intento de conseguir la tan aclamada Independencia.
Es posible que sus aspiraciones sean nobles, lo es también que crean sentirse legitimados al hacerlo, pero de una forma u otra, el asunto va prolongándose en el tiempo como aquel “cuento de nunca acabar” del que tan hábilmente escribiese Carmen Martín Gaite.
Mientras, el resto, no ya del país, sino de todo el bloque terráqueo continúa existiendo aunque casi no tengamos idea ni información de las muchas cosas que en ellos suceden.
Y porque me resulta injusto un hecho de esa naturaleza es por lo que escribo estas líneas
Para recordar que fuera del territorio catalán hay seres que sufren injusticias y problemas de una categoría superior, bajo mi humilde punto de vista, al que nos tiene obnubilados a los ciudadanos españoles, que sin comerlo ni beberlo nos hemos visto inmersos en esta vorágine de cosas puntuales, cada día una diferente, por cierto, detalles personales, estrategias de defensa, viajes al exterior y anécdotas de los protagonistas.
Al mismo tiempo que en España solo se comenta y se informa sobre los paseos del señor expresidente de una “simbólica” república, o de las fianzas de los que están a la sombra, en el mundo de afuera, por ejemplo, la inmigración no cesa pese al tiempo transcurrido desde aquella sacudida que sufrimos  con el niño Aylán y su cuerpo varado en nuestras costas.
Siguen muriendo con progresión geométrica refugiados en campos insalubles de los cuales ningún país se quiere hacer cargo. Continúan  llegando pateras a las playas del sur e intentando cruzar alambradas en Melilla. Siguen la pandemia de desnutrición y demás enfermedades en los mismos lugares de Africa: Etiopía, Sudán entre otros.  En España el juicio sobre el caso Gurtel se desarrolla sin que nos demos cuenta de cómo va ocurriendo. El comisario Villarejo es enjuiciado por cohecho y blanqueo de capitales…
El acoso escolar no se detiene y la violencia de género aumenta su brutal escalada.
Todo ello nos aparece solo como telón de fondo en los informativos nacionales, cuyo contenido masivo sigue siendo reiterativamente un proces que nos sabemos de memoria como si sus participantes fueran, para nuestra desgracia, ya de la familia.
Cataluña absorbe las noticias de televisión, radio y prensa, además de colapsar en ocasiones los medios digitales. Estamos tan saturados de ello que sin querer, llegamos a pensar que no existe nada más fuera de lo relativo a este problema y nos desinteresamos de la casuística de las demás regiones, cada una de ellas con temas necesitados de atención, aunque no sea más que para que no se produzca lo que , en realidad ya se está produciendo, un terrible efecto comparativo. Como si existiesen ciudadanos de primera, segunda y tercera clase, y regiones más importantes para el país que el resto de las demás.

Lo peor es que el asunto no tiene visos de resolverse, y sí de prolongarse en el tiempo sabe Dios cuanto y hasta donde.
Sería conveniente y hasta de agradecer a los diferentes medios que tuviesen conciencia de este hecho, y sin dejar de informar, no lo tomen como materia exclusiva. Un poco de seriedad profesional y no de oportunismo, que es la impresión que tenemos ahora.
   Aprovechar lo de Cataluña como si de un serial se tratase dice muy poco de aquellos que lo ejercitan.

                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

8 de noviembre de 2017

EL VALOR DEL CASCO ANTIGUO

(Artículo publicado en Diario SUR Marbella el 6 de noviembre de 2017)
Pasear por el centro de Marbella en estos días de otoño es un lujo que no debemos dejar pasar. Las tonalidades que ofrece el casco antiguo, sus olores, sonidos y el ambiente algo más sosegado tras el periodo estival, le dotan de una belleza enigmática que bien vale su visita. Los turistas lo saben bien y transitan por sus callejuelas buscando la foto, el souvenir o el restaurante donde tomarse algo. Los locales, como es lógico, nos lo tomamos de otra manera, algunas veces para sentirnos también turistas en nuestra ciudad –muy recomendable, todo sea dicho–, otras por simple necesidad de realizar gestiones –en el Ayuntamiento fundamentalmente–, para realizar compras en lo que se ha dado a llamar Centro Comercial Abierto, para tomarnos algo con los amigos de toda la vida o con visitantes a los que enseñar nuestra joya. Aunque aún hay quienes asocian el casco antiguo con un montaje para el turista y, por lo tanto, con precios elevados, los residentes lo ven de otra manera y se quejan de la “mesificación”, al considerar que se pierde espacio público en favor del empresario hostelero.
 La verdad es que este histórico enclave debería ser uno de nuestros principales valores y carta de presentación hacia el exterior. No podemos decir que esté dejado, se ha mejorado mucho mirando décadas atrás, pero precisa control y planificación para evitar errores cometidos en otros lugares turísticos, así como reforzar la ocupación residencial para garantizar su plenitud social, comercial y funcional.
Leer que el equipo de gobierno apuesta por consolidar la oferta cultural y patrimonial del centro con la reforma y ampliación del Museo del Grabado y la rehabilitación del Convento de la Trinidad como futuro Museo de la Ciudad es una gran noticia que esperamos pase de los titulares a la realidad. Esta es una buena manera de revalorizarlo. No estaría de más complementarlo de una manera más ambiciosa aún mediante una ordenanza clara y sensible a la conservación y reforma de las casas, ayudando a sus moradores en las obligaciones de mantenimiento y ornato, evitando que abandonen el centro ante la eterna espera de permisos y al elevado coste de las obras necesarias por los múltiples impedimentos urbanísticos. El casco antiguo debería ser un referente para romper la temible estacionalidad. Incentivar a los empresarios para que mantengan abierto sus negocios los máximos meses posibles, apoyados por una promoción institucional del tipo “Invierno en Marbella” donde la ciudad se muestre viva y activa todo el año. Ampliar la consolidada oferta de golf con otras múltiples opciones, incluyendo playa, medioambiente, cultura, deportes… ¿Se está mostrando algo de esto en la reunión que la afiliación de agencias de lujo, Virtuoso, está celebrando estos días en nuestra ciudad, o buscan un entorno de exclusividad y glamour?  
Para complementar estas reflexiones, acabo de acceder a la web municipal Turismo Marbella y, ante mi sorpresa, me he llevado una grata impresión. Confieso que dudaba sobre lo que me iba a encontrar, pero he de reconocer que es bastante completa. Sin ser esto una auditoría, echo en falta mapas sobre movilidad: situación de la estación de autobús y paradas, zonas ciclables, ubicación de los aparcabicis, recargas de coches eléctricos, aparcamientos, etc. No bajemos la guardia y sigamos mejorando.
En esta Marbella cabemos todos, nos necesitamos todos, siempre que la balanza se mantenga en equilibrio. La oferta debe ser plural y para todos los gustos, pero siempre desde el respeto hacia la ciudad de acogida.

 Arturo Reque
Arquitecto
Columnista Diario SUR Marbella


29 de octubre de 2017

ADOCTRINAMIENTO EN CATALUÑA


Al terminar la guerra civil española el caudillaje impuesto por el vencedor decidió utilizar e imponer la táctica más utilizada desde el comienzo de la Historia para conseguir unos fines concretos que sirviesen a su causa.
Se llamaba adoctrinamiento, y la real Academia lo define así: Conjunto de medidas y prácticas educativas encaminadas a inculcar determinadas formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.
Durante cuarenta años los niños que hemos sido llamados de post-guerra, fuimos instruidos y manipulados por profesionales pedagógicos a los que a su vez se les inculcó las teorías del Nacional-Catolicismo como única y principal arma educativa. Mediante ellas, se nos presentó un mundo de graves pecados contra el sexo que solo un severo régimen de pureza y rezos, además de exaltación de la victoria conseguida mediante símbolos y actos semi-castrenses, podría redimir. El resultado de este adoctrinamiento social fue una generación reprimida y, en ocasiones llena de prejuicios contra el placer o adormecida por el beaterio circundante.
  Al cabo de tanto tiempo cuando creíamos desterrada del planeta la palabra en cuestión en pro de una libertad lo más ancha posible, nos encontramos en el momento actual con los resultados de un adoctrinamiento paralelo, semi- escondido tal vez, pero patente y eficaz como lo que nunca ha dejado de ser: un arma castradora.
El Nacionalismo, más bien el proceso separatista catalán necesitaba igualmente de este factor indispensable para sus objetivos .El monopolio del populismo pedagógico, uno de cuyos pilares es la sentimentalización  de la enseñanza, produjo un vaciado académico en aras de los egos, los afectos y las emociones, sirviéndose de la lengua propia como repudio de la lengua común, manipulando la Historia y sirviendo a los intereses de una burguesía que mientras imponía la condena de estudiar en catalán, enviaba a sus hijos a los liceos franceses o a los colegios alemanes. Porque, claro, el terruño otorga sentido, pertenencia, pero hay que inculcarlo con letras de sangre a los más ignorantes del mismo.
Los que más han ayudado a la absorción del independentismo han sido, como en otros lugares, los colegios religiosos, y concretamente la Fundación de Escuelas Cristianas de Cataluña, un “lobby” que engloba el 60% de los colegios privados, con 264.000 alumnos y 434 centros; en sus diversas ramas de preescolar, infantil, primaria, Bachillerato y formación profesional. Está dirigida por jesuitas.
Dice el periodista Oriol Trillas que la fundación citada ha realizado una verdadera labor de ingeniería cultural pasando de cristianizar alumnos a convertirlos en militantes del secesionismo Mediante un pacto con el poder en los primeros años del pujolismo: “yo os cubro económicamente y respeto vuestras inmensas propiedades a cambio de que contribuyáis a la construcción del país”. Desde la más tierna edad, inculcando la división entre catalanes buenos y españoles malos.
Mientras, los obispos han mirado hacia otro lado, y cuando la polémica ha arreciado, ha tenido que salir el arzobispo de Tarragona a sacar una simple nota pidiendo que no se utilizaran los lugares sagrados para cuestiones políticas. Claro que, eso, después de que en la parroquia de Vilarodona se contaran votos mientras el cura cantaba himnos religiosos  revestido con alba y estola.



Adoctrinar es un vicio del poder para conseguir desde muy temprano la perpetuidad de sus fines.  

Quienes lo hemos sufrido en la más completa inocencia de que la realidad fuese distinta a como los adoctrinadores nos la mostraban, en incluso hemos regalado años de juventud en aras de sus incongruencias,  no podemos menos que abominar hoy de aquel lavado de cerebro que, a nosotros,  nos prometía como compensación “un destino en lo universal”.           
                                                         
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

12 de octubre de 2017

UNOS Y OTROS

Nos han intentado convencer de que la política en general es un servicio al ciudadano, y el político, por tanto, alguien que, de alguna manera debe ayudar a que la vida en común sea más fácil, y los problemas menos complicados y resueltos con cierta facilidad. En ese sentido la vida de una ciudad, por ejemplo, la nuestra, habría de ser una balsa de aceite o un paraíso jaujiano  cuales quieran que fuesen los políticos de turno.
En Marbella, desde los ignominiosos tiempos del alcalde vendedor de pisos y etc… han habido y hay dos formaciones políticas predominantes, juntos a algunas más que se han agregado en los últimos tiempos: P.S.O.E y Partido Popular, en compañía O.S.P,  Izquierda Unida y Unidos Podemos en las últimas elecciones.
El partido Socialista ganó estas últimas elecciones y formó un extraño cuatripartito con las arriba pequeñas citadas. Después de dos años de gobierno el P. P. y Opción Sampedreña optaron por una moción de censura al P.S.O.E. y acabaron haciéndose con el gobierno de la ciudad. Hasta aquí todo dentro de la legalidad conocida.
Desde la desaparición de Gil y la vuelta a la más estricta forma de gobierno, los dos partidos mayoritarios andan mirándose de reojo entre si a ver como puede el uno al otro pisarse, hacerse “pupa”, y en definitiva comerse un terreno que ambos, desde fuera y desde dentro creen poseer en exclusiva.   Me explico.  No hay un día ni los hubo en el pasado en el que el partido gobernante y el de la oposición no se tiren los trastos a la cabeza en los medios de comunicación, charlas, conferencias y demás actos sociales.


El que manda porque achaca todos los males que encuentra a sus anteriores colegas. Y el que oposita porque observa lo que va realizando el mandatario como negativo y lleno de errores. “Nosotros hicimos más y mejores cosas”, dice uno. “Solo con nosotros está consiguiendo el Consistorio realizar lo importante”, dicen los otros.
Observen, por favor, alguno de los medios que ofrezcan noticias del Ayuntamiento. Ejemplo último: El portavoz municipal del P. P. afirma que la delincuencia con el Partido Socialista había subido en Marbella y San Pedro. Un concejal socialista le exige que se retracte porque, según él, habían bajado. Uno y otro se acusan entre sí de tomar la mentira por bandera. El anterior alcalde socialista afirma igualmente que el Partido Popular se está negando a ejecutar proyectos que estaban ya presupuestados porque llevan el sello del P.S.O.E.
Podía seguir poniendo ejemplos ad nauseam. Pero creo que se los imaginan.
Recuerdo de golpe una de las viñetas del genial Quino con Mafalda, y parafraseándola, escribiría que si esta es la línea general de la democracia de partidos…pues paren el Ayuntamiento, que yo, como Mafalda de su mundo, me bajo.
No hay cosa más aburrida y desalentadora que ver de continuo a los partidos que han de turnarse en la gobernación de un lugar, sea este, nación o ciudad, perdiendo un tiempo precioso que deberían utilizar en solucionar los innumerables problemas que tenemos,  intercambiando ultrajes, críticas, comparaciones absurdas, desafecciones personales y rencores ante los ojos y oídos de ciudadanos que nada pueden hacer más que mirar para otro lado y resignarse.
Y es que, esa es otra cuestión que deberían sopesar: Si piensan que con la retahila común del “Tu peor que yo” o Yo mejor que tu”, consiguen algo por parte de los ciudadanos votantes, están muy, pero que muy equivocados. No hay nada que fastidie más que el engaño, y el hombre y mujer de la calle, es menos tonto de lo que a veces quisieran que fuésemos.
Señores políticos de uno y otro lado: Limítense a cumplir con su obligación de hacer la vida del municipio más agradable. Encaren los problemas de frente. Y dejen que seamos los de afuera quienes juzguemos su actuación al final. Por favor no pierdan el tiempo.

                                                                                               
Ana  María Mata   
(Historiadora y Novelista)

10 de octubre de 2017

LAS MIL CIUDADES

(Artículo publicado el 9 de octubre de 2017 en la columna "La ciudad  invisible" que el autor tiene en Diario Sur Marbella)

Quien les escribe periódicamente desde esta columna es arquitecto y, por si no lo he aclarado antes, el título es un homenaje al gran Italo Calvino y su libro “Las ciudades invisibles”, donde el viajero Marco Polo expone al rey de los tártaros Kublai Kan descripciones de ciudades fantásticas a modo de pequeños relatos. Desde mi humilde colaboración como opinador de lo que acontece en nuestro municipio, me siento como ese Marco Polo que les ofrece pequeños cuentos sobre las diferentes ciudades que me encuentro. Todas son la misma urbe, pero se nos muestra con mil caras según se mire o según el momento.
Una ciudad de grandes desequilibrios sociales, calificativo malsonante, pero que implica que hay espacio para todos. Grandes fortunas que poco se dejan ver, sin deseos de protagonismos pero valedores de una ciudad de ensueño,  multimillonarios de dudosa reputación que gustan de la exuberancia y un lujo al que adoran; una clase media trabajadora que hace de argamasa de este modelo de ciudad siendo el principal eje conector entre los extremos sociales, bien como empresas de servicios profesionales, bien como empleadores de mano de obra; clases sociales con déficit de recursos económicos que subsisten en equilibrio inestable según la rueda de la fortuna, pero sin perder nunca la dignidad. Entre medias, múltiples capas que configuran una sociedad plural que dan vida a una ciudad de contrastes donde todos tenemos cabida.
 Una ciudad de la alegría, de eterna juventud, donde se reciclan los tiempos para volver a ofrecernos exitosos momentos del pasado. Como ejemplo la Marbepop, un evento que impulsa a las nuevas bandas musicales locales junto a otras consolidadas bajo una magnífica organización que logra reunir cada año a la gran familia marbellí, en esta ocasión en un ambiente idílico como es el Parque de la Represa, con la Concha de telón de fondo. El Parque de la Constitución también asume su papel dinamizador recuperándose del ostracismo, demostrando como, además de jardín botánico, sirve de entorno magistral para eventos sociales como han sido este año el Irish Music Festival o el Oktoberfest.
Ciudad de acogida, donde quienes la visitan se sienten tan cómodos que acaban quedándose. Foráneos llegados de todas partes, que se agrupan por zonas según se asentaron sus primeros compatriotas, unos del norte de Europa otros del norte de África, de Hispanoamérica o de Asia. Unos en Marbesa otros en Puya, Sierra Blanca o Guadalmina. Todos forman parte de la Marbella de acogida, en equilibrio existencial pero escasa convivencia social.
Ciudad del turismo, la más conocida y la que nos da reconocimiento mundial. Centrada fundamentalmente entre los meses de junio y septiembre, espera poder ampliar su oferta hasta cubrir todo el año potenciando otros atractivos a parte del sol, playa y golf, como puede ser su entorno natural, su patrimonio o su gastronomía. Grandes oportunidades que están a la vista pero carecen de empuje institucional. Todo llegará.
Ciudad residencial, siendo este un aspecto turbulento al cruzarse los intereses realmente habitacionales con los inmobiliarios y su adjetivo especulativo. Lugar inmejorable para vivir, con un clima envidiable y el sol como compañero habitual en un entorno natural enmarcado por Sierra Blanca que corre el peligro de ser demasiado domesticado.

Vivimos en mil ciudades concentradas en una, que nos enamora, nos provoca o nos hipnotiza, siendo esto último lo más habitual y, tal vez por ello, la causa de que los ciudadanos de estas ciudades invisibles vivamos en esa eterna pasividad más propia de habitantes del paraíso terrenal.


 Arturo Reque Mata
Arquitecto